La entidad comunista y su despegue

Por Julio Anguita, ex secretario general del Partido Comunista de España y ex coordinador general de Izquierda Unida (EL MUNDO, 24/03/04):

El retroceso electoral de IU está produciendo un rosario de posicionamientos y declaraciones de dirigentes que no esperan el debate en los órganos de dirección. Dos líneas de argumentación captan mi atención: la que proyecta sobre el PCE la responsabilidad última del fracaso y la que propugna una vuelta a los orígenes para refundar el proyecto. Ambas se acompañan con una apelación vehemente a la apertura de relaciones con movimientos sociales, intelectuales, profesionales y a las propuestas feministas, ecologistas, pacifistas, etcétera.

Llama la atención la profusión de aderezos semánticos y el ejercicio de prestidigitación nominalista usados para evadir el núcleo del problema, el fondo de la cuestión. La Convocatoria por Andalucía de 1984, la IU de 1986 y la de 1989 establecían su entidad y su carácter plural a través del programa. Concebir, desarrollar y elaborar colectivamente una propuesta energética alternativa o establecer un conjunto de medidas fiscales, técnicas y políticas para preservar el Medio Ambiente y generar -a su vez- pautas de comportamiento personales y sociales más concordes con los nuevos valores de la conciencia ecológica, son los caminos más eficaces para establecer alianzas sólidas, duraderas y de integración en una realidad más rica y compleja. Y lo mismo vale para la propuesta de reducción de la jornada laboral a 35 horas, sin reducción salarial y en cómputo semanal. Podría seguir desde la memoria -nunca perdida- la exposición de propuestas concretas, viables, necesarias y de izquierda que IU ha ido postulando a lo largo de su historia.

Volver a los orígenes es afrontar la validez o invalidez de la elaboración colectiva de programas, la concepción de IU como movimiento político y social, la construcción de la alternativa, la unidad de acción de la izquierda, el funcionamiento de las asambleas básicas en régimen abierto, la transparencia de los censos de afiliación, la movilización permanente, entendida ésta como la actividad política, social y cultural de las organizaciones de IU en su entorno y las nuevas formas de hacer la política.

Volver a los orígenes es instalarse en la soberanía e independencia del proyecto con respecto a otras organizaciones política o sindicales. La independencia realza e impulsa el acuerdo, el pacto, la movilización conjunta y la creación de zonas de integración a través de la propuesta programática compartida. Recordemos las experiencias habidas con respecto a la alianza con CCOO y UGT para la Propuesta Sindical Prioritaria y la Iniciativa Sindical de progreso o el cambio de alianzas sindicales con USO y CGT en el apoyo y desarrollo a la iniciativa legislativa popular sobre las 35 horas porque los sindicatos mayoritarios no estaban de acuerdo con ella.

Volver a los orígenes -desde la pluralidad propia- es estar en disposición de establecer acuerdos, pactos y alianzas con el PSOE y otros, pero sobre la base de lo concreto, de contenidos, de acciones precisas. Y además hacerlo desde abajo, creando fuerza, produciendo hegemonía (con perdón). Empeñarse -con contumacia- en dar vida a la izquierda plural sin programa y sólo en función de la denominación de origen es querer enmendar la plana a una fuerza política (PSOE) que una y otra vez, en resoluciones de sus órganos federales de dirección y en las declaraciones de sus dirigentes, se postula como centro. Someto a consideración mis afirmaciones cuando llegue el momento en que José Luis Rodríguez Zapatero aborde las consecuencias derivadas del déficit cero, la regresividad fiscal, la Reforma Laboral y otras.

IU se ha visto sometida, desde su nacimiento, a la presión y al cuestionamiento por parte de un discurso y unas prácticas que negaban las elaboraciones aprobadas por casi todos en los órganos de dirección (incluidos los negadores en los hechos).La reiteración de la fórmula nacía en IU (por inducción externa) y se expresaba a través de los años con varias denominaciones: Recomposición de la fractura de 1920, Juntos podemos, Reequilibrio de la Izquierda, Casa Común, Izquierda Sociológica, Unidad de la Izquierda y ahora Izquierda Plural. Su contenido es simple y directo: la izquierda política y social debe hacer un frente común (nominalista en la mayoría de las ocasiones) ante la derecha; y en ese despliegue no puede contemplarse -ni de lejos- alterar el status entre mayoritarios y minoritarios o entre el movimiento obrero (reservado en exclusividad a los sindicatos) y las fuerzas políticas que también pretenden formar parte de él. Es el discurso de la supeditación y, en última instancia, el que niega la posibilidad práctica de la pluralidad interna y la incorporación de otros.El hueco del programa no puede llenarse con vocablos.

La segunda línea que vertebra las declaraciones antes citadas inculpa al PCE como fuente de errores y de prácticas lesivas a la pluralidad y a la capacidad para incorporar nuevas savias al proyecto. Lo que llama la atención sobremanera es la comprobación de que los que así se expresan son miembros veteranos del PCE y que además son también dirigentes federales de éste por cuya elección porfiaron en el XVI Congreso; soy testigo. ¿Se consideran incursos en la imputación? ¿Por qué no lo han impedido? ¿Utilizan en sus actividades dentro de IU técnicas y maniobras diferentes de las imputadas al partido? La búsqueda de un culpable y el escapismo semántico no son en absoluto caminos ética y racionalmente correctos.

