La gran transición energética

Las conclusiones de un informe presentado el pasado mes de octubre en Estambul, con motivo de la celebración del Congreso Mundial de la Energía (WEC), destacan que la industria del sector tiene un futuro muy diferente al que se preveía hasta hace poco. La principal tesis del informe, titulado ‘World Energy Scenarios 2016‘, es que la aparición de diversas tendencias disruptivas conducirá a la industria de la energía hacia un nuevo mundo, caracterizado por un menor crecimiento demográfico, unas tecnologías radicalmente diferentes a las actuales, mayores desafíos ambientales y un desplazamiento del poder económico y geopolítico. Estas fuerzas motrices subyacentes estarían llamadas a reconfigurar la economía de la energía en el transcurso de un largo viaje, plagado de incertidumbres, que ha sido bautizado con el nombre de ‘La Gran Tansición’.

El WEC ha explorado los hitos más probables de ‘La Gran Transición’. Para ello, durante los tres últimos años, ha elaborado otros tantos escenarios exploratorios a muy largo plazo (con la vista puesta en el horizonte 2060) denominados metafóricamente: «jazz moderno», «sinfonía inacabada» y «rock duro».

El primero representa un mundo radicalmente transformado por la revolución digital, innovador e impulsado por el libre mercado. El segundo, un mundo en el que a medida que se avanza hacia un futuro con bajas emisiones de carbono van apareciendo modelos de crecimiento económico más inteligentes y sostenibles. Y el tercero contempla un mundo muy fragmentado, como consecuencia de un crecimiento económico débil e insostenible y de la aplicación de políticas aislacionistas y autosuficientes.

Cada uno de estos tres escenarios de ‘La Gran Transición’ muestra trayectorias muy distintas para el sector energético, así como realidades muy dispares entre países. Sin embargo, su análisis comparativo también permite discernir ciertas tendencias comunes que rompen con las observadas hasta la fecha.

La primera de ellas es que debido a la mejora continuada de la eficiencia energética, fruto del uso de nuevas tecnologías y de la aplicación de estrictas directrices políticas, el crecimiento mundial del consumo de energía primaria se desacelerará y la demanda de energía per cápita alcanzará su máximo antes del 2030. Una nueva realidad que contrasta con las pautas históricas de crecimiento que han visto como la demanda mundial de energía se duplicaba desde 1970.

Otra tendencia es la rápida electrificación del modelo energético, que de aquí al año 2060 verá como se duplica la demanda mundial de electricidad. Con la particularidad de que para hacer frente a tal incremento, la contribución de las energías renovables, principalmente de la solar y la eólica, aumentarán a un ritmo sin precedentes (creando oportunidades, pero también importantes desafíos para los sistemas eléctricos) de modo que en el 2060 representarán, según el escenario que se considere, entre el 20% y el 39% de la generación global de electricidad, frente al 4% actual.

Otro hito que jalonará la senda de ‘La Gran Transición’ es que la demanda de carbón y petróleo entrarán en fase de declive, tras superar su máximo histórico en la próxima década o la siguiente, lo que hará innecesaria la explotación de parte de los recursos actualmente inventariados de ambos combustibles.

Sin embargo, eso no significará el fin del uso de los combustibles fósiles, cuya contribución al total de la energía primaria consumida por el mundo se situará en el 2060 entre el 50% y el 70%, dependiendo del escenario contemplado. Para valorar la relevancia de estos porcentajes debe considerarse que en los últimos 45 años el consumo de combustibles fósiles apenas descendió en un 5%, desde un 86% en 1970 a un 81% en el 2014.

Dos hechos que ayudan a explicar la pervivencia de los combustibles fósiles son, en primer lugar, la expansión del consumo de gas natural y, en segundo lugar, que la transformación del sistema global de transporte (que en la actualidad depende en cerca de un 94% de los productos refinados del petróleo) será uno de los obstáculos más difíciles que se deberán superar en el camino hacia la descarbonización del sistema energético global.

En este último empeño, Congreso Mundial de la Energía advierte que limitar el calentamiento global a no más de 2°C requerirá de un esfuerzo titánico y duradero, que va mucho más allá de los actuales compromisos internacionales y que, entre otras medidas, demanda de la implementación de mecanismos que graben fuertemente el uso de las fuentes energéticas ricas en carbono.

Mariano Marzo Carpio, Catedrático de Recursos Energéticos. Facultad de Geología (UB).

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