La encrucijada libanesa: ¿el Infierno de Dante o la Utopía de Tomás Moro?

Por George Emile Irani, drector del Programa de África y Oriente Medio del Centro Internacional de Toledo por la Paz (REAL INSTITUTO ELCANO, 27/07/07):

Tema: Líbano forma parte del arco de inestabilidad que se extiende desde Pakistán hasta Gaza.

Resumen: Líbano se enfrenta a un impasse político interno y a la amenaza de acabar asfixiado por grupos salafistas dispuestos a desestabilizar el país. Actualmente, las principales cuestiones políticas a nivel interno son las siguientes: la formación de un nuevo Gobierno de unidad nacional, la elección de un nuevo presidente (el mandato del actual presidente Emile Lahoud finaliza el próximo otoño), la creación de un nuevo tribunal para investigar el asesinato del ex primer ministro Rafiq al Hariri y de su escolta, y la creciente amenaza que representan los grupos salafistas vinculados a al-Qaeda, como Fatah al-Islam. La actual inestabilidad libanesa es también fruto de las luchas por el poder y la influencia existentes en Oriente Medio.

Análisis: Durante su historia reciente y, más concretamente, cada vez que se celebraban elecciones presidenciales, Líbano ha debido hacer frente a problemas internos. La suma de factores locales, regionales y mundiales hace que la Tierra de los Cedros sea una presa fácil. En tanto que sociedad multiconfesional, Líbano es un país afectado por todo tipo de presiones que reflejan los intereses regionales y mundiales. Este verano se cumple también el aniversario de la guerra de julio de 2006 entre Israel y Hezbolá, cuyas consecuencias se siguen sufriendo tanto en Líbano como en Israel. Aunque Hezbolá haya logrado resistir los ataques del Ejército israelí, lo cierto es que ha malinterpretado por completo la realidad de la política interna libanesa. Por otra parte, Israel ha logrado una importante victoria política al neutralizar toda acción militar emprendida por el grupo chií libanés, que cuenta con respaldo iraní. La Resolución 1701 de Naciones Unidas ha internacionalizado las fronteras de Líbano con Israel mediante la presencia de 13.000 efectivos pertenecientes a la Fuerza Provisional de Naciones Unidas para Líbano (FPNUL).

No obstante, la situación libanesa es hoy mucho más compleja y peligrosa. El país se enfrenta a un impasse político interno y a la amenaza de acabar asfixiado por grupos salafistas decididos a desestabilizar el país y reinstaurar su interpretación fundamentalista del islam. Lo que es más, la lucha de influencias en Líbano y Oriente Medio entre EEUU y Francia, por un lado, y Siria e Irán, por otro, no augura precisamente una resolución a la crisis libanesa. Irán está metido de lleno en una intensa lucha de influencias en la región y en su programa de armas nucleares. En lo que se refiere a Iraq, el país se está sumiendo con paso lento pero seguro en una guerra civil descontrolada, a la que hay que añadir la posibilidad cada vez mayor de que se produzca una retirada de las tropas estadounidenses del país. Por otra parte, en los territorios palestinos, dos gobiernos compiten en la actualidad por controlar lo que queda de los Territorios Ocupados. En definitiva, Líbano forma hoy parte del arco de inestabilidad que se extiende desde Pakistán hasta Gaza.

La política nacional libanesa[1]
Impasse o punto muerto son las expresiones que mejor describen la actual política nacional libanesa. Prueba de ello es que el Parlamento libanés no se ha reunido desde diciembre de 2006. Mientras tanto, el Gobierno del primer ministro Fouad Siniora se encuentra paralizado y acosado por una oposición resuelta a forzar su dimisión. Siniora goza del apoyo de una ajustada mayoría en el Parlamento y, sobre todo, del respaldo de EEUU y Francia. Puede decirse, por tanto, que Siniora es un líder cuestionado en Líbano pero un primer ministro popular para los amigos occidentales del país.

