La estrategia de Turquía para Irán

Luego de la reciente visita del ministro de Relaciones Exteriores iraní, Javad Zarif, a los estados del Golfo, todo está dado para que la ofensiva amistosa de la República Islámica continúe con el viaje del presidente Hassan Rouhani a Turquía a comienzos del mes próximo. A diferencia de la mayoría de los vecinos árabes de Irán, Turquía inequívocamente recibió con beneplácito el acuerdo nuclear interino sellado el mes pasado entre Irán y el P5+1 (los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y Alemania). Pero los estrategas políticos turcos son profundamente conscientes de que el acuerdo puede trabucar el frágil equilibrio de poder de Oriente Medio.

Desde la perspectiva de Turquía, están dadas las condiciones para que el acuerdo nuclear, si se implementa exitosamente y se torna permanente después de seis meses, elimine una preocupación de seguridad importante. El gobierno del primer ministro Recep Tayyip Erdoğan no quiere enfrentarse a un Irán nuclear, por temor al surgimiento de una relación asimétrica de poder con la República Islámica después de siglos de lazos equilibrados.

Sin embargo, Turquía no aprobó una intervención militar en Irán, liderada por Estados Unidos. Se creía que un ataque militar crearía aún más problemas en términos de estabilidad y seguridad regional. Esa es la razón por la que los estrategas políticos turcos persistieron en defender una solución diplomática para el enigma iraní, que es lo que consiguieron con el último acuerdo.

Existen otras razones por las que las autoridades turcas han recibido con tanto beneplácito el acuerdo interino. Primero, interpretan el acuerdo como una justificación de su esfuerzo desafortunado de mayo de 2010 (junto con Brasil) para llegar a un acuerdo con Irán sobre cómo deshacerse del combustible nuclear iraní. Las autoridades turcas siguen resaltando ese acuerdo tripartito anterior con Irán. El ministerio de Relaciones Exteriores, por ejemplo, difundió un documento que observa que “El acuerdo… constituye el primer avance positivo concreto con respecto al programa nuclear de Irán desde la Declaración de Teherán de 2010”.

Turquía también está satisfecha con el hecho de que el acuerdo no debilita su posición en materia de derechos soberanos bajo el Tratado de No Proliferación Nuclear. Turquía ha defendido consistentemente la interpretación de que los estados tienen el derecho a establecer programas domésticos de enriquecimiento de uranio bajo el TNP, siempre que cumplan con sus compromisos con el tratado.

Inclusive en el pico de las tensiones diplomáticas con Irán, Turquía se abstuvo de adoptar la posición más maximalista de Estados Unidos, que desafió la validez del derecho de Irán a enriquecer uranio. De manera que la aceptación tácita y condicional de este derecho es un desenlace satisfactorio para Turquía. Si bien Turquía actualmente no tiene planes de desarrollar un ciclo de combustible propio, su agenda ambiciosa para desarrollar energía nuclear hizo que los responsables de las políticas tuvieran una postura firme en materia de salvaguardar los derechos reconocidos por el TNP, inclusive el derecho a enriquecer uranio.

También existen consideraciones económicas relevantes para Turquía, que depende de Irán para una porción sustancial de sus importaciones de energía. Igualmente importante, por tratarse de un país vecino, Irán ha sido un socio comercial tradicional -una relación que vale más de 15.000 millones de dólares por año-. En consecuencia, el potencial exportador de Turquía se ha visto afectado negativamente por la creciente severidad del régimen de sanciones contra Irán, con pérdidas comerciales estimadas en 6.000 millones de dólares para los primeros nueve meses de 2013. Se espera que el alivio gradual de las sanciones beneficie a las industrias exportadoras de Turquía, que planean satisfacer la demanda reprimida iraní de bienes de consumo e inversión.

Para concluir, a diferencia de los estados árabes como Arabia Saudita, Turquía en general se siente cómoda con las ramificaciones geopolíticas del acuerdo. La mejora de la relación de Irán con Occidente y el alivio de la presión diplomática sobre la República Islámica no es una preocupación importante. Pero, para los estados del Golfo -y posiblemente también para Israel-, este escenario es visto como una puerta abierta a una mayor influencia iraní en toda la región. Estos países creen que, luego del acuerdo interino, Estados Unidos no demostrará una resolución lo suficientemente fuerte para disuadir a Irán de aspirar a una hegemonía regional.

En ese caso, las tensiones entre Arabia Saudita e Irán se agudizarán en los próximos años y podrían convertirse en el principal factor desestabilizador de la región. En este contexto es que el papel de Turquía como una potencia secular capaz de trascender la división sectaria será más importante que nunca. Los estrategas políticos turcos harían lo correcto si aprovecharan la oportunidad para consolidar la eficacia del país como un actor regional que está en una posición única para cortar de cuajo el peligro de una creciente ruptura, que en potencia podría resultar extremadamente peligrosa.

Sinan Ulgen is Chairman of the Istanbul-based Center for Economics and Foreign Policy Studies (EDAM) and a visiting scholar at Carnegie Europe in Brussels.

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