La economía de Irán después de las elecciones

Los recientes triunfos de los candidatos reformistas oficialistas en las elecciones parlamentarias de Irán le han dado al presidente Hassan Rouhani un impulso bienvenido en la mitad de su mandato. Pero siguen existiendo enormes desafíos económicos. Y, en los próximos meses, esos desafíos son los que determinarán las líneas de batalla entre el presidente y sus adversarios de ala dura dentro y fuera del parlamento.

Las elecciones normalmente se ganan y se pierden conforme a alineamientos políticos, y el voto reciente de Irán no es una excepción. Pero, en esta ocasión, existen motivos para creer que las preocupaciones económicas fueron un motor importante de cambio político, como quedó demostrado por la masiva concurrencia a las mesas electorales. Desde julio, cuando Irán firmó un acuerdo nuclear emblemático con los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y la Unión Europea, las expectativas populares de una mejora en el estado de la economía han alcanzado un estado de excitación extrema.

Rouhani es plenamente consciente de la importancia de las expectativas económicas; de hecho, fueron precisamente esas expectativas las que lo llevaron a la presidencia en 2013. La reciente campaña electoral una vez más cobró fuerza a partir de la promesa de sanear una economía azotada por años de duras sanciones económicas y una mala gestión interna. Es por eso que le asignó una alta prioridad a cerrar un acuerdo con el mundo exterior que pudiera poner fin al expediente nuclear y allanar el camino hacia la recuperación económica.

La economía que Rouhani heredó de su antecesor, Mahmoud Ahmadinejad, había estado distorsionada por años de redistribuciones generosas de los ingresos petroleros entre los seguidores del presidente, y golpeada por una estanflación, en tanto lo que el vicepresidente norteamericano Joe Biden llamó las “sanciones económicas más duras de la historia” comenzaron a tener efecto. En 2013, el año en que asumió Rouhani, la inflación superó el 40% y el PIB se contrajo el 6%.

Los problemas de Rouhani se vieron exacerbados por la desestabilización económica posterior a la introducción de sanciones financieras integrales que dejaron a Irán fuera del sistema bancario internacional. Imposibilitado de vender petróleo, y frente a un bloqueo del banco central por parte de Estados Unidos y la UE, Rouhani enfrentó el desafío crucial de intentar poner en marcha el crecimiento y dominar la espiral de precios.

Rouhani ha tenido algo de éxito a la hora de reducir la inflación, que bajó y hoy está en el 13%. Pero reavivar el crecimiento ha resultado ser un desafío más difícil. El Fondo Monetario Internacional predice que el PIB o bien se estancará o bien se contraerá este año, de modo que la economía de Irán perfectamente podría estar encaminada a una doble recesión.

Sin embargo, con el levantamiento de las sanciones, el FMI ahora espera que el crecimiento del PIB roce aproximadamente el 5% el año próximo -una tasa que transformaría a Irán en la economía de mejor desempeño de Oriente Medio-. Alcanzar este nivel de crecimiento será esencial si se pretende crear empleos; Irán normalmente sufre una tasa de desempleo de dos dígitos, mientras que el desempleo juvenil oficial esté por encima del 25%.

Pero hay muchos obstáculos en el camino. El primero es el colapso de los precios del petróleo, que se han derrumbado el 70% desde mediados de 2014. Un infortunio similar ocurrió en1999, cuando el presidente Mohammad Khatami estaba intentando llevar adelante su propio experimento reformista y los precios cayeron por debajo de 10 dólares por barril. Entonces, como ahora, los dos primeros años de un gobierno reformista se vieron desbaratados por hechos externos adversos en los mercados internacionales de petróleo.

La última crisis estuvo motivada por factores del lado de la demanda vinculados a la crisis financiera asiática. Esta vez, son factores del lado de la oferta los que están creando una saturación global de petróleo, con resultados similares. Al no entender esto, podemos disculpar a los teóricos de la conspiración por observar que las presidencias reformistas parecen estar relacionadas de manera negativa con los precios internacionales del petróleo.

Los principales desafíos de Rouhani, sin embargo, son internos. Provienen de la compleja arquitectura institucional post-revolucionaria de Irán, aquejada por un laberinto de entidades responsables de la toma de decisiones que, a su vez, están entrelazadas con más organismos y agencias creados para asegurar el cumplimiento de los dogmas islámicos y las normas revolucionarias. En las últimas décadas, este sistema ha producido una tremenda fragmentación política, por no decir una lucha abierta de facciones, en todos los niveles. Es en este laberinto de poder donde Rouhani está librando una intensa batalla con sus adversarios conservadores -una batalla cuyo final todavía puede estar lejos.

En verdad, los remedios económicos de Rouhani -intentar abrir la economía al comercio exterior y a los flujos de inversión, e introducir reformas económicas para impulsar el sector privado luego del levantamiento de las sanciones- están enfrentados con la visión de los conservadores de línea dura de Irán. Para estos llamados principlistas -que defienden una “economía de resistencia”, basada en años de austeridad marcados por la autosuficiencia y la dependencia de los recursos internos-, el deseo de Rouhani de declarar a Irán “abierto a los negocios” y alentar a los extranjeros a adoptar un papel activo en la economía de Irán genera tanta alarma como el acuerdo nuclear.

El debilitamiento del bloque de poder de los principlistas en el próximo parlamento es, sin duda, un mensaje contundente del electorado joven de Irán. Esto concuerda con lo que el ex presidente norteamericano Bill Clinton le dijo a Charlie Rose en 2005: Irán es el único país con elecciones “donde los liberales, o los progresistas, han ganado entre dos tercios y el 70% de los votos en seis elecciones… No hay ningún otro país en el mundo del que pueda decir lo mismo, ciertamente no el mío”.

Una década más tarde, Clinton sin duda encontrará alentador ver que esta tendencia continúa. Pero, si bien los principlistas pueden haber perdido poder, ciertamente no están fuera de juego, como demuestra la batalla en ciernes por el futuro de la economía.

Es aquí donde Rouhani enfrentará su desafío más difícil. Su victoria electoral podría subir la apuesta para él, ya que aumenta la presión para cumplir con las expectativas populares. Pero, como descubrió Khatami cuando perdió frente a Ahmadinejad en 2005, el crecimiento y la recuperación económica no pueden producirse a expensas de las aspiraciones del electorado de mayor igualdad y justicia social.

Hassan Hakimian, Director of the London Middle East Institute and Reader in Economics at SOAS, University of London, is the co-editor of Iran and the Global Economy: Petro Populism, Islam and Economic Sanctions.

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