La Francia de abajo

Por Mathieu Kassovitz, director de cine (EL MUNDO, 13/11/05):

Desde hace algunos meses, las radios y las televisiones de todo el mundo intentan entrevistarme para que les cuente mi opinión sobre los acontecimientos que están sacudiendo los suburbios de las ciudades de Francia. Desgraciadamente, no puedo atender todas las peticiones. Y por eso he decidido dar mi opinión en mi página web.

Por muy alejado que quiera mantenerme de la política, es difícil permanecer al margen ante los errores cometidos por los políticos.Y cuando estos errores atizan el odio de la juventud, me muerdo la lengua para no dar alas a los violentos.

Nicolas Sarkozy, que actúa en la vida mediática francesa como una estrella de Star Act y que, desde hace años, nos alimenta con todo tipo de detalles sobre su vida privada y sobre sus ambiciones políticas, trata de recuperar popularidad cada vez que baja su cotización en los sondeos de Ipsos. Pero esta vez se pasó de listo y se llevó por delante todo lo que defiende la República Francesa: la libertad, la igualdad y la fraternidad de un pueblo.

El ministro del Interior, futuro presidenciable, hace declaraciones que no sólo demuestran su inexperiencia en el ámbito de la política y de las relaciones humanas (íntimamente relacionadas), sino que, además, ponen de manifiesto el aspecto puramente demagógico y egocéntrico de este pequeño émulo de Napoleón.

Si los suburbios explotan de nuevo no se debe tanto al hartazgo general que está padeciendo la gente por las condiciones en las que tienen que vivir a diario generaciones enteras de inmigrantes.Desgraciadamente, la lucha que enfrenta a los jóvenes de las ciudades con la policía de Sarkozy no es una lucha política.Los coches que arden son reacciones espontáneas y epidérmicas ante la falta de respeto del ministro del Interior hacia sus comunidades.

A Sarkozy no le gusta esta gente y quiere desembarazarse de esta escoria a golpes de porras y de gases lacrimógenos. Y lo dice alto y claro en medio de una ciudad caliente a las once de la noche. La respuesta está en la calle. La tolerancia cero funciona en ambos sentidos. Es inadmisible que un político (¿lo es realmente?) se permita desequilibrar una situación tensa por años de ignorancia e injusticias y amenace abiertamente a todo un sector de la población francesa sin tener en cuenta sus auténticos problemas.

Al actuar como un señor de la guerra, abrió una brecha que espero que se lo lleve por delante. Desde hace siglos el odio atiza al odio. Pero Sarkozy sigue pensando todavía que la represión es el único medio de impedir la revuelta. Esta voluntad de querer imponer sus ideas a cualquier precio me hace pensar en otros grandes líderes de nuestro tiempo. Y siento escalofríos en el cuerpo.

La Historia nos demuestra que la falta de apertura y de filosofía entre las diferentes comunidades engendra odio y enfrentamientos.La Intifada de los suburbios parisinos se parece, en efecto, a los enfrentamientos entre los niños palestinos, armados con tirachinas y piedras, y los soldados israelitas con sus fusiles y sus tanques. La Historia se repite. El ruido y la indignación son los únicos medios que tiene mucha gente para hacerse oír.El resultado son los atentados terroristas que aparecen en las portadas de los diferentes medios de comunicación.

Además, la represión del terror con más terror nunca hizo ganar guerras. Lo único que consigue es mantenerlas vivas. Nicolas Sarkozy es un admirador de la máquina comunicativa de George Bush y utiliza los medios de comunicación para engrandecer su imagen y manipular a la población.

Al igual que Bush, no defiende un ideal, sino que responde a los miedos que él mismo inocula en la cabeza de la gente. Estoy convencido de que, si por él fuera, Francia estaría militando en la caza al Terror desencadenada por Bush.

Sarkozy quiere ser el presidente de nuestra república y nadie se lo impedirá. Si este hombre no fracasa al menos una vez en su estrategia por conseguir la Presidencia del país, nada, en efecto, podrá detenerlo y, por fin, su deseo de omnipotencia se cumplirá.

¿Que la Historia se repite? Claro que sí. Siempre. Las ansias de Poder y el egocentrismo de los que creen ser portadores de la verdad desembocan siempre en dictaduras.

Sarkozy es ciertamente un pequeño Napoleón. No sé si tiene el suficiente potencial para convertirse en un gran Napoleón. Lo que sí sé es que mañana no valdrá la excusa de decir que no lo sabíamos.

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