Desde el pasado diciembre, los miembros de la oposición (Hezbolá, el general Michel Aoun y sus aliados) han acampado en señal de protesta en el centro de Beirut, paralizando la vida comercial de la ciudad y obligando a Siniora a recluirse en el palacio gubernamental.

Otro desafío es el que plantean los constantes asesinatos de políticos libaneses pertenecientes a la mayoría. El principal objetivo de los enemigos de Líbano es acabar con la mayoría parlamentaria y volver a trazar el mapa de la política libanesa. Los asuntos políticos más relevantes a nivel interno son: la formación de un nuevo gobierno de unidad nacional, la designación de un nuevo presidente (el mandato del actual presidente Emile Lahoud finaliza el próximo otoño), la creación de un nuevo tribunal que investigue el asesinato del ex primer ministro Rafiq al Hariri y su escolta, y la creciente amenaza que representan los grupos salafistas vinculados a al-Qaeda, como Fatah al-Islam.

El Gobierno actual ha perdido a los miembros de la oposición y está operando sin consenso popular. Hezbolá y sus aliados reclaman la creación de un nuevo Gobierno en el que puedan ejercer derecho de veto. Siniora y la mayoría, por su parte, han sugerido la creación de un nuevo gabinete basado en la fórmula de los 19 miembros para la mayoría, 11 para la oposición y un miembro externo para mantener el equilibrio entre ambos grupos. Hasta la fecha esta fórmula ha sido rechazada por la oposición, en un contexto marcado por las negociaciones sobre un posible segundo Gobierno libanés. Se trata de una posibilidad remota por el momento pero que está siendo utilizada por la oposición como un elemento de presión.

La creación por parte de Naciones Unidas de un Tribunal Especial destinado a investigar el asesinato de Hariri también fue motivo de enfrentamiento entre el Gobierno de Siniora y la oposición. Inicialmente, Naciones Unidas y las potencias occidentales brindaron al Parlamento libanés la oportunidad de aprobar el tribunal. Sin embargo, Nabih Berri, portavoz chií en el Parlamento, se negó a convocar a los legisladores para aprobar la creación del tribunal. A continuación, un representante de Naciones Unidas visitó Líbano y se reunió con todas las partes implicadas. No logró, pese a ello, convencer a la oposición para que cambiara de postura y refrendara el documento que establecía la creación del tribunal. La oposición prosiria teme que el tribunal se convierta en un arma controlada por la mayoría y por sus socios occidentales para hostigar y humillar al régimen sirio.

A finales de mayo, el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas se reunió y votó a favor de la creación de un Tribunal Especial para Líbano bajo el Capítulo VII de la Carta de las Naciones Unidas (Resolución 1757). Cinco países (Rusia, China, Qatar, Indonesia y Sudáfrica) bien se opusieron, bien se abstuvieron de votar. Este asunto ya no constituye una importante fuente de preocupación para los actores políticos libaneses. Es, sin embargo, un acontecimiento relevante en Líbano y en la región que recuerda a la creación del Tribunal de Nuremberg, constituido al término de la Segunda Guerra Mundial. La principal diferencia es que es la primera vez en la historia reciente que se crea un tribunal con la finalidad no ya de investigar crímenes de guerra o crímenes contra la humanidad sino de poner fin a la era de impunidad que ha enturbiado la política libanesa y regional tras los asesinatos.

La amenaza salafista[2]
Otra amenaza interna que tiene implicaciones en toda la región es la postura abierta y agresiva adoptada por grupos salafistas radicales suníes. Una pequeña organización denominada Fatah al-Islam y liderada por Shaker al-Absi, un palestino que huyó de Jordania, fue a Siria y después se instaló en el norte de Líbano para abrir un negocio con la ayuda de los servicios de inteligencia sirios,[3] dice estar reconduciendo la política palestina para reinstaurar la ley islámica o sharía y convertirse así en una alternativa a Fatah y Hamás, las dos principales organizaciones palestinas. Trípoli, importante ciudad de predominio suní del norte de Líbano, y el campo de refugiados palestinos de Nahr al-Bared se han convertido en el cuartel general de esta oscura organización.

