La Fundación para la Libertad y ‘el proceso’

Por Rafael Iturriaga Nieva, miembro del Patronato de la Fundación para la Libertad (EL CORREO DIGITAL, 30/11/06):

Como miembro del Patronato de la Fundación para la Libertad me gustaría realizar unas precisiones ante la noticia, aparecida en diversos medios de comunicación el pasado martes, de que la Fundación sostiene que ‘la mesa de partidos es la victoria de ETA’:

Primera: El Patronato de la Fundación para la Libertad, reunido en Madrid el pasado 7 de octubre de 2006, aprobó la realización de dos seminarios, uno de los cuales tendría como objeto de trabajo «el análisis de las mesas de negociación propuestas por Batasuna», así como que en el futuro se publicaran las conclusiones de dichos seminarios. No me consta que a lo largo del mes de octubre ni de los días transcurridos del mes de noviembre se hayan celebrado los mencionados seminarios o reuniones de carácter técnico, político o académico.

En cualquier caso, el documento elaborado por los profesores Blanco, Corcuera y Martínez no ha sido sometido al conocimiento de los miembros del Patronato (por lo menos de quien esto escribe) ni siquiera remitido por correo electrónico. Tampoco ha sido tratado en una reunión del Patronato ni de su junta directiva, de modo que los miembros hubieran podido hacer valer sus posibles comentarios, discrepancias, acotaciones, etcétera.

No he tenido oportunidad de conocer el contenido del documento hasta el día de hoy y ello previa consulta a la Fundación asombrado ante la noticia aparecida, desde donde se me ha remitido a la página web.

Segunda: aunque la creación de apariencias verosímiles como sustitutos de la verdad sea una práctica tan extendida en el lenguaje político y en los medios de comunicación que termina por cansar hasta que de la habituación colectiva surge una espuria legitimidad, nunca es tarde para insistir en que cada uno (y sólo cada uno) es responsable de la emisión de sus opiniones. En este sentido hay que remarcar que el escrito de los mencionados profesores manifiesta, por el momento, su exclusiva opinión como firmantes del texto. Es más que posible que tal opinión venga a coincidir con la de algunos (o muchos) de los miembros de la Fundación para la Libertad pero, tratándose de una persona jurídica y su Patronato de un órgano colegiado, no puede decirse con un mínimo rigor que el documento ayer presentado constituya la opinión de la Fundación, dado que el mismo no ha sido presentado, debatido ni, en su caso, aprobado. Sólo una injustificable ligereza, o una mala fe que me resisto a suponer, puede llevar a presentar como opinión corporativa un documento que ni siquiera ha sido dado a conocer a los miembros de la Fundación.

Tercera: en relación al contenido de trabajo podrían hacerse muchas consideraciones (son, al fin y al cabo, diecisiete páginas) a través de un ejercicio de reflexión y debate cuya oportunidad temo que se haya dilapidado. Cabe decir, eso sí, que resulta muy difícil no estar de acuerdo con prácticamente el 90% de lo que se afirma en el mismo. En realidad, como señalaba hace unos días José Luis Zubizarreta (EL CORREO, 26-11-06) buena parte de los discursos presentes en el actual debate político vasco lo más que hacen es solemnizar obviedades y enfatizar lugares comunes respecto de los que no existe una discrepancia suficiente como para justificar tamaño esfuerzo argumentativo.

La cuestión no reside, por tanto, en el desarrollo teórico sobre el carácter antidemocrático de la propuesta de una ‘mesa de partidos’ (ni de otras tantas propuestas similares como las que la banda terrorista y sus acólitos han venido presentando desde hace muchos años). La cuestión está en el punto de partida, en la construcción de una apariencia mediante el uso de un discurso compartido que se aplica ¿ése es el caso! a una realidad inexistente, cuando no, lisa y llanamente, a una calumnia.

En efecto, dice así el primer párrafo del documento: «Las siguientes páginas recogen una reflexión sobre el origen, utilidad y naturaleza política de la ‘mesa de partidos’ que, según los portavoces de ETA, de los partidos nacionalistas vascos y también del Partido Socialista, será la nueva entidad encargada de solucionar los problemas políticos pendientes que habrían impedido, hasta el día de hoy, conseguir la paz en el País Vasco y Navarra». ¿A qué viene esa falsa y malévola referencia al Partido Socialista? Ciertamente, el argumento sería bueno siempre y cuando la realidad no pusiera de manifiesto lo contrario.

De nada parece valer el hecho incontestable de que una y mil veces el Partido Socialista por boca de todos sus portavoces oficiales diga (y los hechos lo corroboran hasta la fecha) que nadie ha convocado una mesa extraparlamentaria de partidos políticos. Que se diga, una y otra vez, que en ningún foro de debate político en el que se ventile el futuro de nuestro país tiene cabida un partido ilegal como Batasuna. Que precisamente por ello (y sólo por ello) la tan traída y llevada ‘mesa de partidos’ no existe. ¿Qué más da! ¿Por qué la realidad va a echarnos a perder una bonita falacia?

¿En qué clase de paranoia estamos cayendo? El discurso político de la derecha se sustenta cada día más en fantasías conspiratorias creídas a pies juntillas por una grey que se siente poseedora de las claves de un oscuro secreto que, al parecer, pasa desapercibido ante los ojos de los demás ¿exactamente igual que cualquier secta apocalíptica!

No sólo se acusa al Gobierno de llevar a cabo proyectos inmorales o actividades perseguibles de oficio (lo que ya sería calumnioso), sino que se le imputan estrafalarios designios lindantes con el surrealismo o directamente imposibles. ¿Cómo puede afirmarse al mismo tiempo que el ‘proceso de paz’ no es sino un ‘proceso de claudicación’ en el que se pacta, entre otras cosas, la entrega a ETA de la libertad civil de los ciudadanos navarros y, al mismo tiempo, profetizar el inminente fracaso del proceso?… Pero, el Gobierno ¿se rinde o no? Si se rinde, saltará a la vista. No será necesario acudir a misteriosos indicios sólo asequibles a los cuatro arúspices capaces de leer en las entrañas de una urraca muerta. Y si no se rinde ¿qué hace toda esa gente que, lejos de apoyar (con escepticismo razonable y espíritu crítico), boicotea sin pudor ni vergüenza el empeño más noble y más difícil puesto en marcha por este Gobierno como por todos los anteriores?