Lo que sí es evidente, desde luego, es la presencia abrumadoramente cuantitativa de miembros del PCE en los órganos de dirección, candidaturas y cargos públicos de IU. Y ello obedece no sólo a unas supuestamente generalizadas prácticas de los aparatos de cada organización territorial, sino también a la dejación de funciones y responsabilidades en el trabajo orgánico del partido por parte de quienes detentan puestos de dirección a título de honoris causa. La presencia mayoritaria del PCE es consecuencia -también- de su entrega total a la creación de IU: acuerdos de sus congresos y comités centrales y federales, conferencias temáticas como la de Europa en 1989, que todavía sigue nutriendo el discurso europeo de IU y el trasvase de sus mejores dirigentes y cuadros.Pero si a la nueva criatura se le entregó lo mejor también ésta recibió los peores vicios y las lacras más estigmatizadoras del creador. Y todo ello se produjo a través de los mismos y las mismas que pasaron a ejercer en IU su trabajo prioritario.

Ha llegado el momento. Los que nos sentimos comunistas debemos acudir a una cita urgente con el presente acumulado desde el pasado. Y no sólo en España sino también en Europa. Han pasado muchas cosas: desintegración de la URSS, retroceso ideológico, cultural y moral de la izquierda, asesinato inútil del PCI, el Nuevo Orden Imperial, etcétera. Y más que los hechos ocurridos, la propaganda montada sobre los mismos. Hagamos un valiente ejercicio de memoria. Los que nos sentimos integrantes de la entidad comunista debemos arribar serenos, lúcidos y expectantes a las orillas del océano llamado Reflexión y allí desnudarnos totalmente -y como método- de nuestros apriorismos, contenidos, mitos y tabúes.Con la sola compañía de nuestra rebeldía ante una realidad injusta y bárbara, introduzcámonos en el debate y analicemos la vigencia de la lucha de clases, la situación de la clase obrera y su centralidad en el cambio revolucionario, las nuevas culturas y proyectos de liberación y, sobre todo, reconciliémonos o ajustemos las cuentas con Marx. Y si a resultas de ese ejercicio de honestidad intelectual convenimos en que nuestra entidad es necesaria y que la cosmovisión comunista es un haz de luz para la teoría y la práctica revolucionarias, aprestémonos a organizarnos para desplegar consecuentemente la praxis transformadora.

Y para esa labor la organización comunista de partido político ya no sirve para hoy. Nuestra entidad teórica y nuestra práctica consecuente nos conducen a constituirnos en movimiento organizado capaz de crear, sostener y desarrollar con otros instancias unitarias de movilización, concienciación, estudio y cultura emancipadora.Una organización de este tipo no necesita de estatutos prolijos y casuísticos sino de la honestidad personal y política de sus integrantes. La transformación de la sociedad conlleva la transformación de los individuos en el marco de valores clásicos y ya olvidados: austeridad, dignidad, solidaridad, universalidad, reivindicación de derechos, ejercicio de deberes y permanente referencia a los derechos humanos y la utopía.

Hace años, en un artículo que provocó polémica afirmé mi apuesta total por IU desde mi militancia comunista. Mi identidad sumada a otras puede producir una síntesis programática y política capaz de promover los cambios sociales, culturales e ideológicos que anteceden al gran cambio político: la transformación de la sociedad con ella y por ella. Mi identidad me estimula y me impulsa hacia el encuentro con otras. ¿En función de qué debo renunciar a ella? Marx definía al comunismo como «movimiento real que va superando constantemente la realidad». Fue la reflexión sobre esta afirmación la que provocó uno de los esbozos y aproximaciones a la concepción de IU.

Enrocarse, negar lo evidente y persistir en denominaciones, definiciones y parentescos políticos forzados es crear una fuerza política clásica e irreconocible a fuer de postizos. Es perder de vista la realidad y situarse en el mundo de Peter Sellers en Bienvenido Mr. Chance. Después de las elecciones europeas se abre un periodo de tiempo apto para la reflexión, la consulta y la creación política.Es urgente. Comencemos despacio.

Y para terminar quisiera hacer unas breves precisiones con el único fin de evitar polémicas aburridas y distractoras.

De todo lo que he expuesto no hay nada que no me concierna.He sido dirigente máximo del PCE y de IU y asumo mi responsabilidad.Dije hace un año que la Historia no es reversible; lo mantengo.Quisiera aportar mi esfuerzo, mi trabajo y mi dedicación prioritaria a esa reflexión, si se cree necesaria. Y quiero hacerlo desde el hábitat cultural romano y árabe de la Córdoba en la que vivo.Sólo espero como bálsamo para el cansancio y la fatiga el mismo premio que demandaba Berceo: un vaso «de bon vino», pero libado a las orillas del Wad-al-Qabir de la Bética.

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