La dictadura de los mercados

En un libro reciente he analizado de qué forma la ideología económica neoliberal se ha adueñado de las mentes y espíritus de los poderes de decisión europeos y estadounidenses y ha logrado desangrar a la mayoría de economías de ambos continentes. Por lo visto, los delirios bancarios y el desencadenamiento de la especulación financiera, responsables de la crisis del 2008, no han hecho mella en los credos neoliberales. Las tormentas que se han abatido sobre algunas economías europeas – sobre todo Grecia, Irlanda, Portugal y España-han obedecido a actuaciones de especuladores profesionales… con el concurso, que no puede faltar, de las declaraciones desafortunadas de algún dirigente europeo, el descenso inopinado de la calificación de los bonos u obligaciones de un Estado a cargo de alguna de las famosas agencias de calificación de la situación crediticia de los prestatarios o la escalada informativa de los principales medios de comunicación que fustigaron los excesos de tal o cual país, factor susceptible de poner en peligro el conjunto de las economías europeas.

Se ha producido, pues, una avalancha de especuladores profesionales que han provocado brutales descensos bursátiles, ventas a gran escala de títulos de deuda que son presa de especulación, movimientos desordenados de las tasas de cambio entre el euro y el dólar. Y eso se denomina la dictadura de los mercados;es decir, el reinado del enriquecimiento sin causa de los especuladores profesionales, con la ayuda de medios de comunicación escritos y televisivos que tienen la dictadura en cuestión por una ventaja. Los especuladores constituirían un mal necesario dado que, gracias a ellos, el funcionamiento de los mercados ejercería de guardián que hace entrar en razón a los malos alumnos. Los especuladores realizarían, de este modo, la útil tarea de regular y armonizar los mercados de acuerdo con las realidades económicas, corrigiendo los desequilibrios, anomalías y disfunciones. El mundo se convierte, por tanto, en una jungla donde sólo sobreviven las economías, bancos o empresas mayores; las demás son castigadas por los mercados G. CORM, ex ministro de Finanzas libanés.Autor de ´Europa y el mito de Occidente´ (Ed. Península) y ´Le nouveau gouvernement du monde-Idéologies, structures et contrepouvoirs´ (La Découverte,París) que les llaman al orden y se ven obligadas a aplicar las recetas draconianas del FMI que, por lo general, sólo agravan la situación ya difícil de por sí. Tal sistema ha acarreado la desaparición de la gestión económica de tipo socialdemócrata en cuyo seno el Estado era a la vez el protector y el regulador de la economía y de los mercados, de suerte que la distribución de los ingresos no se hiciera siempre en detrimento de las capas más desfavorecidas de la sociedad. La misma dictadura se parece extrañamente a su doble; es decir, a la dictadura del proletariado como clase dominante de la sociedad. Se cumple el sueño marxista, pero alumbrando a una clase dominante mundial de especuladores rentistas y no de trabajadores útiles a la sociedad. La ideología neoliberal se muestra, así, nada más que como el revés de las recetas marxistas leninistas y trotskistas de la revolución mundial.¿Es normal que la noble y rica filosofía europea desde el Renacimiento, la Ilustración, Kant y Hegel, sea secuestrada de esta forma por el pensamiento neoliberal y transformada en un puñado de deficientes y perversas recetas de gestión económica y monetaria que aprisionan la economía mundial y la asfixian en numerosos lugares, además de enriquecer a unos de forma carente de todo sentido y, por el contrario, empobrecer a otros?

Tal vez quepa preguntarse por la búsqueda frenética de mágicas recetas filosóficopolíticas para garantizar la dicha de la humanidad, recetas procedentes de Hegel y sus sucesores, Marx incluido. Las guerras filosóficas que desgarraron Europa en el siglo XIX y se prolongaron en el XX, contribuyendo al desencadenamiento de los fanatismos de las dos guerras mundiales, han encontrado una paupérrima y deficiente solución en el simplismo de los dogmas monetaristas de Milton Friedman y Friedrich Hayek, con el resultado del sistema mundial de la dictadura de los mercados.

Aún peor, tales guerras filosóficas han sido exportadas a todo el planeta, provocando revoluciones en todas partes (sobre todo, en Rusia y China), guerras civiles cuyo arquetipo es la guerra civil española (1936-1939), malestares identitarios y repliegues étnicos y religiosos de tipo fundamentalista, e incluso movimientos terroristas. Han exportado, además, visiones maniqueas del mundo según las cuales se enfrentarían fuerzas del bien neoliberales y prooccidentales con fuerzas opuestas del mal.

¿No sería hora, pues, de abandonar discusiones estériles sobre el diálogo de religiones y civilizaciones o sobre una mejora marginal aquí o allá de lo que queda de control sobre los mercados y de unos controles desmantelados alegremente durante los últimos cuarenta años bajo el efecto del paraíso económico imaginario prometido por la ideología neoliberal? ¿No sería hora de abordar de forma inteligente y matizada los problemas reales de millones de parados que genera el neoliberalismo, de campesinos desarraigados sin miramientos en India, China, África,Oriente Medio, de inmigrantes pobres a los que se ha tentado con el paraíso y que mueren en la travesía del Mediterráneo o en la frontera entre México y Estados Unidos o que se convierten en desarraigados sin horizontes? ¿No es hora, en fin, de que la preocupación por la justicia y la igualdad de oportunidades vuelvan a primer plano de la escena en lugar de la dictadura de los mercados y del diálogo estéril de las religiones y las civilizaciones?

Georges Corm, ensayista. Traducción: José María Puig de la Bellacasa.