La educación política de Chacón

Aunque pocas veces como candidata inmediata a la sucesión de Zapatero, Carme Chacón aparece en todas las quinielas. Lo hace como banquillo para el caso que dirigentes con más experiencia de gobierno – lo que demanda la crisis-se quemen prematuramente. Y casi siempre como solución a medio plazo al gran reto de liderazgo del PSOE: los candidatos como Rubalcaba que pueden evitar una debacle a corto plazo no pueden proporcionar – por el hecho biológico, como se decía antes-un ciclo político hegemónico prolongado.

Carme Chacón ya acumula un capital político apreciable. Es seria. No parece frágil. No está atrapada en políticas de identidad de género – no es Bibiana Aído, por decirlo así-.No comete grandes fallos. Competente con los medios de comunicación. Con su paso por Defensa, ya puede alegar experiencia ejecutiva. Es mujer, cuando ya es hora de que se abata la última barrera de género a la igualdad política. Con ambición. Y en el PP no hay nadie que se le equipare, en su generación y mujer.

En los últimos meses Carme Chacón ha señalizado al menos tres veces sus aspiraciones. Primera, días después de la sentencia del Estatut, publicó un artículo con Felipe González, quien no coautora escritos con cualquiera, con un posicionamiento diferenciado de la reacción general de disgusto en Catalunya, incluso de su propio partido. Con ese artículo, Carme Chacón se liberó de las limitaciones que por ser catalana pudiera tener en la política española. La segunda fue en el mitin de cierre de campaña del PSC. Según este periódico, fue el único orador que hizo alusión al caso Palau, mostrando una disposición a la confrontación política insólita en su partido, digna de un líder, y señalando al PSC por adelantado el único estilo de oposición posible si quiere volver al Govern… en 8 años (antes improbable), y este no es otro que el de la máxima fricción con CiU. Tercera: hace semanas la Fundación Ideas, el think tank del PSOE, organizó unas jornadas en Nueva York. La foto que acompañaba a la noticia era reveladora. Allí estaba Carme Chacón, interviniendo en un panel, literalmente codo con codo, con mitos como Bill Clinton, Tony Blair y Felipe González. Dos cosas son importantes en esta foto. En primer lugar, Carme Chacón estaba donde hoy en día deberían estar más socialistas – y políticos en general-:en la producción de ideas. La política después de la salida de la crisis la dominará quien sepa encauzar ideológicamente el ajuste de cuentas social que probablemente seguirá a la misma (por cierto, algo de lo que es consciente Aznar y desdeña Rajoy). En segundo lugar, los tres líderes que la acompañaban en la foto son, más que ideólogos – únicamente Blair, con su nueva izquierda lo era realmente-, tácticos excepcionales y gobernantes de éxito. Los aprendizajes más importantes no están en libros o en cursos. Se obtienen del contacto cercano con aquellos que los poseen, y Carme Chacón tiene acceso a las vidas ejemplares de los líderes socialistas vivientes más importantes.

La política siempre se ejerce en tres niveles. Cuanta más coherencia entre ellos, más liderazgo. El primero es el ideológico, y Carme Chacón se empieza a mover en este terreno, con la ventaja curiosa de que, por falta de bagaje, puede posicionarse con libertad ante los retos de salida de la crisis. El segundo plano es el de gobierno y Zapatero, ejerciendo de mentor que detecta talento y ofrece oportunidades de aprendizaje, le ha proporcionado el Ministerio de Defensa, una cartera poco complicada y una espléndida photo-op permanente, especialmente para una mujer, y todavía más si es catalana. Un regalo así sólo se puede explicar porque el presidente ha reconocido en ella algo que él posee en abundancia y considera imprescindible para política: habilidad táctica, el tercer nivel.

Carme Chacón tiene, por supuesto, talentos que desarrollar. Como una mayor relajación en público (es mejor en el uno a uno y en grupos pequeños, que con grandes audiencias). Tiene que confirmar sus competencias ejecutivas, más allá de lo que exige Defensa. Pero si tiene una debilidad, potencialmente fatal, es su pertenencia ocupacional y vital a la clase política, a las élites que no tienen o han tenido ocupación distinta a la política (o a actividades conexas como los medios de comunicación) y que, por ello mismo, pueden acabar distanciándose de sus votantes, volviéndose vulnerables al populismo, lo que se ha demostrado más peligroso para la izquierda que para la derecha. Por esto es crítico que además de tener mucho cuidado con la imagen de estatus económico que pueda proyectar, Chacón ha de acertar la respuesta a la siguiente cuestión: ¿dónde puede acabar de aprender el oficio de líder, sin quedar atrapada en el autismo típico de la clase política? La respuesta es especialmente difícil porque las encuestas indican que, probablemente, no podrá tener otro ministerio en el futuro donde refinar su experiencia política vital. Y se  aprende mucho más en un puesto político ejecutivo que en los bancos de la oposición.

Carme Chacón encarna el dilema fundamental de las carreras políticas: la tensión entre, por un lado, profesionalidad y el elitismo a menudo resultante y, por otro, amateurismo y el populismo que le suele acompañar. Carme Chacón no peca de amateurismo, pero sí corre el riesgo de elitismo, lo que sería paradójico dado su origen social. Para los que nos dedicamos a la educación de líderes, la educación final del indudable talento de Carme Chacón es el más interesante del panorama.

Por José Luis Álvarez, doctor en Sociología por la Universidad de Harvard y profesor de Esade.

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