La doble oportunidad de Europa

Europa tiene que tomar una decisión. Puede pararse a mirar cómo el nacionalismo y el autoritarismo florecen desde Estados Unidos (con la estrategia de «Estados Unidos primero» de Donald Trump) hasta China (que está pasando de ser un sistema de partido único a ser un régimen de líder único). O puede encabezar una revitalización de los valores democráticos y la cooperación internacional, en un momento en el que el cambio vertiginoso impulsado por la tecnología exige importantes reformas políticas, económicas y sociales.

Algunos ven el ascenso del populismo -principalmente de la variedad de derecha- en la Unión Europea como una señal de que, lejos de estar dispuesta a desempeñar un rol de liderazgo, la UE tal vez se esté desintegrando. Pero la situación de la UE es mucho más complicada de cómo la pintan los pesimistas -y, desde ya, no tan sombría.

En otoño pasado, la encuesta Eurobarómetro Especial 467 reveló que el 75% de los participantes tenía una visión positiva de la UE. Si bien una mayoría de los participantes piensa que la vida de sus hijos será más difícil que la suya, dos tercios creen que la UE ofrece esperanza para los jóvenes de Europa -un incremento de seis puntos porcentuales desde 2016.

Los jóvenes parecen estar de acuerdo. El porcentaje de participantes más jóvenes (entre 15 y 39 años) que ven con ojos positivos a la UE es particularmente alto. Y, a pesar de los temores sobre el «déficit democrático» de la UE, este grupo parece valorar el potencial de participación política.

La fe en el futuro de la UE se vio impulsada el pasado mes de mayo por la elección del presidente francés, Emmanuel Macron. Si Macron puede garantizar la cooperación de Alemania para su programa de reforma europea, las perspectivas de la UE se fortalecerán aún más.

Si bien la elección federal alemana de septiembre no arrojó un resultado fuertemente pro-UE -el partido de derecha Alternativa para Alemania hoy es el principal partido de la oposición al haberse asegurado casi el 13% de los votos-, los principales partidos moderados salieron ganando de todos modos, al obtener más del 60% de los votos. El nuevo gobierno de coalición de Alemania es al menos tan pro-europeo como el que lo precedió, y una Europa más fuerte podría ser un legado conveniente para la canciller Angela Merkel.

La elección reciente de Italia -en la que el partido antiinmigrante Liga (con su base electoral en el norte) y el populista Movimiento Cinco Estrellas de izquierda (cuyo respaldo está concentrado en el sur) obtuvieron en conjunto más del 50% de los votos- es más preocupante. Sin embargo, dado el antagonismo entre los dos partidos, es probable que una coalición gobernante que pueda perdurar incluya al pro-europeo Partido Demócrata. En definitiva, no importa qué barreras pueda plantear Italia, con su economía endeudada, para una mayor integración de la UE, es improbable que sean insuperables, si Francia y Alemania ejercen un liderazgo decisivo.

Por supuesto, el Brexit no será un trago fácil para Europa. Pero, en términos generales, Europa ya no parece ser un continente en crisis. Inclusive en Grecia, que ya ha recuperado el crecimiento del PIB, una mayoría de los participantes hoy respalda a la UE.

En este contexto, la UE tal vez enfrente dos oportunidades relacionadas. Internamente, puede adoptar reformas que impulsen la eficiencia institucional y promuevan la integración. Externamente, puede defender enérgicamente la cooperación internacional, los derechos humanos y una sociedad abierta.

Europa debe hacer progresos en la primera oportunidad si quiere aprovechar la segunda, y eso implica fortalecer la eurozona. En este frente, Macron ya ha ofrecido propuestas ambiciosas: un presupuesto separado para la eurozona, un ministro de Finanzas de la eurozona responsable de ese presupuesto y un parlamento de la eurozona (compuesto por miembros del Parlamento Europeo y parlamentarios nacionales) que le exija una rendición de cuentas al ministro de Finanzas.

Antes de que se formara el nuevo gobierno de coalición de Alemania, se estableció un grupo de trabajo franco-alemán para considerar las propuestas de Macron. Ahora que la nueva administración de Merkel está instalada, sabremos hasta dónde está dispuesta a llegar Alemania en su respaldo de una mayor cohesión de la eurozona.

En el corto plazo, parece poco probable que el nuevo gobierno respalde las propuestas de Macron tal como están hoy. Pero puede apoyar la concreción de la unión bancaria y algún mecanismo de mayor coordinación de las políticas económicas de la eurozona.

En el más largo plazo, algunas de las reformas de Macron deberían ser posibles, especialmente si a los países de la eurozona se les permite avanzar sin una aprobación unánime de los 27 países miembro de la UE. Esos cambios -junto con una mayor cooperación militar y de inteligencia- le inyectarán al proyecto europeo un nuevo dinamismo, y fomentarán un mayor entusiasmo, para no mencionar una mayor sensación de seguridad, entre los ciudadanos de Europa.

Una UE más integrada y segura estaría bien posicionada para plantarse de manera más efectiva en el escenario internacional. El Mercado Único Europeo sigue haciendo alarde de un PIB más grande que el de China o Estados Unidos, y la UE puede actuar como el tercer «polo» en un nuevo orden mundial. Su modelo de apertura económica, cohesión social e instituciones fuertes puede ofrecer una alternativa para las tendencias aislacionistas y nacionalistas que amenazan la cooperación global.

Y a no confundirse: en áreas como el comercio, el cambio climático, la regulación del sector financiero, la política de competencia y la seguridad informática, la cooperación internacional sigue siendo fundamental. Y se volverá indispensable en la medida que los avances en inteligencia artificial y biotecnología plantean cuestiones éticas espinosas que se pueden abordar de manera efectiva sólo a nivel internacional.

El orden mundial liberal que surgió de las ruinas de la Segunda Guerra Mundial para ayudar a impedir catástrofes futuras enfrenta su prueba más difícil. Debemos reafirmar la importancia del internacionalismo, de la apertura y de la democracia en esta nueva era digital, adaptando a la vez nuestras políticas y reglas a las nuevas realidades. Europa, con su experiencia única de crear un modelo democrático de gobernancia supranacional, debería abrir el camino. El mundo -especialmente su gente joven- cuenta con eso.

Kemal Derviş, former Minister of Economic Affairs of Turkey and former Administrator for the United Nations Development Program (UNDP), is Senior Fellow at the Brookings Institution.
Caroline Conroy is a research analyst at the Brookings Institution.

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