La fallida reforma de pensiones de Putin

La Rusia moderna nunca ha tenido un sistema de pensiones adecuado. Heredó de la Unión Soviética un sistema que tenía, tanto edades de jubilación muy bajas (55 para las mujeres y 60 para los hombres) como escasos recursos para financiar las pensiones estatales. Sin embargo, la reciente decisión del presidente Vladimir Putin y de la Duma (el parlamento) con respecto a aumentar la edad de jubilación no solucionará el problema – y, puede crear problemas aún más graves de los que resuelve.

Desde el año 1991, se han implementado al menos seis reformas de pensiones distintas, cada una de las cuales contradice a su predecesora. Y, cuando el gobierno intentó facilitar el surgimiento de fondos de pensiones privados, dichos nuevos vehículos se fueron pronto a la quiebra, debido al fraude masivo. En resumen, las diversas reformas han tenido pocos resultados perceptibles.

La elevación de la edad de jubilación – a 60 para las mujeres y 65 para los hombres – parece ser una forma simple de ayudar a cerrar la brecha deficitaria en cuanto a financiamiento. Sin embargo, se ha demostrado que dicha elevación de la edad es estrepitosamente impopular, ya que causó la caída en picada del índice de aprobación de Putin en al menos una docena de puntos porcentuales, desde la primavera pasada a la fecha, llegando a un nivel no visto desde antes de la anexión de Crimea en el año 2014.

La oposición popular a la mencionada medida no refleja incomodidad con el cambio, ni una falta de voluntad para trabajar. Si se toma en cuenta que la esperanza de vida masculina rusa es de tan sólo 67 años, el aumento de la edad de jubilación a 65 años para los hombres es similar a emitir una sentencia de muerte según las tablas estadísticas. (Las mujeres rusas viven mucho más tiempo – sobre todo porque beben mucho menos alcohol – y les irá razonablemente bien, según los estándares mundiales, en el nuevo sistema).

No obstante, dejando de lado la oposición popular, la elevación de la edad de jubilación aborda el problema incorrecto de manera incorrecta. El objetivo de la reforma es aliviar la presión sobre el presupuesto público, al permitir que el gobierno reduzca los subsidios al fondo de pensiones. Pero, si bien el fondo de pensiones de Rusia tiene un déficit masivo, los subsidios estatales a este fondo representan menos del 10% del presupuesto total consolidado – menos que la fluctuación causada por los cambios en los precios del petróleo cada año. Para un país con una deuda soberana insignificante, un superávit presupuestario estable y reservas en moneda extranjera que crecen en $30 mil millones cada año, gastar $30 mil millones adicionales para subsidiar las pensiones no debería ser un problema de importancia.

Lo que sí será un problema de importancia es el efecto que cause la edad de jubilación más alta en el mercado laboral. Si los trabajadores mayores conservan su trabajo por más tiempo, los trabajadores más jóvenes tendrán más dificultades para encontrar empleo en muchos campos. En el caso de las empresas que prefieren empleados más jóvenes –por ejemplo, debido a que operan en una industria de vanguardia o en rápida evolución, incluso puede que surjan incentivos para sobornar a los inspectores laborales, a fin de evitar sanciones por discriminar a los trabajadores de mayor edad.

En cambio, los líderes de Rusia deberían reconocer que el verdadero desafío que enfrenta su país es el envejecimiento de la población, y que elevar la edad de jubilación es, por lo tanto, simplemente poco más que una solución similar a aplicar un parche pequeño temporal. Al fin y al cabo, si el fondo de pensiones se mantuviera sostenible usando únicamente este abordaje, la edad de jubilación tendría que elevarse en otros cinco años, es decir a 70 años, en el año 2028. Si la economía rusa permanece estancada, tal como se esperaba que ocurra, el impuesto a las pensiones (que ya llega al 22% de los ingresos) también tendría que elevarse en cinco años con el fin de mantener estables los niveles de financiamiento del fondo.

Un abordaje más sostenible para cubrir el déficit de financiamiento se centraría en mejorar la administración del fondo de pensiones de Rusia, mismo que, con sus más de 100.000 empleados y miles de oficinas en todo el país, es demasiado costoso como para mantenerlo en funcionamiento. De hecho, gran parte del déficit del fondo puede eliminarse simplemente mediante la racionalización de las operaciones y de los costos asociados.

Se podrían también encontrar recursos al reasignar dinero desde las pensiones de “categorías especiales» de ciudadanos, tales como los miembros de los servicios de seguridad, quienes hoy en día tienen la opción de jubilarse a los 45 años. Los funcionarios estatales rusos no sólo tienen derecho a jubilarse antes; a ellos también se les paga 2 a 3 veces más que a otros ciudadanos.

Otra reforma que podría ayudar durante un largo trecho del camino hacia la resolución de los problemas de pensiones de Rusia – un plan de aportes fijos al fondo de pensiones – ya se inició en los hechos en el año 2002. En el año 2009, se lanzó un esquema de cofinanciamiento, en el que los aportes individuales voluntarios de las personas eran duplicados –hasta un cierto nivel y durante un período limitado – mediante aportes coincidentes, que en contrapartida realizaba el Estado.

Sin embargo, en el año 2013 el experimento de aportes fijos que se describe en el párrafo anterior terminó abruptamente. Si bien, hoy en día, la reintroducción de un plan de este tipo exigiría de un apoyo financiero gubernamental aún mayor, al menos al principio del mismo, a largo plazo crearía un sistema sostenible y autosuficiente.

La pregunta obvia es por qué el gobierno de Rusia está sacrificando el apoyo público por ir tras de la consecución de una reforma ineficaz destinada, simplemente, a recortar el gasto en pensiones, en lugar de genuinamente tratar de establecer dicho sistema de pensiones sobre una base financiera sólida. La respuesta a esta pregunta se encuentra, probablemente, en el abordaje que prefiere Rusia con respecto a la gobernabilidad, mismo que aún enfatiza un control centralizado de estilo soviético. La elite gobernante de Rusia preferiría cortar los pagos a millones de jubilados antes que acceder al surgimiento de un sistema privado autosuficiente que permita que las personas tomen sus propias decisiones.

El modelo económico de capitalismo amiguista de Rusia requiere que se dilapide un volumen eternamente creciente de fondos en lujosos megaproyectos que generan enormes ganancias para una docena de familias cercanas al Kremlin. Ahora, parece que llegó el turno de los jubilados en cuanto a hacer los sacrificios necesarios para financiar los apetitos de la nueva aristocracia de Rusia. Y, debido a que elevar la edad de jubilación no salvará al fondo de pensiones, es sólo cuestión de tiempo antes de que el gobierno exija más recortes para mantener felices a los compinches de Putin.

Andrei Movchan is a nonresident scholar in the Economic Policy Program at the Carnegie Moscow Center. Traducción del inglés: Rocío L. Barrientos.

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