La dieta israelí: retirada y músculo

Kenneth W. Stein, profesor de Historia de Oriente Medio y de Ciencia Política de la Universidad de Emory, Atlanta (Estados Unidos). Traducción: José María Puig de la Bellacasa (LA VANGUARDIA, 08/04/06):

Los resultados de las recientes elecciones parlamentarias israelíes podrían abogar en favor de una interpretación talmúdica. Ningún partido político ha obtenido siquiera una cuarta parte de los 120 escaños parlamentarios. Carente de una estructura política capaz de inclinar el voto a su favor, el partido Kadima, que no existía hace cinco meses, ha conseguido 29 escaños. Su fundador, el primer ministro Ariel Sharon, permanece en coma en un hospital de Jerusalén. Y el consenso se ha impuesto de forma general: ceder territorios y reconstruir la alicaída musculatura interna del país. Es la dieta israelí: retirada y músculo.

¿Por qué los israelíes han premiado a Kadima y Olmert? La respuesta es sencilla. Los israelíes quieren que un líder propio lleve a cabo dos tareas: desvincularse de los palestinos e inaugurar una existencia más normal. Los israelíes se sienten frustrados ante el estancamiento de las relaciones con los palestinos: advierten que en cualquier momento puede brotar la inestabilidad en su mismo vecindario, quieren seguir configurando su propio futuro, fortaleciendo su país y haciéndolo menos vulnerable a los atentados contra civiles. Los israelíes han llegado a una conclusión más amplia y extendida en el sentido de que controlar todo el territorio al oeste del río Jordán no es positivo ni conveniente para los intereses de Israel como Estado judío y democrático. Tras dos intifadas, años de brutales atentados terroristas, un proceso negociador que ha acabado en un callejón sin salida, una economía maltrecha por el desasosiego y la conflictividad, y un socio palestino que quiere la destrucción de Israel, los israelíes han dado un espaldarazo a la política unilateral. Han votado por la continuidad. Olmert y su partido han dominado sobre un panorama múltiple y plural.

El consenso israelí viene a decir que si Hamas quiere separarse, puede proceder por esa vía. Dicho de otro modo, los palestinos han votado por Hamas de modo que dejemos que se cuezan en su propia salsa. En el ámbito regional, los israelíes sienten y comprueban la incertidumbre y la inseguridad política y económica en derredor. Sin dejar de confiar en la protección que les brindan sus servicios de seguridad militares y nacionales, los israelíes son plenamente conscientes de amenazas potenciales de procedencia tan diversa como Hezbollah, Siria, Irán, y Al Qaeda. Con todos los triunfos de la baraja en la tesitura y trance negociador, los israelíes han llegado a la conclusión de que sólo precisan negociar consigo mismos.

En compar ación con elecciones anteriores, estas últimas han sido tal vez las menos apasionantes de los 58 años de la historia de Israel. No ha habido ningún tema de política exterior capaz de electrizar el voto popular. Ningún problema de importancia ha distanciado a Israel de su principal defensor y protector, Estados Unidos. La comunidad internacional coincide ampliamente en los criterios sobre la lucha contra el terrorismo. La UE y la ONU han alineado sus posiciones sobre Irán. Ningún país europeo individualmente considerado, ni la propia UE, que se arrimó a Arafat durante decenios, han fruncido el ceño en dirección a Israel desde el triunfo de Hamas. No se ha producido ningún atentado terrorista importante contra Israel o los israelíes en los meses y días previos a estas elecciones parlamentarias susceptible de inclinar el voto hacia la derecha. No se han producido actos de violencia organizada palestina contra las fronteras israelíes. Jordania y Egipto, países con tratados de paz firmados con Israel, han apremiado tranquila y serenamente a los palestinos a alcanzar posturas de compromiso y acuerdo. Únicamente un líder carismático ha porfiado esta vez por ganarse la atención del electorado, el ex primer ministro Beniamin Netanyahu, y su partido Likud ha sido derrotado completamente. Su acostumbrada táctica electoral de tratar de infundir temor en el electorado no ha tenido gancho. Otros líderes se han retirado, no han optado o han modificado sus preferencias políticas. En estos comicios se han encarnado nuevos rostros en las personas de profesores y catedráticos y tecnócratas con vistas a sustituir tanto a políticos viejos y gastados como menos bragados y experimentados.

Israel quiere ceder territorios cuyo coste de mantenimiento le resulta excesivamente caro y gravoso para destinar las sumas invertidas en los asentamientos a solucionar una miríada de cuestiones socioeconómicas. Normalmente, tras unas elecciones en Israel se genera una viva e intensa rivalidad entre los líderes de los partidos responsables respectivamente de las carteras de Defensa y Asuntos Exteriores; en esta ocasión la rivalidad se planteará acerca de qué partidos asumen las carteras de Interior, Economía, Vivienda, Sanidad y Seguridad Social. Los problemas de Olmert no estribarán en la formación de una coalición, sino en tratar de encontrar recursos para financiar tanto los costes derivados de la retirada de los territorios como los necesarios para atender las necesidades socioeconómicas del pago de pensiones, la mejora educativa, la ampliación de la red de transporte público y la protección del medio ambiente. El debate en Israel se centrará en la cuestión de si el gasto, excluido el de Defensa, debería asignarse a aliviar el problema de la pobreza y la ayuda a 65.000 o más colonos.

¿Qué sucederá a continuación? Olmert intentará formar una coalición representativa de una amplia mayoría parlamentaria. A la hora de los acuerdos con vistas a una coalición se consignarán debidamente criterios coincidentes y promesas destinadas a expresar el compromiso incondicional sobre prioridades específicas.

Cabe conjeturar que en las próximas semanas y meses se prescindirá de líderes políticos que han cosechado magros resultados electorales. Inevitablemente, muchos partidos pequeños que confían en los fondos oficiales en orden a financiar sus necesidades socioeducativas se unirán en un principio a la coalición, pero más adelante, cuando suene la hora de la retirada efectiva de los territorios, la abandonarán, aun cuando este gesto no pondrá en peligro la retirada unilateral.

¿Qué clase de presión puede esperar Israel de parte de la comunidad internacional? Muy escasa. Israel no se verá presionado a negociar con Hamas, un grupo terrorista que persigue su destrucción. Con el ciclo electoral estadounidense en el horizonte – al Congreso en el 2006 y a la presidencia en el 2008-, no es probable que la Casa Blanca vaya a enfrascarse ahora en el trazado de fronteras con vistas a la retirada de Israel. De modo similar, y pensando en una UE que bastante tiene con las cuestiones candentes sobre la mesa en los terrenos de la economía, la inmigración y la integración de nuevos miembros – y otro ojo puesto en Irán, Iraq y el suministro de petróleo-, resulta asimismo altamente improbable que se dedique a hacer incursiones en las negociaciones palestino-israelíes. En este momento de su historia, los israelíes han elegido consolidar su fuerza y su vigor. Han elegido actuar unilateralmente. Sharon dejó en manos de Olmert y de los israelíes un legado envidiable. En comparación, Arafat dejó a los palestinos a Hamas y sus contrarios.