La federalización asimétrica

Por enésima vez hay Cumbre Europea. Por enésima vez hay una esperanza taumatúrgica en sus resultados. Por enésima vez es posible que pueda decepcionar o ser el inicio de un verdadero camino de recuperación política y económica en la UE ¿Por qué puede decepcionar y en qué consistiría la esperanza? Puede decepcionar porque en la UE hay grandes dificultades a la hora de tomar decisiones importantes. Puede dar esperanza porque la necesidad hace virtud y la crisis empuja a tomar decisiones.

La Unión está compuesta por 27 estados con circunstancias muy distintas. En el campo económico y en el político. Hay democracias consolidadas y democracias en consolidación. Países centralizados y países descentralizados en su administración. Algunos, 17, pertenecen al euro. Otros no. De estos últimos el Reino Unido y algún nórdico no quieren entrar en la Eurozona, sus intereses nacionales o su opinión pública lo rechazan. Otros esperan entrar en la moneda única, pero eso cada vez está más difícil.

Dificultades. Compaginar los intereses de un grupo tan heterogéneo no es fácil. No hay un liderazgo claro. Alemania, que pudiera serlo, está enrocada en sus miedos particulares. El recuerdo de la hiperinflación de la República de Weimar, que trajo el nazismo y la Segunda Guerra Mundial, les aleja de soluciones monetarias alegres al estilo de las tomadas por Barack Obama en EEUU. Francia ha dado un giro que desmorona la alianza franco-alemana. Londres siempre ha jugado a desmarcarse del continente; es una vocación histórica. Los países del sur, los más europeístas, están en una situación económica delicada, no pueden liderar. En realidad se ha perdido la perspectiva de una Europa unida tal y como la pensaron sus fundadores: Adenauer, Schumann y De Gasperi.

Además, cada dirigente europeo, -con excepción de los político-eurócratas (como Antonio Durão Barroso)- está más pendiente de sus electores locales que de los intereses generales de la UE. Con esta diversidad y esa falta de liderazgo no se pueden pedir peras al olmo; pero sí que se den pasos importantes. ¿Qué pasos se deberían dar?: el federalismo asimétrico.

Por muy tímido que resulte, cualquier paso es importante. De momento parece que los que hay que dar están en varios campos: la consolidación fiscal, la ordenación de la deuda, el mercado de trabajo, y la supervisión bancaria.

Lo que pasa es que intentar hacer acuerdos de aplicación general, con la diversidad antes descrita y la falta de liderazgo es, cuando menos, complicado. Por eso lo realista es una especie de federación asimétrica. En realidad ya se ha hecho. La creación de la zona euro, en la que participan unos países y otros no, es una asimetría, que ahora damos por normal.

Esa federalización debe ser en parte obligatoria para los componentes de la Eurozona. Se ha visto que la Unión Monetaria que no es viable sin una armonización fiscal. Una armonización fiscal severa permitiría la emisión de deuda europea, los famosos eurobonos. Sin esta uniformidad, los Estados que tienen una Hacienda más sana no quieren correr el riesgo de mutualizar la deuda de los otros. Por eso, es condición necesaria pedir el mismo esfuerzo a todos los ciudadanos de la zona euro. Uniformar los tipos de determinados impuestos es lógico. En la UE el IVA general va desde el 18% al 25% y los tipos reducidos abundan. Bien es cierto que el proceso de convergencia debe ser paulatino. Luego vendrían las armonizaciones del IRPF y del impuesto de sociedades.

Pero, en otros temas no es tan necesaria la uniformidad. En el caso de la banca, por ejemplo, no lo es. Se podría ceder soberanía de supervisión bancaria, temporal o permanente, por parte de aquellos estados que necesiten ayuda en este campo. Sería el caso de España que cedería las competencias al BCE de manera unilateral, haciendo que los excelentes servicios de inspección del Banco de España dependieran de esta institución europea. De hecho se va a hacer de manera discreta. Hagamos oficial lo que es real.

La federalización asimétrica se está dando de hecho. Cuando un país necesita ayuda en serio, se le imponen condiciones de obligado cumplimiento. Se sigue el principio de quien paga manda. Los eurobonos, por ejemplo, podrían ser un mecanismo asimétrico. Cuando un estado no se puede financiar a precio razonable en el mercado, podría acudir a este sistema (de hecho se está haciendo) a cambio de aceptar condiciones impuestas en sus finanzas públicas, su regulación laboral, incluso su estructura política ¿Qué otra cosa son sino los mecanismos de rescate?

La propuesta, sin embargo, es que esta federalización asimétrica no sea coyuntural, sino permanente. De manera que cuando un país entre en uno de estos mecanismos ya no pueda salir. Así se irían integrando los diferentes estados. Sólo aquellos que hayan tenido históricamente un buen comportamiento fiscal quedarían a su propia soberanía en temas presupuestarios. Es una forma suave de hacer una Europa unida en el mosaico que hemos construido.

Cualquier otro intento de unir a Europa será baldío. La historia de la UE ha sido la de la voluntariedad. Todos los que se han unido a este proyecto lo hacen convencidos de que es mejor estar dentro que quedarse al margen. Incluida el Reino Unido. Sigamos con este propósito. Pero añadiendo a cada derecho adquirido por la entrada en los diferentes mecanismos europeos el deber correspondiente. A la pertenencia al euro la armonización fiscal real; a las ayudas a instituciones financieras la cesión de la supervisión bancaria, etc.

¿Podemos esperar para hoy avances sustanciales?

Las dificultades están claras. Pero la urgencia de la situación, también. Por una parte, la complejidad del entramado institucional europeo y la falta de liderazgo no auguran acuerdos espectaculares. No obstante ya hay signos de que, si no se toman medidas, la contaminación de la crisis no acabaría con un hipotético rescate de España. A los 500.000 millones de euros que eso supondría, habría que preparar cifras mayores para Italia y después vendría Francia. Ni Alemania se salvaría de este juego de fichas dominó donde irían cayendo unas detrás de otras. No hay que olvidar que la deuda soberana germana preocupa incluso al Eurogrupo. Lo ha dicho esta semana su presidente, el primer ministro luxemburgués Jean-Claude Juncker.

Por tanto, quieran o no los dirigentes europeos, hay que actuar con prisas y sin pausas. De eso están convencidos todos. Lo que pasa es que cada cual quiere una receta, porque, para cada uno el diagnóstico de la enfermedad es diferente. Pero, no se trata de enfermedades distintas. Bajo los diversos síntomas subyace algo común. La pandemia de la crisis amenaza a todos, incluso a los que se creen sanos. La terapia tiene que ser conjunta, aunque matizada. Una federalización asimétrica, ya en marcha, es la medicina adecuada. Falta saber las dosis que necesita cada enfermo.

José Ramón Pin Arboledas es profesor del IESE en la cátedra de Gobierno y Liderazgo en la Administración Pública.

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