La dulce Caroline en Tokio

Cincuenta años han transcurrido desde el asesinato del Presidente de los Estados Unidos John. F. Kennedy y en Washington, D.C., y en Dallas se han celebrado ceremonias oficiales para conmemorar el aniversario, pero la hija mayor de J. F. Kennedy, Caroline Kennedy, no estuvo presente en ellas: acababa de tomar posesión de su cargo en Tokio, como 29º embajador de los EE.UU. en el Japón.

El 19 de noviembre, miles de personas llenaron las calles para lograr una vislumbre de Kennedy, cuando hizo el recorrido desde la estación de Tokio hasta el Palacio Imperial, a un kilómetro de distancia, en un carruaje tirado por caballos para presentar sus credenciales al Emperador. Al saludar con la mano a los curiosos, parecía Blanca Nieves.

El 22 de noviembre de 1963, fue también el día en que comenzaron las transmisiones por satélite desde los Estados Unidos hasta el Japón y muchos japoneses madrugaron para contemplar un discurso de J. F. Kennedy que comenzaba a las 5.30 de la mañana en Dallas, pero, en lugar de la transmisión del discurso, se encontraron con la espeluznante noticia del asesinato.

La imagen de la joven Caroline –la inspiración para la famosa canción de Neil Diamond– saludando solemnemente, junto a su hermanito de tres años de edad, el ataúd de su padre está profundamente arraigada en los corazones de los japoneses. Así, pues, probablemente no haya ni uno de ellos que no le dé la bienvenida como embajadora de los EE.UU.

Ha habido tres tipos de embajadores de los EE.UU. en el Japón. Ha habido miembros del mundo académico expertos en el Japón, como el reputado Edwin Reischauer. Ha habido también pesos pesados políticos, como, por ejemplo, Michael Mansfield, jefe durante mucho tiempo de la mayoría demócrata en el Senado de los EE.UU., el ex Vicepresidente Walter Mondale, el ex Presidente de la Cámara de Representantes Thomas Foley y el senador Howard Baker, quien también fue jefe de gabinete del Presidente Ronald Reagan.

El tercer tipo lo componen políticos designados por el Presidente, como, por ejemplo, Thomas Schieffer, ex socio de negocios del Presidente George W. Bush, y John Roos, conocido abogado de Silicon Valley. Caroline Kennedy, importante partidaria temprana del Presidente Barack Obama, pertenece claramente a esta categoría. De hecho, su respaldo a Obama en las elecciones primarias del Partido Demócrata en 2008, cuando aún era un senador por Illinois relativamente desconocido, dio credibilidad a su campaña entre los miembros del partido que siguen leales al legado de su familia.

El discurso de Kennedy ante la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado durante la audiencia para su confirmación en el cargo obtuvo un apoyo bipartidario, caso poco común hoy en día, en vista de lo muy polarizada que está la política nacional americana, y recibió una aprobación unánime. Aunque carece de experiencia política o diplomática oficial, sus vinculaciones personales, en particular con Obama, tendrán una gran importancia para las relaciones EE.UU.-Japón.

Y hay cuestiones apremiantes que requieren la atención de la nueva embajadora. Por ejemplo, hay cuestiones de seguridad relacionadas con el fortalecimiento de la alianza entre el Japón y los EE.UU., incluido el traslado de la base aérea de Futenma, base de operaciones del Cuerpo de la Marina de los EE.UU. en Okinawa. También hay asuntos relacionados con la cooperación económica, como, por ejemplo, la Asociación Transpacífica, la propuesta de tratado de libre comercio megarregional que abarcará las economías de las riberas del Pacifico.

Aunque poderosos grupos de intereses nacionales, en particular los que representan al sector agrícola, se han opuesto a la participación del Japón en las negociaciones sobre dicha asociación, el gobierno del Primer Ministro, Shinzo Abe, optó en el último momento por participar en las conversaciones. En lugar de reservarse el capital político que le había granjeado su alto grado de aprobación pública, optó por poner en juego parte de él en una iniciativa que sus predecesores habían rechazado, pero que contribuirá a transformar innumerables aspectos de la economía del Japón.

Naturalmente, en vista del ambiente hiperpartidario actual en los EE.UU., existe el peligro que no se conceda al Presidente la facultad de negociación por vía rápida, en virtud de la cual el Congreso se obliga a celebrar una votación en la que se dé un sí o un no sobre los acuerdos comerciales (para evitar las enmiendas y el filibusterismo). Si no se puede superar ese bloqueo y se estanca el acuerdo, el gobierno de Abe sufrirá las consecuencias en el grado de su aprobación pública, pese a los avances logrados en las negociaciones. En vista de la unanimidad con que Kennedy consiguió la confirmación en su cargo, podría utilizar su capital político para contribuir a promover la facultad de negociación por vía rápida en el Congreso.

El gobierno de Abe está poniendo en juego su gran aprobación pública no sólo al participar en la Asociación Transpacífica, sino también al abordar la necesidad de escapar de los quince años de deflación y fortalecer la situación de seguridad nacional del Japón, que lleva decenios paralizada. En vista de la conexión entre los asuntos que vinculan los intereses vitales de los EE.UU. con el proceso de reformas del Japón, Kennedy, con su carácter y sus aptitudes, podría muy bien resultar un vínculo esencial entre los dos países en un momento decisivo de su relación.

Yuriko Koike, Japan’s former defense minister and national security adviser, was Chairwoman of Japan’s Liberal Democrat Party and currently is a member of the National Diet. Traducido del inglés por Carlos Manzano.

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