La edición de los genomas

Es el nuevo fantasma que recorre la biología. Han aparecido nuevos métodos que permiten modificar el ADN en puntos muy precisos. Están basados ​​en sistemas que utilizan varias especies de bacterias para infectar plantas o para defenderse de virus y que han sido manipulados para poder modificar genomas de forma dirigida, y a eso lo llamamos editar el genoma. Han abierto un abanico de posibilidades de actuación sobre diferentes tipos de organismos, animales y plantas, incluso sobre la especie humana, y una serie de discusiones sobre cómo deben ser utilizadas. Las condiciones son muy diferentes, y habrá que abordarlas caso por caso.

La agricultura y la ganadería están basadas en el aprovechamiento de características muy precisas del genoma de un número pequeño de especies. Durante siglos esto se ha hecho observando las que aparecían de forma espontánea, pero desde mediados del siglo pasado sabemos que los caracteres genéticos están inscritos en la larga molécula que llamamos ADN. Desde que ha sido posible, se han desarrollado métodos para modificar el ADN de los organismos vivos para conseguir nuevos caracteres de interés. Por una parte se han creado, sobre todo en plantas, nuevas mutaciones en el ADN por tratamientos con productos químicos o por radiaciones, y por otra se han introducido fragmentos nuevos de ADN en el genoma, lo que llamamos organismos transgénicos. Hasta ahora no era posible predecir en qué lugar del genoma se darían las modificaciones y había que, a posteriori, seleccionar las que funcionan. Las nuevas técnicas de edición permiten hacer cortes en lugares precisos del genoma, y por tanto predecir dónde se modifica. Ahora habrá que decidir si consideramos también que este es un organismo transgénico, y eso significaría aplicar las regulaciones vigentes y los costes enormes que implican. Se espera que la Comisión Europea tome una decisión en los próximos meses.

En el caso de los animales también se discute cómo se pueden utilizar estas nuevas posibilidades. Un ejemplo es el de los cerdos que pueden producir menos grasa o el de los cerdos en los que han sido inactivados los virus latentes que hay en su genoma con el objetivo de utilizar sus órganos para trasplantes en humanos. Pero quizá la discusión más actual es sobre los mosquitos. En la actual preocupación por la extensión de enfermedades como el dengue, el chikungunya o recientemente el zika, sin olvidar la malaria, una de las posibilidades es deshacerse de los mosquitos portadores de la enfermedad. Se puede pensar en fumigaciones con insecticidas, pero tienen efectos sobre todos los insectos, y se han propuesto diferentes maneras de eliminar específicamente los mosquitos portadores. Hay mosquitos transgénicos que han sido probados en Brasil, y también hay un sistema que se basa en usar la edición de modo que cuando los animales se aparean se elimina la descendencia. La propuesta, denominada gene drive, puede acabar eliminando de forma rápida solo la especie portadora, pero la consideración de transgénico puede molestar a alguien.

El tema más complicado es la utilización de la edición en humanos. No parece que plantee problemas para tratar células que sirvan para curar enfermedades como las degenerativas, pero hace unas semanas discutíamos las posibilidades de que se proponga modificar la descendencia para evitar algunas enfermedades o para conseguir mejoras en los genes. La noticia es que en Gran Bretaña han sido autorizados experimentos en embriones humanos durante sus primeros días de vida pero sin permitir su implantación, y por tanto sin dar lugar a ningún individuo. Algunos países no permitirán esta posibilidad, y había sido solicitada una moratoria global, pero los británicos deben haber pensado que hay suficientes garantías de que los experimentos se pueden hacer de forma controlada.

Las técnicas de edición genómica abren, como vemos, nuevas posibilidades y debates. No es extraño que se hable de Premio Nobel, ni que universidades prestigiosas como Berkeley o Harvard se disputen las patentes relacionadas con ellas. Editar plantas o animales en los que se basa nuestra agricultura puede ser una novedad, pero el resultado final de las técnicas de edición será en muchos casos indistinguible de las variantes que utilizamos de manera habitual. No parecería, pues, que sea necesario incluirlas en la misma caja que las variedades transgénicas, con sus costes y reacciones adversas. Quizá también habría que aprovechar estas metodologías para eliminar plagas que son una amenaza. Estaríamos seguramente muy contentos de eliminar el mosquito tigre que ha aparecido recientemente, que es portador de enfermedades. Y sin duda hay que pensarlo muy bien antes de modificar el genoma humano. Cada caso es un problema diferente que habría que tratar en profundidad, evitando decisiones precipitadas en una dirección u otra y mirando de sacar el máximo provecho de unas posibilidades prometedoras.

Pere Puigdomènech, investigador.

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