A finales de mayo, Fatah al-Islam atacó un puesto del Ejército libanés causando la muerte de varios soldados. Este acontecimiento desató duras batallas entre el Ejército libanés y el grupo salafista. Fue una decisión que el Ejército se vio obligado a adoptar para cortar de raíz la creciente amenaza que representaban los grupos terroristas vinculados a al-Qaeda. De hecho, los líderes de al-Qaeda decidieron que Líbano era el lugar ideal para minar la estabilidad del país y reforzar la influencia del grupo salafista en la región.

En un primer momento, el Ejército libanés se sintió desconcertado. A continuación el general Michel Suleiman, comandante del Ejército, decidió, con apoyo regional e internacional, arremeter contra Fatah al-Islam, que tenía sus bases en el campo de refugiados palestinos. El Ejército permitió que los refugiados (30.000) abandonaran el campamento para evitar pérdidas civiles. Hasta la fecha, la mayoría de las bajas son miembros del Ejército libanés y terroristas armados procedentes de varios países árabes y no árabes, como Bangladesh y Chechenia. En el momento en el que se redactó este análisis, los enfrentamientos entre el Ejército libanés y lo que queda de Fatah al-Islam persistían en el campo de refugiados palestinos de Nahr al-Bared.

Varios miembros del Gobierno y líderes de la mayoría han apuntado directamente al régimen sirio, acusándole de ser un importante impulsor de Fatah al-Islam. El argumento que esgrimen es que el Gobierno sirio teme el Tribunal Especial creado por Naciones Unidas y está decidido a desestabilizar Líbano. Desde la retirada forzosa de sus tropas de Líbano en 2005, Siria ha tratado desesperadamente de recuperar el control directo sobre la Tierra de los Cedros.

La actuación del Ejército libanés fue elogiada desde algunos frentes. A nivel interno, la opinión pública respaldó a sus fuerzas armadas en lo que constituyó una muestra de apoyo sin precedentes. Incluso Hezbolá y el general Michel Aoun –los dos principales pilares de la oposición– apoyaron con reservas la actuación del ejército. También se expresaron temores de que después de los incidentes de Nahr al-Bared se desataran nuevos enfrentamientos en otros campos de refugiados, fundamentalmente en el de Ain al-Hilwe, cerca de Sidón.

En cierto modo, el último enfrentamiento entre el Ejército y el grupo yihadista reabrió el delicado y controvertido debate acerca de la presencia palestina en Líbano (las últimas cifras hablan de 150.000 a 200.000 palestinos repartidos entre los 12 campos de refugiados del territorio libanés).

Mientras continuaban los enfrentamientos entre el Ejército libanés y el grupo salafista, varias bombas estallaron en varios puntos de Líbano. Posteriormente se produjo un grave atentado que puso en tela de juicio la eficacia del Tribunal Especial, puesto que se consideraba que la Resolución del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas que establecía la creación del tribunal serviría de elemento disuasorio frente a nuevos asesinatos. Walid Eido, parlamentario libanés perteneciente al Movimiento para el Futuro (fundado por el ex primer ministro Rafiq al Hariri y encabezado hoy por su hijo Saad), fue asesinado junto con su hijo y sus escoltas mientras se dirigían a un complejo hotelero de la costa, en la parte occidental de Beirut. Este último asesinato conmocionó profundamente al país. La mayoría parlamentaria acusó a Siria y a sus aliados de estar detrás de este acto criminal, cuyo objetivo era debilitar a los parlamentarios próximos al Gobierno (que disfrutan de una mayoría de tres en el Parlamento).

La aparición de grupos terroristas salafistas vinculados a al-Qaeda llega en un momento en el que Líbano se enfrenta a un estado de parálisis absoluta y de divisiones internas. La comunidad cristiana está dividida por las rencillas entre una serie de candidatos a la presidencia (en Líbano el presidente pertenece siempre a la comunidad maronita). Los maronitas se debaten entre su lealtad al general Michel Aoun, que no esconde sus ambiciones presidenciales, y el Dr. Samir Geagea, líder de las Fuerzas Libanesas. El Cardenal Nasrallah Boutros Sfeir, el Patriarca maronita, disfruta del aprecio y respeto general y desempeña un importante papel a la hora de atenuar las divisiones existentes en su comunidad.

