La ‘derrota pírrica’ del comandante Chávez

Por Carlos Malamud (EL CORREO DIGITAL, 04/12/07):

El presidente Hugo Chávez, muy dado a las imágenes y las parábolas, ha reconocido, por ahora, su derrota en el referéndum constitucional, y ha definido como ‘pírrica’ la victoria de la oposición. También les advertía, entre admonitorio y paternal, que no se echaran al monte y no dilapidaran su triunfo dominical. ¿Ya le habría gustado a Chávez ganar así la consulta, con ese punto y medio de ventaja! Más miga tiene su ‘por ahora’, heredado de su celebérrima intervención televisiva una vez fracasado su intento de golpe de Estado en 1992, cuando se rindió ‘por ahora’. De ahí su insistencia en que volverá a convertir esta derrota en victoria moral y luego en una victoria con todas las letras. Carlos Marx, duro y severo crítico del pequeño burgués Simón Bolívar, dijo que la historia se repite, primero como tragedia y luego como comedia.

Una vez más, la mayor parte de las encuestas electorales venezolanas ha acertado, aunque los datos hechos públicos hace una semana hablaban de una victoria mayor del ‘no’. La plena dedicación presidencial a la campaña en los últimos días movilizó a una parte importante de sus bases, limitando los daños aunque sin evitar la derrota, ya que Chávez ha perdido cerca de tres millones de votos respecto a la elección presidencial del año pasado. Si bien los motivos para explicar este fracaso son varios, muchos convergen en la imposibilidad de transmitir a sus bases la necesidad de unas reformas que sólo servían para aumentar el poder personal de Chávez o para avanzar en la construcción del socialismo del Siglo XXI. Pero en Venezuela, a diferencia de Cuba, no hubo ninguna revolución. La revolución bolivariana tiene mucho de retórica y poco de revolución. Las masas venezolanas, los seguidores de Chávez, están encantadas de que les dé voz y de que mejore sus lamentables condiciones de existencia. Sin embargo, esas masas no quieren conflictos gratuitos y no están dispuestas a seguir al caudillo bolivariano en todas sus propuestas. Hugo Chávez puede ser Simón Bolívar, pero por más que quiera nunca podrá ser Fidel Castro, cuya legitimidad provenía de la revolución y no de las urnas.

La mayor parte de las reformas, que buscaban plenos poderes para el comandante Chávez, podrían haberse desarrollado mediante decretos. Para eso está la ‘ley habilitante’ que permite al presidente dictar leyes sin ningún tipo de limitación, o leyes aprobadas por un parlamento monocolor. Lo determinante era la reelección indefinida y la ampliación del período presidencial de seis a siete años. Por eso es relevante la pregunta de por qué Chávez se lanzó a una aventura de final incierto. No es la primera vez en la historia reciente de América Latina que presidentes todopoderosos deciden pegarse un tiro en el pie convocando referenda que van a perder. Fue el caso del dictador chileno Augusto Pinochet, que dilapidó en su momento la posibilidad de ser reelegido. ¿El hecho de haber reconocido su derrota convirtió a Pinochet en un demócrata?

A la vista de este resultado, uno puede preguntarse si es Venezuela hoy más democrática que ayer. La respuesta es no, al ser tan democrática como ayer, aunque el problema es la escasa calidad de esa democracia en función del uso que de ella hace la presidencia bolivariana. De haber ganado el ‘sí’ se habría marchado al autoritarismo. Ahora habrá que ver cómo y qué piezas moverá el presidente, en una Venezuela polarizada entre los pros y los antis, una división potenciada desde el poder. Mientras los pros se identifican con los valores de la patria y se miran en el espejo que devuelve la imagen prístina de Bolívar reencarnado en un presidente tocado con boina carmesí de paracaidista, los antis son el rostro vivo de la traición y la antipatria. Como Chávez encarna a la patria, todo aquel que no esté con Chávez es un traidor, antipatriota y fiel aliado del imperialismo norteamericano. Pese a haber planteado el referéndum como un plebiscito en torno a su persona y de haber marcado la diferencia entre los pros y los antis, Chávez no renunciará y seguirá gobernando, como pueda o como le deje la oposición, hasta 2012.

Las encuestas habían advertido de la posibilidad de la derrota, lo que, unido al creciente aislamiento de Chávez en América Latina, crispó al líder bolivariano y explica su nerviosismo y sus exabruptos de las últimas semanas, especialmente los dedicados a españoles y colombianos. Chávez, un político excepcional, ha pecado en esta oportunidad de exceso de confianza. Reafirmado por su reelección en diciembre de 2006 y por el control absoluto del Parlamento, después del harakiri opositor tras su abstención en las elecciones legislativas, quiso dar una nueva vuelta de tuerca al proceso bolivariano. Por si todo esto fuera poco, la irrupción de los estudiantes en las calles del país provocó que, según Teodoro Petkoff, Chávez fuera derrotado en una batalla simbólica, por primera vez desde que inició su carrera política. Hasta ahora había sido un maestro utilizando los mensajes y los símbolos, pero con los estudiantes, a los que acusó de ser hijos de papá y agentes de la CIA, perdió los papeles.

Tras su derrota en las urnas, aunque muy ajustada, es posible que nada vuelva a ser como antes. Una opción pasa por que la oposición encuentre su camino y sepa atraer a parte de las masas chavistas. La emergencia de nuevos lideratos, la consolidación de algunos partidos jóvenes, como Nuevo Tiempo o Primero Justicia, las deserciones en las filas del chavismo, como las de Podemos o el ex ministro de Defensa, el general Baduel, marcan el inicio de un proceso interesante. El resultado del referéndum ha consagrado el triunfo de la moderación en las filas opositoras y éste es un buen augurio. Pero para llegar a buen puerto hay que tener claridad de objetivos, ya que de otro modo se puede descarrilar en cualquier momento. Derrotada el domingo la deriva autoritaria de Hugo Chávez, sólo queda constatar que estamos a las puertas de nuevas batallas.