La fluctuación del dólar: petróleo y seguridad alimentaria

El precio del barril de Brent se sitúa actualmente por debajo de los 50 dólares frente a los 115 dólares que llegó a alcanzar a mediados de 2013. Durante las últimas décadas, la expansión de varias economías en desarrollo del G-20 basada en la utilización intensiva de recursos naturales y energéticos, ha sido la causa principal de la tendencia alcista de los precios del petróleo. En 2007, esa demanda se vio impulsada por la depreciación del dólar de los Estados Unidos (divisa de referencia para el mercado petrolero), haciendo que se alcanzaran máximos históricos entre los precios de las materias primas, incluido el petróleo y los alimentos.

¿Causó la subida del precio del petróleo en 2007 una subida en los precios de los alimentos?

De entre todas las causas que provocaron la subida de los precios de los alimentos en la crisis de 2007, a penas podemos encontrar dos consensos: el debilitamiento del dólar y la ausencia de autorregulación de los mercados ante una demanda excesiva de alimentos. La depreciación del dólar frente a la libra, euro y yen en casi un 30 por ciento desde 2002, provocó subidas en los precios del petróleo al tiempo que se produjo una gran afluencia de las reservas de esta divisa en el extranjero. En realidad la variación de los precios de los alimentos que desató la crisis fue una subida menor en euros. La depreciación del dólar al ser por déficit comercial y bajos tipos de interés real, produjo mayores variaciones sobre los precios de los alimentos que sobre los tipos de cambio. Debido al bajo interés del dólar, aumentó la moneda extranjera y se incrementó la demanda de alimentos entre los países OPEP, exportadores de petróleo pero importadores netos de alimentos.

Todo ello, reforzó significativamente la demanda de cereales hacia EE.UU. Una demanda que se incrementó fuertemente por la producción de etanol, biocarburante proveniente del maíz, cultivo en el que EEUU destaca como primer productor (1/3 de la producción mundial) y principal exportador (2/3 de las exportaciones mundiales). Un cultivo altamente sensible a los acontecimientos y de precio más inestable que el del trigo, por su doble cosecha anual, y la soja, de demanda más elástica. El precio del maíz se incrementó un 90% sobre su precio y dado que no había regulación ni control alguno para limitar el monopolio de los mayores exportadores, el beneficio privado en el comercio internacional se disparó1.

Al mismo tiempo, la especulación se vinculó a los precios de los alimentos presionando a los mercados internacionales. Una presión que sigue latente mientras la desregularización imperante sigue a caballo del proceso de financiarización de la economía mundial, permitiendo la creación de burbujas especulativas. De hecho, las crisis anteriores de subidas de precios de materias primas siguieron patrones distintos a la de 2007. En esta crisis los precios de los alimentos se mantuvieron muy altos más de un año y al bajar, lo hicieron menos que en otras ocasiones. Tanto el petróleo como los minerales bajaron un 50% frente al 30% que descendieron los precios en los alimentos, lo que sugiere la formación de burbujas especulativas, además de confirmar una tendencia alcista de precios que actualmente continúa.

Interconexiones

Pero además de los aspectos específicos de algunos alimentos, el petróleo está conectado directamente a los costes de producción global, incluida la demanda de China y las bajas tasas de interés que condicionan la inversión y que también tiene que ver con los precios de los alimentos. A pesar de que el trigo y el maíz subieran primero, esto condicionó una subida del arroz como respuesta-contagio, un mercado que además resulta más volátil debido a que el 90% de su producción se dirige al consumo interno.

Una vinculación que se extiende a los factores de producción de los alimentos. Desde el cultivo, la recolección, la comercialización y hasta el consumo, los alimentos están unidos al petróleo. La maquinización de los sistemas agrícolas industriales y el uso intensivo de fertilizantes y pesticidas químicos han generado una dependencia de los derivados del petróleo y un elevado consumo energético. El sistema agrícola dominante necesita altas dosis de fertilizantes elaborados con petróleo y gas natural, como amoniaco, urea, etc., que sustituyen los nutrientes del suelo. Multinacionales petroleras, como Repsol, Exxon Mobile, Shell, Petrobras cuentan en su cartera con inversiones en producción y comercialización de fertilizantes agrícolas.

