La dote fiscal de la independencia

Los comentarios sobre el debate en 8tv con el vicepresident Junqueras, en particular los del anterior conseller Andreu Mas-Colell, son una buena ocasión para contribuir a una mejor comprensión del “beneficio fiscal” de la independencia, concepto bien distinto del “déficit de la balanza fiscal” de Catalunya tal como lo calcula la Generalitat. Lo haré al hilo de varias declaraciones de MasColell, al que respeto por su trayectoria política y académica.

Empiezo por reconocer que nunca le he oído contar el cuento, tantas veces repetido por Mas y Junqueras, según el cual el déficit de las balanzas fiscales de los länder con la Hacienda Federal se limita al 4,5% de su PIB, la mitad de lo que representan para Catalunya los míticos 16.000 millones de euros. Cuando la realidad es que en Alemania no se calculan esas balanzas fiscales ni ese límite existe. Aunque tampoco me consta que haya advertido, o al menos matizado, de la falsedad de un argumento tan utilizado.

Así, entrevistado por Xavier Sardà sobre si conoce algún país cuyos gobiernos publiquen las balanzas fiscales y si Catalunya tiene el déficit fiscal más alto de Europa, su respuesta fue: “La verdad es que no lo sé, pero seguro que es de los más altos, no veo ningún tipo de dudas, seguro que es de los más altos”. (RAC1, 16/VI/2014). Sorprende no tener dudas acerca de lo que se reconoce no saber. Aunque ante la insistencia del periodista tuvo la prudencia intelectual de decir que “no podía responder a una pregunta tan concreta”, mientras que para Mas y Junqueras el déficit fiscal de Catalunya “no tiene precedente en toda Europa”.

La realidad es que los gobiernos centrales de los países habitualmente puestos como ejemplo no calculan las balanzas fiscales y que, como ha publicado el Financial Times, sus regiones ricas se autocalculan déficits fiscales del mismo orden o superiores al que se atribuye la Generalitat.

Coincido con el profesor Mas-Colell cuando dice que, para calcular las balanzas fiscales, el método beneficio es “más realista” que el método monetario, que sólo computa el gasto estatal si este se realiza en el territorio de Catalunya: “Con el criterio del flujo de caja [método monetario] el déficit está alrededor de 16.000 millones de euros. Y con el criterio de beneficio, que podríamos decir que es más realista, sería de unos 12.000 millones de euros”. (RAC1, 2/XII/2015).

Ninguno de los dos métodos es perfecto. El método beneficio no toma en consideración los efectos indirectos del gasto público, cierto, pero el monetario tampoco. Ni consideran los efectos de escala en la provisión de servicios públicos. Pero un método como el monetario que sólo computa un millón de euros como coste del servicio exterior de una hipotética República catalana, y considera que su gasto en defensa sería cuatro veces menor que el actual español repartido por población y casi diez veces menor que el de pertenecer a la OTAN, no es ciertamente el método más realista.

De acuerdo también en considerar dos componentes del déficit de la balanza fiscal: 1) la diferencia entre los impuestos aportados por Catalunya al Estado y los servicios que este le presta y 2) el que resultaría de los impuestos que habrá que pagar, aunque no sabemos cuándo ni en qué cuantía, para amortizar la deuda pública que financia el déficit público estatal. Para calcular el importe de estos “impuestos futuros”, la Generalitat elige el criterio que más los aumenta.

En el documento de presentación pública de los informes de la Generalitat ambos conceptos aparecían sumados hasta que Mas-Colell los diferenció claramente. Es fundamental hacerlo, porque el primer componente sí es dinero contante y sonante disponible directamente. Pero el segundo no, porque si esos impuestos se han de pagar en el futuro, es que no se han pagado todavía y no están disponibles hoy.

Nunca he negado que haya que tener en cuenta el déficit público estatal, ni que los déficits generen pasivos financieros, aunque no profese la religión de la “equivalencia ricardiana”. Pero no se puede considerar que los impuestos que pagar en un futuro indeterminado estén ya disponibles en el presente.

Además de las balanzas fiscales, Mas-Colell elaboró un nuevo informe sobre la contabilidad global de las Administraciones Públicas de Catalunya que, según sus palabras, “proporciona una visión mucho más potente de su realidad fiscal” y que ha utilizado para estimar el beneficio fiscal de la independencia: “No creo que la independencia deba plantearse por intereses económicos muy inmediatos (…). Según la contabilidad global con los impuestos que actualmente pagamos podemos cubrir el coste de los servicios públicos que recibimos y aún quedaría un pequeño excedente.” (Ara, 24/VII/2015).

Dicha contabilidad global, calculada prospectivamente para el ejercicio 2015, valoraba ese “pequeño excedente” en 2.405 millones de euros. Pero con los presupuestos ya liquidados baja a 428 millones, y ello sin tomar en consideración la pérdida de economías de escala en la prestación de servicios públicos.

Si realmente la independencia produciría 16.000 millones de euros de superávit presupuestario, el doble del gasto de la Generalitat en sanidad, educación y servicios sociales, es difícil que Mas-Colell hablara de un “pequeño excedente”, que contrasta con “el mayor superávit de Europa” tantas veces proclamado por Junqueras.

La diferencia entre los 2.405 millones de euros (estimados) de los que dispondrían directamente las administraciones públicas catalanas (o 428 millones de euros con presupuestos liquidados), y los 16.000 millones de euros de déficit de la balanza fiscal, se explica porque este ha sido calculado por el método monetario, que infravalora el coste de los servicios públicos estatales y sumando los impuestos de hoy con los de mañana. Bueno es saber lo que significan y cómo se calculan los conceptos que se usan en el debate político.

Josep Borrell

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *