La Europa de hoy, como la de 1915

Las editoriales, como la construcción de edificios, tienen sus cimientos profundos y sus fachadas atractivas, las vigas maestras y los balcones. Los muros de carga no se ven, pero lo sostienen todo y permiten que pueda haber flores en los balcones. Hay, ciertamente, algunos editores, grandes o pequeños, que trabajan como los empresarios de la burbuja, cuyos edificios se deterioran rápidamente, mientras otros, grandes o pequeños, publican textos fundamentales o menores, pero siempre necesarios para la cultura de un país, al igual que el calcio para los huesos de una persona.

Algo que no siempre resulta fácil para un editor. Por ejemplo, la editorial Lavoro ha publicado una espléndida versión de una obra maestra como El cuarto siglo de Édouard Glissant, que no encuentra fácilmente sitio entre las pilas de libros de las novedades. Otro ejemplo entre muchos es el de la editorial Marietti, que hace años aportó a la cultura italiana obras fundamentales de la literatura yiddish, de la mística hebrea y árabe y de la narrativa centroeuropea, que contribuyó a descubrir y dar a conocer en Italia.

Es precisamente Mitteleuropa la que ahora se puede conocer más a fondo, así como la fascinación de su gran literatura, de su mosaico plurinacional e hirviente de odios nacionales. La que la da a conocer por encima de cualquier mito es un libro viga maestra de una editorial sustancial y nada aparente, la editorial Aragno, a la que se deben publicaciones esenciales. Por ejemplo, los ensayos A través del nihilismo de Tito Perlini, otra piedra angular, para entender las transformaciones del mundo que estamos experimentando, de las que todos hablan pero yendo raramente al fondo.

El título es lacónico: Mitteleuropa, de Friedrich Naumann. Cuando salió, en 1915, cosechó un gran éxito. Durante muchos años, lo hemos olvidado y marginado, con alguna mención de pasada, hablando de Francisco José o de Joseph Roth. Un libro de hace cien años que hoy reviste -quizás demasiado- una extraordinaria actualidad, por lo que se refiere a lo que está sucediendo hoy en Europa central y, consiguientemente, en toda Europa. La editorial reedita la versión italiana de 1918 de Gino Luzzatto, el gran historiador de la economía, con un breve y feliz prólogo de Giuseppe Di Leo, que ayuda a sumirse rápidamente en la lectura del libro.

Friedrich Naumann era un gran estudioso de política y de economía, diputado en el Reichstag durante diez años y, tras la derrota de Alemania en la Primera Guerra Mundial, participó en las labores de la asamblea de Weimar y en la redacción de la constitución republicana alemana.

Su pensamiento decididamente alemán-nacional, nutrido por profundos intereses sociales, se había ido enriquecido con el tiempo con elementos liberales, absorbiendo incluso la influencia de Max Weber, una de las mayores mentes del siglo XIX, cuyas intuiciones -por ejemplo, sobre el desencanto- son todavía hoy un pilar de la comprensión de nuestro mundo. En el centro del interés y de la pasión de Naumann se encuentran ciertamente Alemania, su papel hegemónico en la Europa central y continental, y sus relaciones con la Austria de los Habsburgo, especialmente complejas por lo que se refiere a Hungría y a varios pueblos incluidos en la doble monarquía.

Consciente de la imposibilidad de la unión política entre Alemania y Austria-Hungría, de la que era partidario, Naumann veía a Alemania como el elemento predominante en Europa y analiza a fondo sus relaciones con los otros Estados importantes del mundo, desde el Imperio británico al zarista, desde la debilitada pero siempre importante potencia de Francia a la naciente de EEUU.

Partidario de una Europa que gravite en torno a Alemania, pero con pleno respeto a cada uno de los Estados y de los derechos de las distintas minorías nacionales, Naumann era profundamente alemán, sentía la exigencia de espacio que tenía Alemania y buscaba conciliarla con una política pacífica, consciente como era de la complejidad geopolítica de Europa y de sus relaciones con el resto del mundo.

En los más de cien años transcurridos entre el libro de Naumann y la realidad de hoy han tenido lugar profundos cambios que han barajado las cartas de la Historia universal como un huracán. Nacimiento y muerte del fascismo, del nazismo, del comunismo y de otros muchos regímenes y sistemas políticos; formación y disolución del universo soviético; surgimiento de potencias mundiales como Estados Unidos y, más tarde, China; éxodos bíblicos y traslado de pueblos y de fronteras, así como rígidos muros fronterizos construidos, derrumbados y reconstruidos; transformaciones radicales de la vida social, de las ideologías, de las costumbres, de los valores morales y de la misma identidad humana, física y psicológica.

Es desconcertante -incluso inquietante- que el libro de Naumann vuelva a emerger ahora no como un majestuoso monumento de la cultura del pasado, sino como un inquietante retrato del presente, algo que sería impensable para el propio autor. Se trata del retrato de una Europa no como quisiésemos que fuese y por la que seguiremos luchando para que sea como la queremos y como debe ser, sino un retrato de cómo es hoy sustancialmente Europa, de las fuerzas que la disgregan y de las minas políticas sembradas por doquier, para entorpecer el proceso de su democracia unida.

La Mitteleuropa de este libro no es aquel extraordinario continente cultural que hemos descubierto y amado en los Musil, en los Roth, en los Svevo, en los Kafka, en los Krleza, en los Klimt y en los Schönberg. No es la Europa plurinacional (hinternacional, como escribía Johannes Urzidil) con su gran cultura, que acogía y expresaba la desazón de la Historia, el final del mundo de ayer y quizás no solo de ayer. Una cultura que había sido un baluarte humano contra los totalitarismos fascistas y comunistas. Naumann no pudo conocer esa Mitteleuropa, porque ésta vivió su propia y extraordinaria era cultural sobre todo después de la publicación de su libro.

Pero, en una inquietante paradoja, la Mitteleuropa de hoy es la que él describe y analiza, con los muros que son levantados de nuevo, con feroces discordias y ambiguas alianzas que disuelven la humanitas supranacional y la apertura temeraria al futuro y a las nuevas formas de conocimiento, de arte y de ciencia que caracterizaban a los Musil, los Broch, los Wittgenstein, los Loos, los Kis. Una levadura espiritual que sería nuestra posible salvación en una auténtica Unión Europea.

La probable lejanía de Naumann respecto a las nuevas formas de las artes y de la filosofía le permitió paradójicamente indagar con una incomparable lucidez en las estructuras profundas del mundo mitteleuropeo, destructivas y hoy mucho más fuertes que las visiones más abiertas y creativas del mundo. Pero si queremos entender mejor lo que pasa hoy en Hungría o en Polonia, en la República Checa o en Eslovaquia, en la actitud de los países occidentales hacia ellos, en la continua alternancia de pasos adelante y atrás, y en el resurgimiento de oscuros nacionalismos y de antiguos rencores, tenemos que leer este viejo y, sin embargo, actual libro de Naumann.

En La llamada de la selva de Jack London, Buck, el perro, regresa a la existencia atávica de la manada, pero sólo después de la muerte de su amadísimo dueño-compañero, asesinado en el Bosque. Intentemos impedir que la anquilosada y dividida Unión Europea muera y que nuestra Mitteleuropa sea una selva salvaje, aunque intente mimetizarse so capa de una educada hipocresía.

Claudio Magris es escritor. © Corriere della Sera. Traducción: José Manuel Vidal.

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