En términos generales, la comunidad suní apoya a Saad Hariri, hijo del difunto primer ministro Rafiq Hariri. El principal desafío al que se enfrenta esta comunidad es el creciente poder de los chiíes, tal y como refleja la penetrante presencia de Hezbolá en el país. Los rumores apuntan a que los Hariri, apoyados inicialmente por Arabia Saudí y EEUU, destinaron fondos a pequeños grupos yihadistas suníes para mantenerles a raya (especialmente en los campos de refugiados palestinos) y para que actuaran como un elemento disuasorio frente a Hezbolá. No existen pruebas que corroboren esta información, si bien es cierto que los suníes de Líbano se sienten huérfanos desde el asesinato de Rafiq Hariri. En definitiva, los suníes libaneses siguen disfrutando de un grado elevado de apalancamiento político dado el apoyo que recibe la comunidad por parte de actores árabes de mayoría suní, como es el caso de Arabia Saudí y Egipto. Irán, por su parte, es considerado un aliado de Siria y uno de los principales patrocinadores de Hezbolá.

La problemática regional y mundial
La inestabilidad que se vive actualmente en Líbano es también fruto de la lucha de poder e influencias existente en Oriente Medio. Desde un punto de vista regional, se está librando una lucha continuada de influencias entre regímenes árabes prooccidentales como Egipto, Jordania, Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos. Estos países temen un cambio en el equilibrio del poder en la región desde la invasión estadounidense de Iraq en 2003. Una de las grandes preocupaciones es sin duda la cruenta y delicada situación iraquí. Puede decirse que Mesopotamia es hoy un país prácticamente dividido. Los chíies del sur de Iraq han creado su propio sistema de gobierno gracias al apoyo financiero y militar brindado por Irán. Los kurdos del norte de Iraq han establecido una suerte de autonomía, si bien deben hacer frente a la constante amenaza de una invasión turca destinada a acabar con los miembros turcos del PKK. Por último, los suníes de la región central de Iraq carecen de líder y temen que una posible división del país les impida acceder a los recursos petroleros iraquíes, entre otras cosas.

Otra fuente de preocupación es el debilitamiento de la Administración Bush que se produjo como consecuencia de las elecciones legislativas celebradas el pasado mes de noviembre en EEUU, que resultaron en una mayoría demócrata en el Congreso. Los estadounidenses están divididos en torno a lo que debe hacerse en Iraq, aunque el consenso general es que ha llegado el momento de que la Administración Bush ponga punto y final a las pérdidas y se retire del país. Tal perspectiva asusta a muchos iraquíes y, sobre todo, a los principales aliados y amigos de EEUU en la región. Por último, Iraq es también percibido por sus vecinos como un refugio para todo tipo de grupos terroristas yihadistas vinculados a al-Qaeda. De hecho, los terroristas salafistas y yihadistas encontrados en Líbano eran iraquíes. Estos grupos pueden representar una importante fuerza desestabilizadora para los regímenes árabes respaldados por EEUU. El objetivo de al-Qaeda consiste precisamente en debilitar la autoridad central de estos regímenes e instaurar un califato islámico inspirado en los tiempos del profeta del islam, Mahoma.

