La farsa de la legalidad internacional

Por Roberto Centeno, catedrático de Economía de la Universidad Politécnica de Madrid (EL MUNDO, 19/03/03):

Desde que en 1945 el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas recibió el encargo de garantizar la seguridad colectiva y la legalidad internacional, jamás ha servido para el cumplimiento de tan nobles fines. De los más de 15 conflictos importantes ocurridos desde entonces, sólo en tres ocasiones -Corea (1951), Irak (1991) y Afganistán (2001)- el Consejo de Seguridad aprobó la intervención.Francia, en particular, jamás pidió autorización para intervenir en Africa y cambiar regímenes a su antojo. Y en masacres espantosas -Kosovo (250.000 muertos), Ruanda (más de un millón de muertos)- el Consejo fue incapaz de actuar.

Sin embargo, tal vez nunca como ahora se ha puesto de manifiesto el porqué de esa incapacidad. La inmoral defensa de intereses bastardos por parte de unos, el vergonzoso mercadeo del voto por parte de otros o simplemente el no querer mojarse han hecho quedar a Estados Unidos, Gran Bretaña y España, que habían ido al Consejo de buena fe, como auténticos pardillos por no hablar del hecho de que países esenciales en el mundo actual como Japón, India, Brasil o Indonesia no sean miembros permanentes de esa institución.

Repasemos en qué consiste hoy realmente la «legalidad internacional».El primero el señor Chirac, un hipócrita que probablemente estaría procesado de no ser por la inmunidad de que disfruta, y que no sólo ha afirmado que no aceptará la sustitución de su amigo Sadam Husein «bajo ninguna circunstancia», sino que no ha dudado un instante en dañar gravemente todas las instituciones y el sistema de seguridad euroatlántico con tal de mantener sus privilegiados negocios con el régimen criminal de Bagdad.

El segundo el señor Putin, que había pedido seis grandes compensaciones político-económicas y entre ellas el garantizar que las constructoras rusas reconstruirían todas las infraestructuras de la época de la Unión Soviética, la mitad de Irak, y además sus petroleras deberían tener una parte significativa en el futuro desarrollo de las reservas de Irak. Y al peor de todos, Schröder, que al contrario que Blair y Aznar, que han sacrificado sus intereses políticos a sus convicciones, ha destruido a cambio de votos los mejores activos de su patria -las relaciones con Estados Unidos y los países del Este- y que aún tiene el descaro de filtrar que Estados Unidos debe ser «magnánimo» con las empresas alemanas en la reconstrucción del Irak.

Y así todos, uno por uno, con la desvergüenza añadida de México y Chile, que parecen haber olvidado que tienen tratados preferenciales con Estados Unidos y que piden más compensaciones. Lo más ignominioso es que todos estos traficantes de la paz o de la guerra visten sus negativas con razones de orden moral o político, engañando así a la opinión pública. ¿Cabe mayor ley de la selva que la farsa que estamos viviendo? ¿Puede alguien afirmar en su sano juicio que los intereses bastardos de estos personajes y personajillos son la legalidad internacional? Después de 12 años y 16 resoluciones incumplidas, todavía hay que dar más tiempo al tirano de Bagdad.

Cada día que pasa estas aves de rapiña están permitiendo que los criminales de Bagdad preparen sus gases mortíferos, sus ataques suicidas -no olvidemos que Sadam paga 25.000 dólares a cada familia de los kamikazes palestinos- y sus trampas mortales, y a nadie parecen importarle las vidas adicionales que esto va a costar.Vaya desde aquí mi admiración y mi gratitud a los hombres y mujeres americanos, británicos y australianos que se van a jugarse la vida por nuestra seguridad y por la de nuestros hijos, como sus padres se la jugaron en Anzio, en Normandía, en las Ardenas y en el largo camino a Berlín para que nuestros padres y sus hijos, nosotros, disfrutemos hoy de la democracia y de la libertad.

No siempre es cierto que los gobernantes deban guiarse por el clamor popular, primero porque siempre son muchos más los que callan que los que se manifiestan, y segundo porque una paz que permita que tiranos que han jurado rediseñar el mundo campen por sus respetos con sus armas de destrucción masiva no es paz: es un suicidio. Chamberlain y Daladier escucharon el clamor popular en 1938 y su cobardía y falta de convicción provocó 100 millones de muertos.

Afortunadamente, esta vez España ha podido salir del rincón de la Historia y estar donde debe estar, en defensa de nuestros intereses y nuestros valores. Nadie de los que tan profusamente han criticado este posicionamiento ha podido presentar una alternativa que defienda mejor nuestros intereses. En realidad no han presentado ninguna, excepto que hay que escuchar la voluntad popular. Chirac y Putin han dicho no por intereses muy concretos; China también, y a ninguno de ellos se le ha ocurrido decir que sigue la «voluntad popular». Unicamente Schröder, que ha vendido a su patria a cambio de un puñado de votos.

De todas formas, lo realmente importante, una vez liberado el pueblo iraquí, llega ahora: cómo ganar la paz. Aznar ha recibido de Bush un encargo trascendental: liderar el proceso de paz en Oriente Próximo. ¿Cabe mayor honor y mayor responsabilidad en que España desempeñe tan importante papel? Y esto es sólo el comienzo. Toda Europa excepto Francia, Alemania, Bélgica y Grecia está con el trío de las Azores. Como también el grueso del mundo árabe, lo que abre para nuestro país unas perspectivas realmente asombrosas si sabemos jugar nuestras cartas tanto en lo político como en lo económico.

Un corolario final. Será muy ilustrativo el conocer la opinión del pueblo iraquí cuando sea liberado respecto al «No a la guerra».Y sobre todo los datos de los negocios realizados y las comisiones percibidas del régimen de Sadam por determinadas personas y empresas.Eso puede ayudar a entender muchas cosas que hoy resultan incomprensibles.

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