La España que casi llegó

El pasado lunes, el notario López Burniol, el escritor Antoni Puigverd y yo mismo estuvimos reflexionando en CaixaForum sobre las ideas de Pi y Margall contempladas desde la perspectiva de hoy. La sesión llevaba el sugestivo y discutible título de “Pi i Margall i l´altra Espanya (que no arriba)”.

Francisco Pi y Margall nació en Barcelona en 1824. Tras licenciarse en Derecho estudió el doctorado en Madrid y desde entonces hasta su muerte en 1901 residió siempre en la capital. Como se sabe, Pi y Margall fue el más significado representante de las ideas federales en la España de su tiempo y prácticamente el único que defendió el federalismo desde entonces hasta hace muy poco, hasta la experiencia del Estado de las autonomías en la actual etapa democrática.

¿Por qué hasta ahora no ha habido federales en España? Esta es una buena pregunta. Antes de pasar a contestarla digamos que a pesar de que el Estado liberal español fue construido bajo esquemas centralistas, a imitación del modelo francés, durante el siglo XIX hubo corrientes que se declararon federalistas, situadas principalmente en el liberalismo democrático radical, lindante a veces, confusamente, con el anarquismo y el socialismo. Entre estas corrientes se movió en sus primeros años de vida política Pi y Margall, hasta llegar a presidente, durante poco más de un mes, de la breve, convulsa y desgraciada I República de 1873. Pero fue tal el fracaso de esta que, aparte de Pi y Margall y, a su muerte, de su hijo Pi Arsuaga, el federalismo apenas tuvo seguidores en España porque tal palabra evocaba, a derecha y a izquierda, desorden, caos y desintegración. Ni la II República quiso denominarse federal (se le puso el nombre de Estado integral), ni con dicho término se denominó el actual Estado de las autonomías, que no tiene denominación constitucional alguna.

En la Catalunya de fines del XIX y principios del XX hubo partidos y corrientes de izquierdas que se llamaban a sí mismas federales, más o menos seguidoras de Valentí

Almirall, un discípulo de Pi que rompió con su maestro en 1881 y dio paso al primer nacionalismo catalán. El actual PSC es el heredero de estas corrientes. Por su parte, el catalanismo de derechas, la Lliga de Prat de la Riba, se mostró siempre distante del federalismo de Pi. La prueba más fehaciente está en el libro de Duran i Ventosa Regionalismo i federalismo,publicado en 1905, antes de La nacionalitat catalana de Prat. Jordi Pujol, heredero de este catalanismo, se ha mostrado también siempre contrario al federalismo. Por tanto, el catalanismo político, a derecha e izquierda, nunca ha sido federal, siempre ha sido nacionalista. El racionalismo democrático, contractualista y laico de Pi y Margall nada tiene que ver con el sentimentalismo romántico que ha estado siempre en la base del catalanismo político.

Pi y Margall, por tanto, se quedó solo y sin continuadores. Quizás por ello, tras su fracaso como gobernante, se decidió a publicar en 1876 Las nacionalidades,un libro de gran interés, donde expone un modelo de Estado federal para España, inspirándose en las únicas experiencias federales de la época, es decir, Estados Unidos, Suiza y Alemania. Pi y Margall, principal redactor del proyecto de Constitución federal de 1873, intenta justificar dicho proyecto, a pesar del fracaso, para así mostrar la posible validez futura de un Estado federal para España.

Cien años después de su muerte, puede decirse que, sigilosamente, sin que nadie se enterara, las ideas de Pi en buena parte han triunfado. De la actual Constitución no se deducía claramente un modelo federal, pero su desarrollo ha conducido a un Estado de este tipo. En efecto, el modelo autonómico, igualadas en lo sustancial las competencias de todas las comunidades durante los años noventa, podía ya incluirse en esta forma territorial de Estado. Sólo faltaba culminar el modelo con instituciones de integración, en especial un Senado federal, e incrementar la cultura política propia del federalismo, es decir, aumentar la colaboración y la mutua lealtad entre las comunidades y el Estado.

Esta era la situación del Estado de las autonomías en el año 2003. Se le estaba comenzando a dar la razón a Pi y Margall: su modelo de otra España, distinta a la centralista, estaba ya a punto de llegar. En este momento, sin embargo, se produce un giro: el Estatut de Catalunya. Un giro del que todavía no sabemos con certeza las consecuencias que tendrá ni hacia dónde irá. En todo caso, al modelo de Pi y Margall se le pretende oponer el modelo de Almirall y de Prat, un modelo plurinacional y asimétrico, con distintas competencias entre comunidades, con relaciones bilaterales en lugar de instituciones federales.

Hablábamos el otro día en CaixaForum, decía al principio, de “Pi y Margall y la otra España (que no llega)”. ¿Qué no llega? Me permitiría corregir el título: se trata de una España que recorrió noventa y nueve metros y que le faltaba uno para llegar a los cien, a la España plenamente federal. Por tanto, casi llegó. Pero los actuales sucesores de Almirall y de Prat de la Riba, el PSCy CiU, con el respaldo de Zapatero, improvisando siempre, impidieron que las ideas federales, las de Pi y Margall, finalmente se impusieran. Mientras, nos hallamos en la incertidumbre de quienes están en el limbo: a la espera de una sentencia a la que se le pide injustamente aquello que los políticos, los legisladores, no han sabido resolver.

Francesc de Carreras, catedrático de Derecho Constitucional de la UAB.