Irán es un actor relevante en Líbano y en la región. Desde el inicio de la Revolución Iraní, el régimen iraní ha destinado gran parte de sus esfuerzos a difundir el modelo de gobierno del Ayatolá Jomeini por la región. Líbano, con su importante comunidad chií, se consideraba un lugar idóneo para acometer esta misión y la creación de Hezbolá era percibida como una herramienta fundamental para lograr este objetivo. Irán también se aprovechó de los errores cometidos por EEUU en Iraq y del fracaso de la política de la Administración Bush en su esfuerzo por traer estabilidad y democracia a Iraq y a la región en su conjunto. Los líderes iraníes son muy conscientes del importante papel que están desempeñando y seguirán desempeñando en lo que se refiere a todo acuerdo futuro en Iraq y Líbano. El programa nuclear iraní se ha convertido hoy en una moneda de cambio fundamental con EEUU. En cierta forma, los iraníes están diciendo a los estadounidenses (la última vez con motivo de una reunión internacional celebrada en Bagdad) “dejadnos tener nuestra propia bomba nuclear y os ayudaremos a llevar la paz a Iraq y, en menor medida, a Líbano”. La política estadounidense hacia Irán sigue siendo incierta y está marcada por las divisiones en el seno de la Administración Bush. A Condoleezza Rice, secretaria de Estado estadounidense, le gustaría entablar un diálogo con Irán basado en las recomendaciones formuladas en el Informe Hamilton-Baker. Sin embargo, según algunos analistas estadounidenses, el vicepresidente Dick Cheney y sus amigos neoconservadores desean enfrentarse a Irán en una posible guerra.[4] El principal problema que afrontan es que se les está agotando el tiempo, dado que a principios de 2008 se celebrarán elecciones presidenciales primarias en EEUU. En último lugar, pero no por ello menos importante, la opinión pública estadounidense no está en absoluto dispuesta a apoyar otra incursión militar que podría acabar resultando muy costosa para sus tropas.

Irán está desempeñando un papel en Líbano y sus principales objetivos son mantener y consolidar a sus principales aliados en la comunidad chií: Hezbolá y Amal. El Gobierno iraní es muy consciente de que un posible enfrentamiento entre suníes y chíies en Líbano podría conducir a un debilitamiento de dichas alianzas. Junto con los saudíes, Irán trató de convencer a sus aliados en Líbano para que aceptaran el tribunal de Hariri y la creación de un nuevo Gobierno, pero sus esfuerzos resultaron en vano. Resulta evidente, sin embargo, que Irán y su aliado sirio no están precisamente contentos con la presencia de fuerzas militares occidentales (de Bélgica, Francia, Alemania, Italia y España) en el marco de las fuerzas de mantenimiento de la paz de la FPNUL en el sur de Líbano. Pese a ello, los iraníes han dado mucho margen de maniobra a sus aliados sirios para supervisar y gestionar la situación interna libanesa.

Dos años después de la retirada siria, el movimiento del 14 de marzo no ha logrado mantener el apoyo popular del que disfrutaba. Hezbolá, importante aliado de Siria en Líbano, sigue siendo un actor relevante en el país. El régimen sirio nunca aceptó su retirada forzosa del Líbano y está haciendo todo lo posible por recuperar el control perdido.

Inicialmente, el régimen de Assad ordenó a sus aliados en Líbano que hicieran lo posible por impedir la creación del tribunal de Hariri.[5] Sin embargo, sus esfuerzos no dieron fruto puesto que el tribunal es hoy una realidad. La creación del Tribunal Especial es una respuesta importante a los llamamientos realizados a favor de la “vigilancia del pasado” y la búsqueda de la “Verdad” en Líbano. Diecisiete años después de que finalizara la guerra en Líbano en 1990, sigue sin producirse una reconciliación real en el país. El Tribunal Especial representa un importante mensaje de la comunidad internacional, en la medida en que sugiere que la búsqueda de la justicia y de responsabilidades son pasos importantes en el camino hacia la estabilidad. En Líbano ha existido siempre un debate acerca de si convenía “olvidar y perdonar” lo ocurrido durante la guerra civil libanesa o bien esclarecer la verdad y promover la reconciliación siguiendo el modelo sudafricano, entre otros.[6]

