La dulce derrota de Susana Díaz

No es extraño que cada vez que se celebran unas elecciones haya partidos que mantengan que de una forma u otra han sido ellos los ganadores. Así las cosas, la condensación más acabada de esa afirmación es la frase que pronunció un astuto político hoy ya desaparecido: “Hemos ganado, aunque todavía no sabemos quiénes”.

Algo así es lo que está ocurriendo tras las elecciones andaluzas aunque, en este caso, bien mirado, sólo haya un ganador, mientras que los demás partidos son todos perdedores. Pero vayamos por partes. Se afirma, en primer lugar, que la ganadora ha sido Susana Díaz y, por tanto, el PSOE, por lo que pocos se atreven a discutir que no ha sido así. En consecuencia, se sostiene que fue un gran acierto de la líder socialista haber adelantado las elecciones para asegurar su victoria. Sin embargo, nada más lejos de la realidad, pues lo que ha ocurrido es justamente lo contrario o, si se quiere mejor, lo que ha ocurrido es que ha cosechado una derrota envuelta en un bonito papel de regalo que la hace más digerible.

ULISES
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En efecto, la idea de adelantar un año las elecciones lo que perseguía, por una parte, era conseguir una mayoría absoluta para gobernar sin depender de nadie, a diferencia de lo que ha ocurrido en el tiempo en que ha estado en coalición con IU. Pues bien, no es que no haya alcanzado evidentemente la mayoría absoluta, sino que además ha obtenido el porcentaje de votos más reducido del PSOE (35,43%) en las nueve elecciones autonómicas anteriores. Su aportación personal en esta aparente victoria del PSOE no ha significado gran cosa. Andalucía es una comunidad autónoma, una de las pocas en toda España, en donde no ha existido nunca en puridad un régimen bipartidista (PP-PSOE), sino un sistema de partido hegemónico, en el sentido de que un solo partido está por encima de los demás, habiendo formado parte de todos los gobiernos, siempre en solitario, salvo el periodo último en que ha gobernado con IU. Por tanto, en Andalucía no hay un sistema bipartidista, ya que por tal se define la situación en que únicamente dos partidos, cada uno por sí solo, pueden formar gobiernos, dando pie así a que exista la alternancia. Pero esa situación no se ha dado nunca en Andalucía, aunque pudo haber sucedido en las elecciones de 2012, cuando el PP obtuvo más votos y escaños que el PSOE, aunque sin llegar a los 55 necesarios para la mayoría absoluta. Circunstancia que permitió formar un Gobierno de coalición entre el PSOE e IU, al sumar 59 escaños, pues en los regímenes parlamentarios no gobierna el que obtenga más votos electorales, sino el que reúna más escaños. Lo cual es lógico porque el Gobierno que se forme representará a más electores, poseerá una mayor estabilidad y no estará sujeto a la amenaza de la moción de censura.

Ciertamente, Susana Díaz ha dicho ya que piensa gobernar en solitario, lo cual es una muestra más de su dulce derrota, porque, de entrada, necesita para su investidura en primera votación la mayoría absoluta, aunque en segunda votación le bastará la mayoría simple, es decir, más votos a favor que en contra, en el tiempo máximo de dos meses. Segundo, porque si pretende adoptar leyes importantes tendrá que buscar constantemente aliados, lo que le situará en una posición débil. Y tercero, porque siempre tendrá la espada de Damocles de la moción de censura sobre su cabeza, pues podría darse el caso de que se uniesen todas las fuerzas restantes para desalojarla del poder. En definitiva, la primera perdedora de estas elecciones es Susana Díaz, sin olvidar además que su pobre participación en los debates ha demostrado que no parece por ahora que se pueda convertir en una líder nacional, aspirante a presidir el Gobierno de España. Se equivocó, por tanto, al adelantar las elecciones, porque, por otra parte, su intención era también no dejar tiempo a que Podemos, una amenaza seria para el PSOE, pudiese organizarse para quitarle votos. Ciertamente, tampoco ha conseguido este objetivo, ya que el partido de Pablo Iglesias ha obtenido 15 escaños que serán suficientes para amargarla si sus decisiones no satisfacen a Podemos.

