La ex cabalgata de Vic

Uno de los gags más populares de los Monty Python tiene como escenario una tienda de mascotas. John Cleese se queja al dependiente (Michael Palin) porque le ha vendido un loro muerto. El tendero asegura que no es cierto y que está vivo. Al final el cliente insatisfecho lanza un alegato asegurando que el cadáver del loro es ya un ex loro. De la misma manera podemos asegurar que la cabalgata de Reyes que se celebró ayer en Vic (Barcelona), gracias al agit-prop de la Assemblea Nacional Catalana (ANC) y Òmnium Cultural, se ha convertido en una ex cabalgata.

La cabalgata de Vic, como el loro de John Cleese, ha muerto. O, mejor dicho, la han matado los dirigentes de la ANC y Òmnium al convertir una fiesta para los niños, una celebración de los más pequeños, en un acto de propaganda política. El matiz de última hora de Òmnium intentando limitar el apoyo a esta iniciativa de su sucursal local, pero desmarcándose a nivel catalán, resulta patético.

Las próximas generaciones de habitantes de Vic, cuando hablen de las cabalgatas del pasado, lo harán de la del 2017 no por la belleza de las carrozas, ni porque la decoración de ese año fuera espectacular. La cabalgata más famosa de la historia de la ciudad habrá conseguido ese título gracias a la vocación manipuladora de las entidades que dicen representar a la sociedad civil catalana, y que lo que hacen es dividirla cada día más. Es una barbaridad pedir la exhibición de símbolos secesionistas durante un acto infantil.

Por supuesto, el tendero de esta historia, el presidente de la ANC, Jordi Sànchez, intenta justificar lo injustificable. Por eso niega, sin ruborizarse, que su actuación tenga intenciones políticas y hace declaraciones de este tenor: “La estelada en Vic no se vive como un elemento de conflicto sino de normalidad. La prueba es que desde 2012 las cabalgatas han convivido con la presencia de estos farolillos. Por lo que sea, este año se ha generado una noticia y parece que nos hayamos vuelto todos locos”. Queda claro. El tendero niega que el loro muriera ayer. En todo caso falleció en 2012, año en que en Vic la ANC y Òmnium decidieron convertir una fiesta para los niños en un aquelarre secesionista. Y el presidente de la ANC se asombra de que John Cleese (que representa a la mayoría de la sociedad catalana que no es separatista) se queje por algo, un loro muerto, que es lo más normal del mundo y que a nadie molesta ni extraña. Éste es el problema principal: para los independentistas radicales convertir una cabalgata de Reyes en una manifestación política es lo más razonable del universo. Por eso, cuando alguien protesta le tachan de ser un malvado unionista al servicio de la España post-franquista que quiere romper la armonía de la sociedad catalana.

¿Por qué tanto lío con la cabalgata de Vic? Porque TV3 la escogió para su retransmisión tradicional de la víspera de Reyes. En principio se podría pensar que la cadena no es culpable de la polémica, dado que si hubieran elegido otra ciudad catalana la ANC y Òmnium se habrían movilizado de la misma manera y habrían situado voluntarios alrededor del recorrido con sus farolillos con la estelada y sus símbolos secesionistas. Pero tras escuchar el argumento del tendero Sánchez para vender su loro muerto, es decir, que se exhiben farolillos con la estelada en Vic “con plena normalidad desde el 2012”, la pregunta, entonces, es ¿por qué ha escogido la televisión de la Generalitat una cabalgata que desde hace años congrega a un buen número de activistas secesionistas que llenan el recorrido con símbolos separatistas para convertir una fiesta infantil en un acto político? ¿A qué juega TV3, que ya no respeta ni la ilusión de los más pequeños?

La respuesta parece obvia: la dirección de TV3 no considera la exhibición de símbolos separatistas en una cabalgata infantil un problema, sino algo positivo y deseable dado el papel que esta cadena ha asumido de punta de lanza del proceso secesionista. Basta con ver cómo introducen este tipo de mensajes a lo largo de toda su parrilla, sea en informativos, programas de entretenimiento, debates, comedias, programas de humor o series.

