La gripe A: tres lecciones

Hace casi un siglo, el antropólogo Marcel Mauss proponía la noción de hecho social total para explicar los fenómenos que, como por ejemplo el potlatch, incluyen dimensiones económicas, jurídicas, religiosas, morfológicas, estéticas…; que, en suma, alcanzan a todos los dominios de la vida colectiva. En su época, la noción se aplicaba sobre todo al seno de una sociedad y planteaba ineludiblemente desafíos a la comunidad.

En la actualidad, los hechos sociales totales abarcan un ámbito mundial y no se circunscriben al marco del Estado nación y de la sociedad inserta en él; los desafíos que plantean, por otra parte, parecen sobrepasar ampliamente los propios de la vida social para alcanzar a la naturaleza y a la supervivencia de la especie humana.

Las pandemias y las epidemias ilustran a la perfección esta idea. Se propagan, a una velocidad inusual, por todo el planeta. Obedecen, en buena parte, a toda clase de factores sociales o humanos aunque debe hacerse constar que no se entienden sin hacer referencia a la naturaleza y a dinámicas externas al género humano: los virus no son una invención del hombre, menos aún si se observa que franquean la barrera que separa a la especie humana de otros animales: primates si se trata del sida, aves a través de la gripe aviar, cerdos a través de la influenza porcina causada por el virus de la influenza tipo A.

En eras pasadas, según el universo simbólico de las sociedades que las padecían, las epidemias eran pura y exclusivamente naturales, cuando no obedecían a instancias divinas o diabólicas… Todavía en la actualidad vacilamos a la hora de considerarlas íntima y profundamente humanas y sociales porque conservan – y así cabe comprobarlo en los medios de comunicación-dimensiones que parecen escapar totalmente a la intervención humana, excepción hecha de las barreras y obstáculos que alza el mismo hombre para protegerse de ellas.

Sin embargo, al mismo tiempo somos plenamente conscientes de que es menester acotar cada día más esta parte o fracción de lo no humano. Si la gripe A de procedencia porcina afecta actualmente a los seres humanos, parece deberse a que el virus actual es el resultante del encuentro de diversos virus, de los cuales algunos los ha podido aportar el hombre a estos animales. Se sabe escasamente, en la actualidad, cómo ha circulado el virus en cuestión de modo inicial, a partir de qué granjas o instalaciones, portados o transmitidos por qué personas… Sin embargo, no es imposible que unos conocimientos más precisos propicien la aparición de especificidades sociales, por ejemplo en condiciones de promiscuidad de seres humanos y animales. Estudiar las formas de cría y nutrición animal, de atención y cuidado en caso de enfermedad, de trabajo y régimen de explotación en general: he aquí varias tareas y objetivos que las ciencias sociales pueden contribuir a promover y salvaguardar con los instrumentos de que disponen y que aportarían indudablemente una luz beneficiosa sobre la gripe A (aparte de los habituales estudios epidemiológicos).

Si la gripe A preocupa en tan gran medida, ello se debe también a que las condiciones de circulación de personas le garantizan la posibilidad de una transmisión planetaria y a gran escala: una persona enferma, por ejemplo, que tome un avión en México en dirección a Washington puede transmitir el virus a los pasajeros del vuelo donde viaja y, a partir de ese punto, cabe concebir fácilmente la rápida propagación a otras personas en todo el mundo.

Una primera lección de estos nuevos hechos sociales totales es, en consecuencia, que para estudiarlos es necesario movilizar a un tiempo a las ciencias sociales, que nos iluminan sobre las condiciones de su desarrollo y evolución, y a las ciencias de la naturaleza, que nos permiten comprender los mecanismos de su aparición y funcionamiento. La investigación, tanto en este campo como en muchos otros, debe ser interdisciplinar, de modo que cooperen todas las ciencias.

Prestemos asimismo atención a los medios de comunicación. Tras una primera fase, de pánico o arrebato irreflexivo, nos invitan a relativizar el fenómeno, que posiblemente no revestiría los tintes dramáticos que hubiera podido creerse. No es la primera vez que sobreviene tal encadenamiento de episodios; con ocasión de la gripe aviar, una fase de relativa prudencia siguió – y con plena razón-a un primer periodo de hiperdramatización de la situación. Hay que reconocer, en esta ocasión, que el discurso de la razón ha estado en boca de los países afectados y de la OMS, que arroja una luz razonable e informada sobre la epidemia. Lo que nos lleva a una segunda lección: los hechos sociales totales más espectaculares son en parte construcciones mediáticas que descansan sobre datos parciales e informaciones que nadie puede afirmar que vayan a prolongarse a medio plazo y que actúan ineludiblemente por exceso o por defecto. Por exceso: los medios de comunicación se aceleran demasiado y exageran. Por defecto: son incapaces de situarse al nivel real de los hechos, los infravaloran. Por otra parte, ya no existe hecho importante susceptible de ser analizado prescindiendo de los medios de comunicación. Por ejemplo, cabe la posibilidad de que la fase actual de relativización mediática de la gripe A sea, en realidad, una fase de infravaloración del problema.

Examinemos, por último, las respuestas aportadas a estas epidemias. Ya se ha mencionado que han obedecido a las medidas adoptadas por los distintos países, que adoptan toda clase de prevenciones, y por la OMS, una organización internacional. El problema es global y se inscribe en la dinámica de la globalización, pero no es controlado por las lógicas económicas del capitalismo neoliberal desbocado. Y de ahí una tercera lección: en un mundo en el que la globalización pesa tanto en materia económica como cultural, los estados y las organizaciones que han creado para cooperar entre sí constituyen el protagonista principal para afrontar los desafíos importantes. La globalización no es, contra una idea que ejerció notable impacto en los años noventa, la negación de los estados. La gripe A – como, por otra parte, la crisis financiera actual-nos están diciendo que estos últimos siguen cumpliendo un papel decisivo.

Michel Wieviorka, profesor de la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de París. Traducción: JoséMaría Puig de la Bellacasa.