Vayamos ahora al segundo perdedor, que es el PP. Una gran mayoría de españoles se sorprende realmente de que el partido en el Gobierno haya podido pensar que podía ganar las elecciones en Andalucía. El hecho es que no sólo sus dirigentes ignoran la realidad de lo que está pasando en este país, en el que no han contentado a nadie con sus medidas, sino que además ni siquiera han hecho el menor intento de autocrítica. De esta manera, aunque en el año 2012 obtuvieron un 1.567.207 votos, es decir, el 40.66% y 50 escaños, en la recientes elecciones han perdido 500.000 votos, pasando al 26.76% del total. Lo cual significa que sus electores se han quedado en la abstención, que muchos se han ido a Ciudadanos y que incluso un cierto número ha votado a Podemos como protesta por la política del actual Gobierno de Madrid. Sin embargo, han sido muy pocos los miembros de este partido que han reconocido que se trata de una enorme derrota que no hace más que anunciar lo que puede suceder en otras Comunidades y, en definitiva, en las elecciones generales de fin de año. Se dice con frecuencia que los resultados de Andalucía no son extrapolables a otras Comunidades o al conjunto nacional. En efecto, esto es así pero únicamente en el caso del PSOE, pues como ya he dicho en Andalucía se trata de un partido hegemónico, lo que no ocurre en otros lugares en que conocerá un menor apoyo electoral concurriendo con las nuevas formaciones políticas que ha surgido últimamente. Pero, en cambio, sí son extrapolables los resultados del PP respecto a otras Comunidades, y así lo comprobaremos en dos meses. Cualquier observador sabe perfectamente que de no tomar el Gobierno del PP medidas espectaculares para aminorar la cantidad de agravios que afectan a las clases trabajadoras y a las clases medias, volverá a suceder lo que ha sucedido en Andalucía. Por lo demás, no sabemos qué tipo de oposición hará el PP al Gobierno de Susana Díaz, pero si nos atenemos a las legislaturas pasadas se demostraría que fue una oposición light, lo que no ocurrirá ahora estando Podemos y Ciudadanos en el Parlamento andaluz.

Curiosamente, el tercer perdedor, para sí mismo y no para ojos ajenos, ha sido Podemos. Es cierto que ha obtenido 15 diputados, lo cual significa que es un prodigio si tenemos en cuenta que hace un año prácticamente no existía y mucho menos en Andalucía. Ahora bien, Podemos es también un perdedor si así lo reconocen sus dirigentes, puesto que se imaginaban que lo que decían las encuestas era el reflejo de la realidad lo mismo que refleja una imagen en el espejo. Por ello, pensaban que obtendrían un mayor número de votos y, por tanto, de escaños, lo que viene a señalarnos que en el caso de Podemos ha habido mucha fantasía por un lado y mucho miedo por otro, pues no parece que sea una amenaza para la democracia constitucional.

El cuarto perdedor, en este caso sin ningún género de dudas, ha sido IU, puesto que ha pasado del 11,35% de votos en las elecciones de 2012 al 6,89%, es decir ha perdido algo más de 200.000 votos, que en su inmensa mayoría han pasado a Podemos. El problema que se plantea este partido es el de saber sí podrá seguir existiendo a pesar de Podemos, porque mientras que no se establezca una clara delimitación de la ideología de cada uno, la semejanza posible acabará resultando que el pez grande se coma al chico. Todo dependerá, por tanto, de la forma en que actúen ambas formaciones en el Parlamento, pero parece evidente que IU se convertirá en una clara oposición al Gobierno de Susana Díaz, después de que ésta rechazase a sus recientes aliados. Desgraciadamente hay otro claro perdedor que ni siquiera ha obtenido un solo escaño y me refiero a UPyD, lo que resulta ciertamente injusto, porque es un partido que ha sido consecuente con su idea de regeneración de la democracia y han sido muchos los aciertos que ha tenido en la política nacional. Pero todos esos aciertos han quedado oscurecidos por el mayor error que ha cometido y que consiste en no haber llegado a un acuerdo con Ciudadanos, un partido con muchas semejanzas, que lucha también por la regeneración democrática de España. Basta para comprobar este error lo que está sucediendo con sus dirigentes enfrentados.

Y por fin llegamos al único partido vencedor en estas elecciones andaluzas: Ciudadanos, el partido presidido por Albert Rivera, con sus nueve escaños, que ha demostrado ya que se puede triunfar en Andalucía siendo catalán y llamándose Albert. Las cosas son imposibles hasta que alguien las hace posibles.

Jorge de Esteban es catedrático de Derecho Constitucional y presidente del Consejo Editorial de EL MUNDO.

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