Es normal que ANC y Òmnium llamaran a somatén para que el sector secesionista de la población de Vic y alrededores se movilizara. Ambos colectivos daban por supuesto el apoyo de TV3 a su campaña propagandística, porque en el pasado esta cadena lo ha hecho con entusiasmo convirtiéndose prácticamente en coorganizadora de las manifestaciones multitudinarias de los 11 de septiembre. Semanas antes ya estaban dedicando reportajes a los preparativos de las vías catalanas, explicando cómo y dónde apuntarse a la mismas. Más que informaciones, eran publirreportajes gratuitos al servicio de la secesión sufragados con el dinero de todos los catalanes.

Por eso ANC y Òmnium estaban convencidos de que las cámaras de TV3 no evitarían enfocar las banderas y los farolillos con la estelada, y con toda la naturalidad del mundo pidieron a su gente que mostraran todo su arsenal de símbolos separatistas. Y ante las quejas de los partidos constitucionalistas, la magnífica pregunta a la Comisión Europea por parte de la eurodiputada Teresa Giménez Barbat para proteger los derechos de los niños catalanes que han sido llamados a usar símbolos independentistas en esta cabalgata, o las denuncias públicas de entidades como Societat Civil Catalana, se han limitado a exhibir el tradicional victimismo secesionista.

Como hace años que los políticos separatistas y sus terminales en la sociedad civil subvencionada han decidido ignorar la realidad para dedicarse a la ingeniería social y la propaganda, les da igual que la mayoría de los catalanes no aprueben esta iniciativa. “Si no les gusta TV3 que no la sintonicen y que vean la cabalgata en otra cadena”, dicen. Consideran que la televisión de la Generalitat, como el dinero público de todos los catalanes, es patrimonio suyo y no les tiembla la mano a la hora de cerrar ambulatorios, o reducir el número de camas de los hospitales públicos mientras no faltan los fondos para embajadas de la Generalitat, acción exterior o para la maquinaria propagandística pro-secesión.

Los secesionistas juegan su papel. Tienen muy claro sus objetivos y usan todas las herramientas a su alcance. Somos los constitucionalistas los que hemos de tomar nota de su claridad de acción. Mientras unos dudamos, ellos actúan. Mientras unos avanzan, otros retrocedemos. La acción de la Justicia no les detendrá, porque van dos pasos por delante y siempre encontrarán alguna forma para seguir avanzando en su camino hacia la ruptura de España.

Sigo esperando, seguimos esperando, tal y como dije hace unas semanas en estas mismas páginas, un plan B, una hoja de ruta del Gobierno de España para reconquistar los corazones de los catalanes que han sido engañados por la propaganda secesionista. Hemos de reconstruir los lazos que ERC, la antigua Convergència y la CUP han conseguido debilitar. Estoy deseando comprobar que la llamada Operación Cataluña del Gobierno va más allá de lo que algunos denuncian: una maniobra a corto plazo para apaciguar con dinero público a los separatistas.

Soy optimista, y confío en que el Gobierno piensa en las futuras generaciones y quiere que Cataluña vuelva a tener un Gobierno autonómico leal que trabaje para el bienestar de todos los españoles, y no para enfrentarlos. Para conseguir este objetivo es necesaria mucha pedagogía y muchas ganas de desmontar la maquinaria de propaganda que ha engañado a centenares de miles de catalanes. Estoy deseando que la cabalgata de Vic sea la última ex cabalgata, y que los niños puedan ir a ver a los Reyes Magos, recoger caramelos y disfrutar del colorido de las carrozas. Y no para ser utilizados como carne de cañón propagandístico por parte de unas entidades políticas sin escrúpulos.

Sergio Fidalgo es presidente del Grup de Periodistes Pi i Margall.

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