La democracia se aprende

Por Francesc de Carreras, catedrático de Derecho Constitucional de la UAB (LA VANGUARDIA, 19/06/08):

Hay que enseñar qué es democracia? ¿Debemos aprender qué significa la democracia? Acaba de aparecer un libro que no sólo responde afirmativamente a ambas preguntas sino que, además, hace propuestas, abiertas y razonadas, sobre el concepto actual de democracia.

En efecto, el libro El saber del ciudadano. Las nociones capitales de la democracia, dirigido por Aurelio Arteta, con la colaboración de Félix Ovejero, Javier Peña, Luis Rodríguez Abascal, Alfonso Ruiz Miguel y Ramón Vargas-Machuca, todos ellos prestigiosos especialistas en pensamiento político, ofrece una síntesis sobre esta cuestión accesible para un público amplio, acostumbrado a leer ensayo. Advirtamos, además, que uno de sus principales méritos está en que, pese a ser un libro escrito por varios autores, no se trata de una mera recopilación de trabajos dispersos, sino de un texto planificado de antemano, bien sistematizado y, quizás gracias a la severa batuta del profesor Arteta, perfectamente vertebrado. Ello se ha visto facilitado porque sus autores, todos ellos profesores universitarios, han reflexionado desde hace años en común sobre esta materia en múltiples encuentros, seminarios y jornadas de trabajo. Por tanto, esta síntesis sobre la idea de democracia está basada en monografías previas de los propios autores y en un diálogo constante entre ellos.

Vayamos al punto de partida: ¿la democracia se aprende y, por tanto, hay que enseñarla? En España la cuestión está a la orden del día debido a la controversia que ha levantado la asignatura educación para la ciudadanía. El juicio de los autores del libro – en un capítulo inicial redactado por Arteta- es tajante: si la enseñanza de la democracia consiste en trasmitir a los estudiantes cómo debe organizarse el ámbito de lo público, la responsabilidad le corresponde a los poderes públicos. Por idénticos motivos, la educación en las creencias de los padres respecto a las cuestiones privadas corresponde a estos.

Ahora bien, las concepciones de los niños y jóvenes, tanto respecto a la esfera privada como a la pública, no son, por supuesto, simples prolongaciones ni de lo que les han enseñado sus padres ni de lo que aprenden por mandato de los poderes públicos, sino que libremente, a lo largo de los años, deben llegar a conformar estas concepciones en ambas esferas para dotarse de personalidad propia. Por tanto, si lo que se enseña en educación primaria y secundaria sólo son las reglas básicas de nuestra organización política y no las creencias de los profesores que las imparten, nada puede objetarse a la asignatura educación para la ciudadanía, sino todo lo contrario: dado que, como sostienen los autores, no hay democracia sin demócratas, sólo el conocimiento de tales reglas puede dar consistencia a una democracia, es decir, a una forma de vivir en común basada, como dice Rawls, en los principios de civilidad, tolerancia, razonabilidad y sentido de la equidad.

El meollo del libro está dirigido, sin embargo, a explicar el enunciado que figura en su subtítulo: las nociones capitales de la democracia. Para algunos, incluso para ciertos clásicos de la teoría política del siglo XX (Schumpeter, Downs o Dahl), existe democracia en un país cuando hay elecciones competitivas garantizadas por los derechos políticos fundamentales. Simplificando, allí donde hay libertad de voto existe democracia. Para estos teóricos, la democracia es sólo un modo de decidir por mayoría las cuestiones que afectan a una colectividad. Nuestros autores, en cambio, sostienen un concepto mucho más exigente: las decisiones democráticas – acordadas, desde luego, por mayoría- sólo son la culminación de un proceso y para que estas decisiones sean consideradas democráticas, tan importantes son los condicionantes del proceso como el voto mayoritario que al final resulte.

Así pues, la idea de democracia es bastante más compleja que la simple idea de “gobierno de la mayoría” y consiste, según nuestros autores, en aquel “singular régimen político donde los individuos alcanzan la condición de ciudadanos mediante el reconocimiento de su libertad e igualdad políticas”. Por tanto, los elementos que constituyen el armazón de una democracia son muy variados. En primer lugar, en el mismo proceso de toma de decisiones hay que distinguir entre las ideas de representación, deliberación y decisión. Cada una de estas fases es estudiada con detalle. En segundo lugar, se analizan las diversas formas y tendencias que adopta hoy la democracia: constitucional, liberal, republicana. En tercer lugar, se tratan los desafíos (por ejemplo, el nacionalismo) y riesgos (por ejemplo, la tolerancia ilimitada) de las democracias actuales. Finalmente, dado que el mismo concepto de democracia alude a un ideal todavía inalcanzado, se estudian los problemas pendientes, especialmente los derivados de la escasa implantación del valor igualdad.

En suma, un libro fundamentado y claro para cualquier ciudadano que quiera conocer las bases de su condición de ciudadano. Asu vez, un texto extremadamente útil para quienes deban explicar la asignatura educación para la ciudadanía.