La diplomacia aventurera de Sánchez

El autócrata cuenta con cortafuegos, peones a sacrificar. Así, Albares pagará el fiasco del entreguismo a Marruecos del mismo modo que Laya se comió el contrario. Son convenciones admitidas. Todos sabemos que el autócrata tiene una especial querencia por la cosa exterior desde su tesis de todo a cien sobre diplomacia económica. A todos consta que Laya no se habría traído ‘motu proprio’ al jefe del Polisario. Nadie ignora que Albares carece de autoridad, de ganas y de agallas para dar por su cuenta y riesgo un volantazo diplomático que contradice y malogra medio siglo de sutiles equilibrios. Es decir, que hasta el último de la clase ve que todo es Sánchez, que siempre es Sánchez, que menudo es Sánchez.

Pero el protocolo del sacrificio de peones se cumple, y aquí paz y después gloria. Por eso los ministros que quieren seguir siéndolo (que son todos, pues hablamos de un personal adicto a los atributos externos del poder porque no han leído a Fernández de Andrada ni a Manrique) susurran a los periodistas lo del «error de cálculo» de Albares. Nos recuerdan otros tiempos: «El Caudillo no estaba al corriente, esto ha sido cosa del ministro Fulano».

Solo que con los fiascos encadenados de Marruecos y Argelia no hay paz ni gloria, sino desabastecimiento de gas en el peor momento posible. Lo que señala la lógica es bastante sencillo; si se aplican, lo entenderán incluso Garzón y Lastra. Sigamos un orden cronológico. Sánchez mete la pata trayendo a Gali, y además lo hace intentando esconder la jugada e incurriendo en irregularidades, pasaportes falsos y demás chapuzas. Marruecos reacciona muy mal y pone en juego varias de sus especialidades, relacionadas con el uso hostil de oleadas migratorias violentas e ilegales, y con el espionaje personal a nuestro autócrata y a varios de sus ministros de Estado. Nuestro autócrata corta cabezas para que la suya siga indemne: de la ministra de Exteriores a la directora del CNI. Esta última paga, por cierto, los errores de Bolaños, escudo último del autócrata.

Resulta que los EE.UU. tienen en Marruecos un socio infinitamente más fiable que España. También los EE.UU. de Biden, aclaración innecesaria para nuestro lector medio pero que sin duda precisan aquellos que pintaron el triunfo de ‘Sleepy Joe’ como una especie de advenimiento del sanchismo en América. ‘El sanchismo en América’ sería un buen título para un libro de oportunidad, un título con reminiscencias. Incautos: el sanchismo es, en lo ornamental, pura herencia de baratijas intelectuales estadounidenses. Lo que nunca hará la Casa Blanca es confundir la propaganda con el poder, aplicar las majaderías ‘woke’ a la política exterior. Baste comprobar la actitud de Biden ante la agresión a Ucrania. Joe parecía adormilado, ¿verdad? Pues no. De Exteriores sabe un rato, y de Defensa también. Por eso no quiere cruzar ni una frase con Sánchez. Por eso sabe que, en los términos que importan, el autócrata magrebí es más fiable que el autócrata ibérico. Además de invertir mucho más que España en armamento y sistemas. Luego está la información que la inteligencia americana ha reunido sobre Sánchez.

Íbamos en orden cronológico. Para frenar la guerra híbrida de Marruecos contra España que el aventurerismo de Sánchez había provocado, este rompe nuestra política magrebí de medio siglo, se desentiende del Sahara y se lo ofrece a Marruecos en bandeja de plata. Con ello se cisca en nuestra condición de potencia administradora y, de paso, inflige un duro golpe a las expectativas de Argelia a largo plazo. El aventurero adora los manotazos inesperados. Juega. No entiende que mientras las cosas se mantienen en el limbo del largo plazo se capea con situaciones que parecen imposibles de estabilizar. La política de dejar correr el tiempo no satisface el hambre de un autócrata amigo del cabildeo y del chollete para amigos y fieles perrunos. No comprende que el mero paso de los años, de las décadas, altera las circunstancias. Que ante problemas sin solución no hay más opción. Con todo, Sánchez se da cuenta de que el volantazo es demasiado vistoso, demasiado ruidoso, demasiado bestia. No por ello deja de darlo. Eso sí, activará sus terminales para difundir entre propios y extraños la peregrina idea -convenientemente envuelta- de que reventar las expectativas estratégicas de nuestro principal proveedor de gas es una iniciativa magnífica que nos coloca en posición de ventaja de cara al futuro. Aún hoy colea la intoxicación. Por eso es malo cenar con políticos, y malísimo cenar con sus correos. Las indigestiones duran meses.

Adentrados en el laberinto, perjudicadas las empresas españolas con negocio en Argelia, estimulada otra fuente de inmigración ilegal, condenados los ciudadanos y empresas españoles a una inflación adicional sobre la que ya nos empobrecía, ¿cómo responde el Gobierno de España? ¡Con lamentos! No es justa la reacción de Argelia, esto es desproporcionado, no hemos hecho nada que lo justifique... O sea, nada. ¿Acaso pensaban que la continuidad de nuestra política de equilibrio, difícil, muy difícil, pero sin alternativa, era un capricho? ¿Creían realmente los aprendices de brujo de esta autocracia adanista que no había fundamento en algo que se respetó escrupulosamente de Suárez a Rajoy? Este régimen nos va a salir carísimo, y en general la culpa es de la mayoría que votó a Sánchez más los que tienen a Sánchez agarrado por las partes blandas. Nótese que ahora los agarradores son legión. Sin embargo, los fiascos encadenados con Marruecos y Argelia son solo del autócrata. Ahí nadie más le sigue. Gracias, Antonio.

Juan Carlos Girauta

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