Por último, cabe destacar que la globalización alimentaria en su carrera para obtener el máximo beneficio, deslocaliza la producción de alimentos, como ha hecho con tantos otros ámbitos de la economía productiva. Produce a gran escala en los países del Sur para vender en el Norte. Durante la crisis de los alimentos de 2007-8, se observó que los precios de los cereales subieron hasta un 33% más en los países africanos sin litoral que en los costeros, debido al encarecimiento del transporte. Finalmente, encontramos un embalaje primario que contiene el alimento, un empaquetado secundario que permite una atractiva exhibición en el establecimiento y, finalmente, bolsas para trasladarlos a casa. Todos ellos derivados del petróleo.

Bajada del precio del petróleo

Actualmente la reducción de la demanda del petróleo, precisamente de las mismas economías emergentes que la empujaron entonces, ha bajado los precios. Una tendencia que se une al aumento de la oferta del petróleo desde otros países como EEUU (tercer productor en 2014) y el fortalecimiento del dólar. Todo ello, se une a la suspensión en la OPEP por parte de Arabia Saudita2 de la limitación de las cuotas de producción nacional, recuperando así su cuota de mercado (primer productor). Los intereses de países individuales han empezado a diferenciarse de los intereses de la organización hasta tal punto que podría afirmarse que es Riad quien dicta los precios actuales del petróleo en el mundo. Argelia y Kuwait se han unido al argumento de no poder permitirse reducir la producción y bajar los precios, alineándose con Qatar, Angola y Emiratos Árabes Unidos. Para el resto, que el barril descienda de los 100 dólares, desequilibra sus presupuestos y abre el camino del vaciamiento de la OPEP en un futuro no muy lejano.

Una inestabilidad que sumada a las propias características geopolíticas, físicas y climáticas de la región del Golfo, tensarán aún más las negociaciones sobre los excedentes de exportación en los mercados mundiales de alimentos, en un contexto donde disminuye progresivamente la producción nacional agrícola mientras se acelera el crecimiento de la población y la desertificación. La bajada del petróleo, motor de sus economías, se suma al encarecimiento y la dificultad para garantizar la alimentación de sus habitantes. Hoy en día, la demanda de alimentos importados supera el 60 por ciento de media en la región y el clima limita el rendimiento de muchos los cultivos cada vez más mermados por estos fenómenos. Una previsión que coincide con el aumento de las restricciones a la exportación de alimentos por parte de los principales socios comerciales3, preocupados a su vez, por su propia seguridad alimentaria.

Esta dependencia alimentaria se agrava con la previsión del aumento poblacional que se espera para 20304, y que duplicarán la actual. Al respecto, se ha manifestado la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) señalando que en 2050 a más tardar, la producción mundial de alimentos tendrá que haber aumentado en el 70% para abastecer a la creciente población mundial y, al mismo tiempo, resolver los actuales problemas de malnutrición y hambre. Todo ello en un contexto donde es probable que los precios de los productos agrícolas y alimenticios sigan siendo altos, debido a la tendencia actual. Salvo en el 2007 en el que el comercio internacional se hundió, desde 2003 el comercio del petróleo triplicó su valor y aumentó en el 50%, aproximadamente su volumen, subiendo la participación en las exportaciones mundiales de mercancías del 13,2% en 2000 al 22,7% en 20125. A nivel mundial, el número de países «dependientes principalmente de los recursos naturales» pasó de 58 en 1995 (con una participación del 18% en el PIB mundial) a 81 en 2011 (con una participación del 26% en el PIB mundial)6.

En Conclusión.

La subida de los precios del petróleo en 2007 fue inducida por debilitamiento del Dólar y la bajada actual de precios del barril de Brendt también se corresponde con un fortalecimiento de la misma divisa de referencia para el mercado petrolero. Pero ni la subida del precio del barril a 147$ de 2007, ni la bajada a 45$ de esta semana tendrá el mismo impacto sobre los alimentos. La fórmula es aún más compleja y habrá que tener otros elementos específicos como en la crisis de 2007.

