La economía no rescatará la presidencia de Donald Trump

El presidente estadounidense, Donald Trump, en un mensaje sobre la reforma fiscal en mayo pasado crédito Tom Brenner/The New York Times
El presidente estadounidense, Donald Trump, en un mensaje sobre la reforma fiscal en mayo pasado. Crédito Tom Brenner/The New York Times

A pesar de que los medios han realizado aproximadamente cien mil reportajes en cafeterías sobre simpatizantes entusiastas de Trump que pertenecen a la clase trabajadora, la realidad es que Donald Trump goza de una impopularidad extraordinaria. Un análisis reciente del Centro de Investigación Pew encontró que solo ha habido otro presidente de la era moderna con un nivel tan bajo de aprobación después de dos años en el cargo.

Sin embargo, ese presidente fue Ronald Reagan, quien ganó la reelección con un triunfo aplastante. Por lo tanto, algunos seguidores de Trump sugieren que su campeón puede repetir esa hazaña. ¿Puede hacerlo?

No, no puede. Y vale la pena comprender por qué, tanto para evaluar las actuales expectativas políticas como para desmentir la mitología de Reagan que aún infesta el conservadurismo estadounidense.

Primero, hablemos sobre el caso de Reagan.

En efecto, Reagan era impopular en enero de 1983; en esencia, por la situación económica. A pesar de un inmenso recorte fiscal en 1981 y un incremento drástico del gasto militar, más del 10 por ciento de la fuerza laboral estaba desempleada.

Aunque muchos votantes culpaban a Reagan por este desastre económico, la verdad tenía poco que ver con sus políticas; más bien, era la consecuencia de los intentos de la Reserva Federal para disminuir la inflación, la cual había elevado las tasas de interés hasta un 19 por ciento.

Sin embargo, para mediados de 1982, la Reserva Federal había dado marcha atrás y redujo drásticamente las tasas de interés. Además, con el tiempo, esa disminución de las tasas produjo un enorme auge en el sector de la vivienda, que a su vez impulsó una rápida recuperación económica.

Del mismo modo que sucedió con el desplome anterior, este auge casi no estuvo relacionado con las políticas de Reagan, pero los votantes le dieron el crédito de todas maneras. En noviembre de 1984, el desempleo seguía bastante alto —más del siete por ciento—, pero lo que importa en las elecciones es si las cosas están mejorando o empeorando, no qué tan bien están en términos absolutos. Y en 1983-1984 el desempleo cayó a gran velocidad, así que Reagan ganó en grande.

¿Cómo se compara esta historia con las posibilidades de Trump?

Primero que nada, Reagan era impopular por una economía débil, mientras que Trump es impopular a pesar de una economía sólida. Es decir, su punto de referencia es mucho más bajo.

Además, no hay posibilidades de que en los próximos dos años se dé un auge como el que reflejaba el comercial Morning in America de la campaña política de Reagan.

Para empezar, durante 1983 y 1984, Estados Unidos fue capaz de crecer muy rápido al poner a trabajar la inmensa capacidad productiva que no se había utilizado en el transcurso de la recesión secundaria ocurrida entre 1979 y 1982. En este momento, con el desempleo por debajo del cuatro por ciento, no está claro si aún hay cierta capacidad productiva sin utilizar. Sin duda no queda suficiente como para que se pueda dar el crecimiento superior al siete por ciento en las tasas de ingreso real de las personas que prevaleció en las vísperas de las elecciones de 1984.

Además, un auge inmobiliario que se produjo gracias a las reducciones drásticas de las tasas de interés fue fundamental para el rápido crecimiento del tercer y cuarto año de Reagan en la presidencia (no, no todo se debió a los efectos milagrosos de los recortes fiscales).

Sin embargo, en la actualidad, la Reserva Federal no puede —de verdad no puede— producir el tipo de impulso de aquel entonces, cuando redujo los niveles de las tasas de interés de dos dígitos a un dígito, porque las tasas ya están bastante bajas. Además, con los precios de las viviendas más bien al alza, es difícil imaginar que vaya a ocurrir una enorme explosión en el futuro.

¿Hay otras maneras en las que la economía podría rescatar a Trump? ¿Qué sucede con el recorte fiscal de 2017, el cual Trump dijo que sería como “combustible de cohetes” para la economía?

Bien, al incrementar el déficit del presupuesto, es probable que esa reducción le haya dado algún tipo de estímulo a la economía, lo cual generó un aumento temporal del crecimiento. No obstante, ese efecto ya está desapareciendo y la economía de todas maneras iría a la baja, incluso sin el freno adicional que ha ejercido sobre ella el cierre parcial de la administración de Trump. Esto no quiere decir necesariamente que pronto habrá una recesión, pero lo más seguro es que tengamos un crecimiento mediocre, en el mejor de los casos.

Sin embargo, ¿no se suponía que la reducción fiscal iba a aumentar el crecimiento a largo plazo al provocar un incremento en las inversiones empresariales? Sí, se suponía, pero no se están obteniendo los resultados prometidos. Las corporaciones recibieron inmensos recortes fiscales, pero usaron el dinero primordialmente para pagar dividendos más altos y recomprar acciones, no para invertir. Además, incluso el aumento modesto en la inversión empresarial que tuvo lugar en 2018 parece haber recibido impulso de los precios más altos del petróleo, no de los recortes fiscales.

Por lo tanto, Donald Trump no es Ronald Reagan.

De hecho, ni siquiera Ronald Reagan era un Ronald Reagan. Aunque la leyenda de derecha representa su experiencia como prueba del mágico poder de los recortes fiscales, la economía en realidad funcionó un poco mejor con Bill Clinton, quien aumentó los impuestos (aunque, para ser justos, casi todos los republicanos parecen haber logrado eliminar ese hecho de sus memorias).

La mayor parte del éxito político de Reagan no fue un reflejo de logros económicos fundamentales, sino de buena suerte con los tiempos del ciclo empresarial. Y lo más seguro es que Trump no vaya a tener tanta suerte.

Si se combinan la ausencia de aspectos económicos positivos durante los próximos dos años con la actual impopularidad extrema de Trump, sus oportunidades para ser reelegido —si siquiera llega al final de su primer periodo— no lucen promisorias. Así que surge una pregunta: ¿qué harán él y su partido ahora que la derrota los está viendo de frente?

No conozco la respuesta a esa pregunta pero, si no le temes a la reacción posiblemente violenta de un Trump arrinconado, no has puesto atención últimamente.

Sin embargo, queda claro que en este momento Trump y sus aliados están en un hoyo profundo y la economía no los sacará de ahí.

Paul Krugman ha sido columnista de la sección de Opinión de The New York Times desde 2000. Es profesor distinguido de la Universidad de la Ciudad de Nueva York y en 2008 fue galardonado con el Premio Nobel de Ciencias Económicas por sus trabajos sobre el comercio internacional y la geografía económica.

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