También Siria está presionando a sus aliados libaneses para que rechacen toda solución de compromiso respecto de lo que ocurra primero, ya sea la designación de un nuevo presidente, una de las principales reivindicaciones de la mayoría, o la creación de un Gobierno de unidad nacional, tal y como reclama la oposición. Las dificultades para encontrar una solución quedaron patentes en la reciente misión del secretario general de la Liga Árabe, Amr Moussa, el pasado mes de junio. Amr Moussa estuvo muy cerca de lograr un acuerdo entre las distintas facciones libanesas para la creación de un nuevo Gobierno. Sin embargo, justo antes del regreso de Moussa, los aliados de Siria en Líbano (Hezbolá, Amal y el general Michel Aoun) decidieron rechazar la propuesta que había sido acordada la víspera.[7]

El régimen sirio está tratando desesperadamente de salir del aislamiento impuesto por EEUU, Francia y sus aliados en la región. A finales de marzo y tras varias intervenciones de los egipcios, el presidente Assad fue invitado a la cumbre de la Liga Árabe celebrada en Arabia Saudí, donde se reunió con el monarca saudí. Las esperanzas de mejorar las relaciones entre ambos países se desvanecieron debido a la intención del régimen sirio de dominar la política libanesa y desestabilizar a la Autoridad Palestina apoyando a Hamás.[8]

El presidente Assad quiere asegurarse de que el próximo presidente libanés sea amistoso y manipulable. Los sirios se acostumbraron a manipular e imponer candidatos presidenciales prosirios durante los largos años de la ocupación libanesa. Irónicamente, esto es algo que contó con el apoyo tácito de EEUU, Francia y el Vaticano, los principales actores occidentales en Líbano.

La Administración Bush y el recién elegido presidente francés, Nicolás Sarkozy, siguen oponiéndose a la influencia siria en Líbano. Italia y España, por su parte, han optado por implicar al régimen sirio. La postura italiana y española se apoya en el hecho de que Siria es un actor importante en Líbano y en la región y, por lo tanto, no puede ser ignorado. En opinión de diplomáticos españoles e italianos, España e Italia están implicando a Siria porque consideran que reforzará la posición de Bashar Assad contra aquellas personas de su entorno que desean implantar una política más radical, especialmente de cara al Tribunal Especial para Líbano. Al estar más cerca de casa, el apoyo sirio es necesario para garantizar la seguridad de las tropas europeas que forman parte del contingente de la FPNUL en el sur de Líbano. Esta política, sin embargo, no logró impedir el atentado terrorista perpetrado contra tropas españolas el pasado 24 de junio, que provocó la muerte de seis soldados. En definitiva, no existen diferencias entre la política de EEUU, Francia, España y Portugal; todos están de acuerdo en la necesidad de reforzar el Gobierno de Siniora y evitar una mayor desestabilización en Líbano semejante a lo que está ocurriendo hoy en Iraq.

En respuesta al ataque mortal perpetrado contra el contingente español de la FPNUL en el sur del Líbano, algunos funcionarios libaneses apuntaron al régimen sirio. Para justificar su argumento citan al presidente sirio Bashar Assad, que advirtió recientemente que si se aprobaba la creación del tribunal de Hariri la “zona que se extiende desde el Mar Caspio hasta el Mediterráneo ardería en llamas”.[9] La reacción oficial siria fue que el atentado contra las tropas españolas (España mantiene relaciones cordiales con Damasco) se enmarca dentro de un plan más amplio de EEUU e Israel de destruir Hezbolá y acabar con su líder, Sayyid Hasan Nasrallah.[10] El ataque contra las tropas de la FPNUL reforzará la postura de quienes reclaman un mayor despliegue de tropas de Naciones Unidas en la frontera entre Líbano y Siria. Además, desde el punto de vista sirio, el ataque pondría a Hezbolá en el ojo del huracán y minaría su credibilidad de cara a la ONU, siendo este uno de los principales objetivos del gobierno israelí.

