La economía de tecnología avanzada y de proximidad

Un informe reciente ha revelado que el patrimonio de las cinco familias más ricas de Gran Bretaña es mayor que el del 20 por ciento de las más pobres del país combinadas. Parte de la riqueza procede de nuevas empresas, pero dos de ellas están encabezadas por un duque y un conde cuyos antepasados eran propietarios de los campos por los que se extendió Londres en el siglo XIX.

La riqueza debida al terreno urbano no es un fenómeno exclusivo de Londres. Como muestra el reciente libro de Thomas Piketty El capital en el siglo XXI, en todas las economías avanzadas la riqueza acumulada ha aumentado rápidamente en comparación con los ingresos a lo largo de los 40 últimos años. En muchos países, la mayoría de esa riqueza –y la parte del león del aumento– corresponde a la propiedad inmobiliaria de viviendas y locales comerciales y la mayor parte de dicha riqueza no radica en el valor de los edificios, sino en el del terreno urbano sobre el que se encuentran.

Podría parecer extraño. Aunque vivimos en el mundo virtual de tecnología avanzada de la red Internet, el valor de la cosa más física –el terreno– no cesa de aumentar, pero no hay contradicción: el precio del terreno aumenta por los rápidos avances tecnológicos. En una época de tecnología de la información y la comunicación (TIC), es inevitable que valoremos lo que una economía con gran densidad de TIC no puede crear.

La TIC ya ha brindado nuevos productos y servicios notables, pero, como Erik Brynjolfsson y Andrew McAfee, del MIT, sostienen convincentemente en su reciente libro La segunda era de las máquinas, los cambios en verdad espectaculares aún están por llegar, pues los robots y los programas informáticos van a eliminar un número enorme de puestos de trabajo.

Una consecuencia es el sorprendente fenómeno de una enorme creación de riqueza con muy poca aportación laboral. El patrimonio neto de Facebook está valorado en 170.000 millones de dólares, pero sólo da trabajo a 6.000 personas. La inversión que hizo falta para crear el programa informático que lo administra no representó más de unos 5.000 años-hombre de ingeniería informática.

Esa notable tecnología ha contribuido a aportar ingresos medios en aumento y seguirá haciéndolo, pero la distribución de esa abundancia ha sido muy desigual. La parte del león del crecimiento ha ido destinada a la mitad superior, el diez por ciento superior o incluso el uno por ciento superior de la población.

Sin embargo, a medida que los más acomodados se hacen más ricos, gran parte de sus ingresos en aumento no se gastarán en servicios y bienes con gran densidad de TIC. Hay un límite para el número de iPads y teléfonos inteligentes que se pueden necesitar y su precio no cesa de bajar.

En cambio, un porcentaje cada vez mayor del gasto de consumo va dedicado a la compra de bienes y servicios con grandes valores subjetivos de moda, diseño y marca y a competir por la propiedad de bienes inmuebles de determinada localización, pero, si el terreno en el que se encuentran las casas y los apartamentos deseados no abunda, la consecuencia inevitable es el aumento de los precios.

Así, pues, el valor del terreno urbano está aumentando –en Londres, Nueva York, Shangái y muchas otras ciudades– en parte por la demanda de los consumidores, pero también su valor en aumento hace de él una clase de activos atractivos para los inversores, porque se esperan más aumentos de precios. Además, los rendimientos de la propiedad inmobiliaria han aumentado enormemente con la espectacular reducción de los tipos de interés a lo largo de los 25 últimos años, que ya había avanzado mucho incluso antes de la crisis financiera de 2008.

La causa de esos bajos tipos de interés es objeto de debate, pero un factor probable es la reducción del costo de la inversión comercial en “máquinas” informáticas. Si se puede construir una empresa que llegue a contar con un patrimonio de 170.000 millones de dólares con tan sólo 5.000 años-hombre de ingeniería informática, no se necesita pedir demasiado dinero prestado.

El hecho de que la tecnología sea tan potente no sólo hace que el terreno físico sea más valioso, sino también que el aumento futuro del empleo vaya a concentrarse en los puestos de trabajo que no se pueden automatizar, en particular los servicios, que se deben prestar físicamente. La Oficina de Estadísticas del Trabajo de los Estados Unidos prevé que entre las categorías profesionales que aumentarán más rápidamente en los diez próximos años figurarán “las profesiones de apoyo en materia de atención de salud” (auxiliares de enfermería, celadores y asistentes) y “trabajadores encargados de preparar y servir alimentos”, es decir, puestos de trabajo con salarios abrumadoramente bajos.

La economía de tecnología avanzada y de proximidad

En resumen, la TIC crea una economía que es a un tiempo de tecnología compleja y de proximidad; un mundo de robots y aplicaciones, pero también de moda, diseño, terreno y servicios presenciales. La economía es el resultado de nuestra notable capacidad para resolver el problema de la producción y acabar –gracias a la automatización– con la continua necesidad de mano de obra.

Pero es una economía que probablemente padecerá dos efectos secundarios adversos. En primer lugar, puede ser inherentemente inestable, porque cuanto más radique esa riqueza en la propiedad inmobiliaria, más apalancamiento aportará el sistema financiero para apoyar la especulación inmobiliaria, que ha sido la causa principal de las peores crisis financieras del mundo. Para mantener alejado ese peligro, hacen falta cambios importantes en la política monetaria y financiera y de mayor alcance que los introducidos como reacción ante la crisis de 2008.

En segundo lugar, a no ser que formulemos deliberadamente políticas que fomenten y sostengan el crecimiento no excluyente, una sociedad muy desigual resulta virtualmente inevitable, pues los valores del terreno y la riqueza en aumento intensifican los efectos de la desigual distribución de los ingresos que la TIC produce directamente. De hecho, la economía moderna puede asemejarse a la del siglo XVIII, cuando las tierras que poseían el Duque de Westminster y el Conde de Cadogan eran aún simples campos al oeste de Londres, más que a las sociedades de clases medias en las que se crió la mayoría de los ciudadanos de los países desarrollados.

Adair Turner, former Chairman of the United Kingdom’s Financial Services Authority, is a member of the UK’s Financial Policy Committee and the House of Lords. Traducido del inglés por Carlos Manzano.

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