La desregulación financiera desde fines de los años 80 ha permitido un alto nivel de manipulación de los mercados. Actualmente asistimos al estallido de la burbuja especulativa con el petróleo (y también de otras materias primas como el cobre y el acero), resultado de la prolongación de la crisis. La burbuja del petróleo viene desde el siglo pasado llegando a significar en 2005 el intercambio financiero en el mercado del petróleo tres veces más que el mercado físico y la crisis financiera que estalló en 2007 lejos de revertir esta tendencia la acentuó: el año 2013 los intercambios financieros por el petróleo eran más de 8 veces los intercambios reales7. Se abrió por tanto la oportunidad para muchos inversionistas que apostaron por duplicar las perforaciones. EEUU ha pasado de un producción de 4,3 millones de barriles diarios de 2008 a los 9,4 millones de barriles en el mes pasado. Rusia, Irán, Nigeria y Noruega también aumentaron la producción para satisfacer la demanda creciente de China. Una oferta que actualmente alcanza un exceso de 3 a 4 millones de barriles diarios.

Tanto si el petróleo desciende aun más como si permanece en los niveles actuales, puede afectar a las inversiones actuales, pudiendo ser abandonadas y produciendo a la larga, una escasez de petróleo que lleve a un aumento extremo de los precios. Que el país de la moneda de referencia para el mercado del petróleo, fortalezca su moneda al tiempo de ser el segundo productor de petróleo mundial y primero de maíz y etanol, traerá consecuencias como las advertidas en la crisis de 2007. Algo que hay que sumar a un futuro donde el cambio climático va a ser un factor determinante tanto en los precios de los alimentos por cuanto afecta a la agricultura como a los precios del petróleo donde se espera que a medio plazo, las políticas de mitigación frenen el crecimiento de su demanda como energía fósil.

Finalmente, cabe advertir un descenso de precios de los alimentos. Según el Índice de precios de los cereales de la FAO (8/1/2015, FAO) en 2014 se registró un promedio de 192 puntos, es decir, un 12,5 % menos que en 2013, debido a una disminución de los precios internacionales de todos los cereales impulsada por una producción sin precedentes y grandes existencias. Una fijación de precios en la que como ya se ha mencionado el petróleo también interviene, pero no de un modo exclusivo, ni tan siquiera preponderante. La seguridad alimentaria por tanto en cada país viene condicionada por un componente geoestratégico importante pero también depende de la integración en la economía mundial y la dependencia de la agricultura industrial.

Kattya Cascante Hernández, Coordinadora del Panel de Cooperación Internacional y Desarrollo de Opex (Fundación Alternativas).


  1. EE UU produjo en la cosecha de 2007/2008 ochenta y un millones de toneladas de maíz. El incremento de la demanda del maíz empujó el precio de otros cultivos al verse reducidos y sustituidos por este. El incremento de superficie de cultivo de maíz ascendió a un 23% y supuso la reducción de cultivo de soja en un 16%. Hecho que produjo un incremento del precio de la soja en un 75%.
  2. Arabia Saudita lleva inundando de barriles de petróleo el mercado desde 2011 en compensación a la disminución de las exportaciones iraníes debido a las sanciones estadounidenses, si es el que más se ha beneficiado geopolíticamente. Los saudíes responden de esta manera a Irán y a Rusia por apoyar el régimen de Bashar al-Assad en Damasco y el régimen Dawa chií en Bagdad. Con su estrategia, la bajada del petróleo impacta sobre los ingresos de estas dos economías que suponen el 50% de sus ingresos.
  3. La región, ha priorizado como alternativa, una producción de alimentos fuera del territorio. Los países que acogen las principales inversiones del Golfo van desde Sudán, Pakistán y Etiopía, a las Filipinas, Kazajstán, Tailandia y Tanzania. En estos países, los gobiernos del Golfo han adquirido generalmente tierra para aumentar la producción de alimentos y reducir la dependencia de los mercados internacionales.
  4. Actualmente, la población de la zona que es aproximadamente de 160 millones de personas (Arabia Saudita (28,83); Bahréin (1,3); Emiratos Árabes (9,3); Qatar (2,1); Irak (33,4); Kuwait (3,36); Irán (77,4) y Omán (3,6)) se espera que alcance en 2030, 320 millones de habitantes.
  5. Informe sobre el Comercio Mundial 2014. Comercio y desarrollo: tendencias recientes y función de la OMC.
  6. De la reciente publicación de la autora en el n° 71 de la Revista de Economía exterior, artículo: «Seguridad alimentaria: una ecuación de petróleo, alimentos y agua».
  7. El peligroso juego político en la manipulación del precio del petróleo. 14 de enero de 2015 | Blog Salmón, El País

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