La diplomacia del cricket

En el 2005, durante una visita a Islamabad, conocí al entonces presidente pakistaní Pervez Musharraf y le comenté una conversación que tuve con el primer ministro Manmohan Singh de India. El líder indio, a quien conozco desde hace años, había dicho que quería que uno de sus legados fuera una mejor relación con Pakistán.

La respuesta de Musharraf fue interesante. Dijo que tenía igual aspiración, pero que era necesario un esfuerzo de ambas partes para que las cosas avanzaran. “He invitado a Manmohan media docena de veces a visitar Pakistán. Le ofrecí llevarlo a su pueblo cerca de Chakwal, a pocos kilómetros al sur de Islamabad, donde nació. Pero sigue poniendo reparos”, me dijo.

Repetí la conversación con Singh, quien explicó que en una democracia como la de India hace falta trabajar mucho con los miembros de la coalición y la alta burocracia antes de que el primer ministro pueda viajar a Pakistán.

“Musharraf es un líder militar; sólo necesita hacer las maletas y partir”.

Musharraf, efectivamente, viajó pocos meses después, cuando forzó una invitación de Singh para asistir a un partido de cricket entre los dos países en Nueva Delhi en el 2005. Al Gobierno indio le llevó cierto tiempo responder a la petición de visita de Musharraf. Cuando la respuesta finalmente llegó, se percibía en ella la calidez característica de Singh.

Al final de un discurso en el Lok Sabah, la Cámara Baja del Parlamento indio, Singh proclamó su invitación formal. “Qué bonito sería discutir nuestros asuntos en esta augusta Cámara con el mismo espíritu deportivo que exhiben nuestros jugadores de cricket en los campos de juego del subcontinente”, dijo. “Soy feliz de informar a los honorables miembros de esta Cámara que he decidido invitar al presidente Musharraf a India para ver el partido de cricket entre nuestros dos equipos. Es mi más profundo deseo que el pueblo en nuestros países vecinos y sus líderes se sientan en libertad de visitarse mutuamente cuando así lo deseen. Ya sea para ver un partido de cricket, ya sea para hacer compras; ya sea para reunirse con amigos y familiares – India está orgullosa de ser una sociedad abierta, una economía abierta-.Espero que Musharraf y su familia disfruten de su visita a nuestro país”.

La declaración del primer ministro fue recibida con una ovación, no con los abucheos que algunos de sus colaboradores habían temido. Musharraf fue al campo de cricket Ferozeshah Kotala en Nueva Delhi y vio a su equipo ganar el partido. Él y Singh se tomaron tiempo durante el encuentro para hablar de las relaciones bilaterales y acordaron lanzar lo que se dio en llamar el “diálogo compuesto”, que cubría ocho cuestiones conflictivas que habían empañado los vínculos durante mucho tiempo. Tres años después, un grupo terrorista con sede en Pakistán mató a más de 160 personas en Bombay, la capital financiera de India, y, con ellas, la apertura diplomática iniciada por el cricket.

Sin embargo, una vez más el cricket revivió el diálogo entre los dos rivales nuclearmente armados del subcontinente. Esta vez, la iniciativa provino de Singh, quien invitó a su par pakistaní, el primer ministro Yusuf Raza Gilani, a visitar Mohali, cerca de Nueva Delhi, para ver a los dos países jugar la semifinal de la Copa Mundial de cricket. El partido se jugó el 30 de marzo, y Pakistán perdió.

Desde un punto de vista político, sin embargo, los dos países no estaban a la par. De la troika que actualmente gobierna Pakistán – el presidente, el primer ministro y el jefe del ejército-,es el primer ministro el que cuenta con la menor cuota de autoridad. Fue Gilani quien se sentó junto a Singh para ver el partido; pero, en definitiva, el proceso, más que el protocolo, será el que determine cómo avanzarán las relaciones bilaterales. Tras el partido, Singh dijo que “India y Pakistán deberían trabajar juntos para encontrar soluciones cooperativas y una reconciliación permanente necesaria para convivir con dignidad y honor. Deberíamos dejar nuestras antiguas animosidades atrás para ocuparnos de los problemas que enfrentan a nuestras dos naciones”. Gilani expresó el mismo sentimiento: “Necesitamos centrarnos en afrontar nuestros enemigos comunes – la inflación, la pobreza, el hambre, la enfermedad y el desempleo-para la prosperidad de los dos países”.

Ha habido indicios de un deshielo gradual. Altos funcionarios de los ministerios de Comercio, Defensa y Asuntos Exteriores se reunirán en los próximos meses, tras lo cual habrá un encuentro de los ministros de Relaciones Exteriores. Gilani invitó a Singh a visitar Pakistán, una invitación que “será considerada cuidadosamente”, según la secretaria de Relaciones Exteriores de India, Nirupama Rao. Y habló de un nuevo contexto: “Hoy, es el espíritu de Mohali el que impregna nuestra relación. Ha sido un espíritu extremadamente positivo y alentador que se generó como resultado de las reuniones de hoy”.

Ya hemos estado en circunstancias similares, por supuesto, sólo para ver cómo las perspectivas de una mejor relación entre India y Pakistán se apagaban. No existe ninguna garantía de que esta vez las cosas vayan a ser diferentes. Pero, para ambos países, la esperanza es lo último que muere.

Shahid Javed Burki, ex ministro de Finanzas de Pakistán, presidente del Instituto de Políticas Públicas, Lahore.

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