La frágil relación especial de Asia

“Tsu-Qin dijo a Tsu-Kung: … Nuestro Maestro logra las cosas siendo respetuoso cordial, franco, amable y templado. Esa es nuestra manera…” ¿Estará el premier chino, Wen Jiabao, a la altura de esa norma, expresada en las Analectas de Confucio, en su actual visita a la India?

El mundo tiene una variedad de “relaciones especiales”. La alianza de Estados Unidos con el Reino Unido se forjó en una guerra y fue un pilar de Occidente por más de medio siglo. La rivalidad entre EE.UU. y la Unión Soviética en la época de la Guerra Fría fue especial en el sentido de que las relaciones entre los dos países definieron la suerte del mundo hasta que la URSS implosionó. Se dice que EE.UU. y China están forjando una nueva relación especial.

Pero, al mirar hacia el futuro de Asia – y, de hecho, el futuro de la diplomacia mundial – la relación entre los dos países más poblados del mundo y las mayores economías emergentes, la India y China, es la que marcará cada vez más la agenda mundial. El cambio de doctrina militar de Japón por primera vez desde el inicio de la Guerra Fría -cambio que implícitamente convierte a China en la mayor amenaza- sugiere que las autoridades chinas deben evaluar con seriedad su estrategia regional mayor.

Las prioridades de Wen en su viaje a la India son claras: el comercio, la seguridad y, muy por detrás, las disputas territoriales entre los dos países. Este enfoque podría tener sentido táctico en lo diplomático, siempre y cuando no haya ruido de fondo. Pero carece de un sentido de urgencia estratégica, lo que, si se considera el aumento de las tensiones internacionales en Asia, equivale a un error estratégico serio.

Las fuentes de las tensiones son evidentes: el bombardeo de la isla surcoreana de Yeonpyeong por parte de Corea del Norte y su alarde de una  moderna central nuclear hasta ahora desconocida, la armada liderada por Estados Unidos que hoy navega por el Mar del Sur de China y el Mar Amarillo, y la afirmación de China de que el Mar del Sur de China es un área de interés nacional vital similar al Tíbet.

En sus relaciones bilaterales con la India, el cambio de foco de las reclamaciones chinas en el estado del noreste indio de Arunachal Pradesh hacia Jammu y Cachemira es enormemente preocupante. De hecho, alrededor de Gilgit, en Cachemira, el Ejército de Liberación Popular de China ha aumentado considerablemente su presencia militar. No es de extrañar que, en vísperas de la visita de Wen, el embajador de China en Nueva Delhi exprese que las relaciones entre los dos países son “muy frágiles, fáciles de dañar y difíciles de reparar.”

Pero, a pesar de todas estas fricciones diplomáticas, en esta visita predomina en la comitiva de Wen una numerosa delegación empresarial. En la actualidad, las economías de ambos países avanzan con confianza; ambas tienen sed de más y mayores mercados.

India está creciendo a una tasa anual de alrededor del 9%, China en torno al 10%. En consecuencia, las oportunidades para el comercio entre las dos naciones son ciertamente enormes. Pero, para ambos países, el crecimiento económico no está libre de obstáculos.

La economía de India sigue creciendo, pero se enfrenta a una creciente  inflación, déficits fiscales y de cuenta corriente, una desaceleración en el crecimiento agrícola y problemas de infraestructura. Los problemas de China se deben principalmente a cada vez mayores disparidades en los ingresos, que están generando niveles inéditos de conflictividad laboral (aunque esto no debe ser visto como preludio de un cambio del tipo que caracterizó el surgimiento del sindicato Solidaridad y el fin del comunismo en Polonia.)

Sin embargo, los conflictos laborales y el deseo de mantener el 10% de crecimiento sugieren que China debe tomar la iniciativa para asegurar la paz en la península coreana e impedir que otros acontecimientos políticos puedan descarrilar su economía. Después de todo, como saben las autoridades chinas, sólo un crecimiento sólido y continuo dará al gobierno el espacio de maniobra que  necesita para comenzar a revaluar el yuan.

La revaluación de su moneda es necesaria en parte porque el infravalorado yuan se ha convertido en otro motivo de fricción en Asia, ya que muchos en la región ahora creen que los chinos están utilizando su moneda como “arma política”. Para desenredar la compleja madeja de políticas que rodea el valor del renminbi se requerirá más, y no menos, estabilidad regional.

Sin embargo, la estrategia internacional general de China no parece reflejar este hecho. En lugar de ello, sigue centrada en el noreste de Asia, el Tíbet, Taiwán y en sus aspiraciones de entrar en el Océano Índico, esa gran vía del comercio mundial del siglo XXI.

Los líderes chinos reconocen que su país necesita tiempo, espacio y paz para el desarrollo económico. Sin embargo, su búsqueda de una posición dominante en los cuellos de botella estratégicos del Océano Índico socava estos objetivos, al elevar las tensiones no sólo con la India, sino con otras potencias de Asia y los EE.UU. Su enfoque de buscar inhibir a India parece especialmente erróneo si se considera que los intereses fundamentales de China (Tíbet, Taiwán, y el centro continental de China) están mucho más allá del alcance de la mayoría de las capacidades militares de la India.

Por el contrario, las preocupaciones de seguridad nacional más importantes de la India – la frontera en conflicto entre los dos países y los vínculos de Pekín con Pakistán, que a menudo opera como un sustituto de China – están estrechamente relacionados con China: ambos factores se vinculan directamente con la percepción de la amenaza de China al territorio de los Himalayas indios y su rápido desarrollo de infraestructura estratégica en la región. Las inquietudes de la India también se centran en la oferta actual de armas de China a Pakistán, que incluye misiles y tecnología de armas nucleares.

Ningún nivel de discusión sobre el comercio puede ocultar las verdaderas cuestiones de importancia vital entre China y la India. China puede preferir centrarse en asuntos no fundamentales, porque tal enfoque sugiere una cooperación táctica con la India. Se trata de una estratagema internacional conveniente, pero deja sin abordar las fuentes de discordia bilateral.

Es insostenible la idea de colaborar sólo en áreas de interés para China, mientras que se dejan de lado los asuntos fundamentales para la India, incluso en el corto plazo. De hecho, la desatención de las disputas básicas es lo que ha dado lugar a la “extrema fragilidad” de la relación. India no puede abandonar ni abandonará su soberanía territorial, ni sus esfuerzos por asegurar sus fronteras terrestres o un mayor equilibrio en el comercio.

Estos son retos que requieren claridad, no maniobras de evasión diplomática. Sin embargo, no hay duda de que dos grandes y antiguas civilizaciones pueden encontrar su camino hacia el tipo de relaciones “cordiales, francas, amables, templadas, respetuosas …” relaciones que habría complacido  a Confucio.

Por Jaswant Singh, ex ministro de finanzas, asuntos exteriores y defensa de la India y autor de Jinnah: India – Partition – Independence. Traducido del inglés por David Meléndez Tormen.

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