Conclusión: Desde el inicio de la Administración Bush, la consolidación de la democracia en Oriente Medio ha sido uno de los ejes principales de la política exterior estadounidense en la región. Supuestamente eran tres los países –Iraq, Palestina y Líbano– que servirían de terreno de pruebas para esta misión. Cuatro años después de la invasión estadounidense, Iraq está sumido en el caos y el Gobierno de Maliki en Bagdad es débil e ineficaz. En Palestina, las elecciones democráticas celebradas en el año 2006 llevaron al poder al grupo islamista Hamás. Hoy, el panorama político palestino está dividido en dos (Hamás gobierna en Gaza y la Auotoridad Palestina en Cisjordania). La única carta que le queda a la Administración Bush para demostrar su apuesta por la democracia en Oriente Medio es Líbano. Esto explica el apoyo incondicional de EEUU al frágil Gobierno de Siniora y la presión ejercida por EEUU sobre los libaneses para que elijan un nuevo presidente antes de que finalice el mes de noviembre. Si este intento se salda con éxito la Administración Bush podría referirse a Líbano como una victoria fundamental en su aventura en pos de la Utopía. En caso contrario, Líbano volverá a sumirse en una guerra civil que recordará al descenso al Infierno de Dante.

Sean cuales sean las causas o los motivos, las tropas de la FPNUL desplegadas en el sur del Líbano se han convertido ya en parte de la lucha global por alcanzar una mayor influencia en el futuro de Líbano y Oriente Medio. Esta lucha entre Francia, EEUU y el Reino Unido, por una parte, e Irán y Siria, por otra, tendrá consecuencias ya sea positivas o negativas en el futuro de Líbano.

[1] Para más información sobre Hezbolá y la guerra de julio de 2006, véase Augustus Richard Norton, Hezbollah, Princeton University Press, Princeton y Oxford, 2007. Véase también Franck Mermier & Elizabeth Picard, Liban: Une Guerre de 33 Jours, Editions La Decouverte, París, 2007.

[2] La publicación de Bernard Rougier, Le Jihad au Quotidien (Presses Universitaires de France, París, 2004) ofrece un excelente análisis de los grupos yihadistas islamistas.

[3] El apoyo de la inteligencia siria a Fatah al-Islam está documentado en las confesiones grabadas de los miembros del grupo salafista detenidos en Trípoli. Estas confesiones han sido utilizadas por el Gobierno de Siniora como prueba adicional de la implicación siria en la desestabilización de Líbano. Véase también Jim Quilty, “The Collateral Damage of Lebanese Sovereignty”, Middle East Report Online, 18/VI/2007.

[4] Para más información véase Seymour M. Hersh, “The Redirection: Is the Administration’s New Policy Benefiting our Enemies in the War on Terrorism?”, The New Yorker, marzo de 2007. Véase también el excelente análisis de Dan Froomkin, “Cheney, by Proxy”, The Washington Post, 4/VI/2007.

[5] Para un excelente análisis del Tribunal Especial para Líbano, véase Nadim Shehadi & Elizabeth Wilmshurst, The Special Tribunal for Lebanon: The UN on Trial?, Chatham House Middle East/International Law Briefing Paper, MEP/IL BP 07/01, julio de 2007.

[6] Véase George Emile Irani, “Acknowledgment, Forgiveness and Reconciliation in Conflict Resolution: Perspectives from Lebanon”, CHRONOS, nº 5, Universidad de Balamand, Líbano, 2002. Véase también George Emile Irani & Laurie King-Irani (eds), Al Itiraaf bil Akhaar al Ghoufran wal Musaalaha, Lebanese American University, Beirut, 1996.

[7] Para más información véase Al-Nashra, 21/VI/2007, y An-Nahar, 21/VI/2007.

[8] Ibid.

[9] Declaración recogida en Al-Nashra, 26/VI/2007. Véase también As-Safir, 26/VI/2007.

[10] Un ejemplo es la acusación vertida por el ministro de Información sirio, Mohsen Bilal, que declaró que el ataque había sido perpetrado por individuos vinculados al Ejército del Sur de Líbano de Antoine Lahd, que recibió el apoyo de Israel antes de su desplome en el año 2000. Véase Al-Hayat, 27/VI/2007.