La frutería de Ana

El eminente médico español Don Gregorio Marañón escribió un libro de recomendación de lecturas, titulado «Las ideas biológicas del padre Feijóo», de alta calidad por ser excepcional entre el error y la verdad. En este libro comenta el Dr. Marañón, siguiendo las ideas expuestas en el siglo XVIII, entre otras muchas cosas y consejos acerca del yantar y la alimentación humana de la fruta, lo imprescindible que es su gustación en el mantenimiento vital de los seres humanos, cuidar de su salud y alejamiento de enfermedades.

Y es que la coherencia, cohesión y caracteres de fijación de las personas a la tierra, al aire y a la naturaleza es una constante histórica en el poblamiento del Valle de Mena, esa preciosa tierra de las Encartaciones que resulta como los ríos del lugar, tan a gusto en la tierra que no tributan al mar, de modo que la convivencia y la vida comunitaria quedan representadas en las funciones de las relaciones y la convivencia comunitaria de aldeas y vida nacional de villas medievales constituidas en el Valle de Mena desde los tiempos más remotos de la Historia de España.

El tiempo histórico ha distendido la familiaridad de sus vecinos en toda la comarca del Valle, inmersos en trabajos que también se quedan en sus productos. Los meneses todos acuden a su «capital», Villasana, en busca de los productos necesarios para la vida, en este implante en territorios del «Área Patriniana», muy cerca de Espinosa de los Monteros, de Medina de Pomar y de Villarcayo, dejando en su recinto los territorios de Mena, Losa, Tobalina, Amaya, hasta el límite del río Ebro, límite y acceso. Durante el siglo X, familias enteras pasan del otro lado del Ordunte, por las peñas de Angulo y Gorbea, estableciendo sus villas y aldeas en los valles plenos de luz que no me importa repetir: Mena, Losa, Tobalina, Ayala, Salcedo, Mendoza…

Ana Monasterio tiene su origen en el pueblo de Siones. Está casada con un castellano de pro, Francisco Javier López Hierro, de Barrasa. Sus abuelos paternos fueron Raimundo Monasterio, de Villasante de Montija, cuyo padre hizo fortuna en Cuba, y Piedad Relloso, de Siones, familia de inmigrantes, pues cuatro hermanos marcharon a México, volviendo solo Miguel Relloso. Sus abuelos maternos, Rufino Ruiz, de Espinosa de los Monteros, Jefe de Estación de La Robla, y Natividad Rodríguez, de Cantoral, Palencia.

Nos ha reglado Ana a todos los meneses – «para estar ser hidalgos necesitar»– de nacimiento o adopción con la instalación, en la calle principal de Villasana, de una frutería –Frutasana–, de frutos naturales, propiedad y atención de despacho propio de ella, los frutos naturales de toda índole de cualquier especie de venta en temporadas, en la que los clientes tenemos la seguridad absoluta que vamos a llevar a casa fruta de todo el mundo, de temporada con calendario fijo, producidas con la máxima garantía sanitaria y de «raza» perfecta, originadas en las regiones españolas y de todos los continentes. Los clientes tienen la seguridad de que la propietaria tiene a gala vender la calidad máxima, para el momento en que se desee comer. Como cliente de buena fe, se tiene la seguridad de la correspondencia, aunque lo que no puede contar es romper el turno clientelar. Los proveedores y las ofertas a los clientes capaces con los mayores y más exquisitos gustos: plátanos canarios, naranjas valencianas, melocotones de Aragón, manzanas y peras de todo el mundo, fresas, mangos, frutos simples o de flor policárpica.

Ana está siempre atenta a las consultas, amigas que están como empleadas con trato especial a los clientes para proporcionarles lo que cada cual pide para complacer a sus respectivas familias. Lo mismo ocurre con las verduras, patatas, aceitunas, queso, jamón y golosinas de primera. Lo mejor sin embargo es el trato que se da a los clientes, que es lo más sobresaliente de la familiaridad al cliente que siempre lleva su fruta, lo mejor para culminar el final de la comida, cena, desayuno o merienda. Para Ana es cuestión de honor vender el mejor vino, la mejor fruta, el mejor fiambre, jamón y queso; también higos de temporada, frutas tropicales, melones y sandías de gusto siempre sabroso, que invitada al entrar para soñar: ¡qué novedad tendrá Ana hoy!

M. Hernández Sánchez-Barba. Licenciado en Filosofía y Letras (sección Historia), Derecho y Profesor Mercantil, por la Universidad de Valencia. En 1950 se trasladó a Madrid y se doctoró en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Central, obteniendo por su tesis el Premio Extraordinario.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *