La guerra de la frontera invisible

Medio siglo después de la guerra que libraron China y la India en 1962, la frontera entre los dos países más poblados del mundo aún no está definida y es una fuente constante de fricciones. Las tres semanas de combates en 1962 finalizaron con un acuerdo de trazar una Línea de Control Efectivo (conocida por sus siglas en inglés, LAC). Pero han pasado cinco décadas y el mapa todavía no está delineado, de modo que ambas partes suelen enviar patrullas hasta donde en su opinión corre la LAC. El último episodio fue una incursión de tropas chinas en territorio ocupado por India, que empezó en abril y duró tres semanas.

Este tipo de enfrentamientos en la tierra de nadie que se encuentra entre los dos trazados diferentes que hacen China y la India de la línea de control efectivo son tan comunes que los ejércitos de ambos países ya hicieron de él un modus vivendi, en el que una parte hace una incursión y la otra responde solicitando el retiro pacífico de las tropas. Hasta ahora, ambos países habían respetado este protocolo informal que fue tomando forma con el correr de los años.

Pero esta vez, no. En la zona de Daulat Beg Oldi, cerca de las llanuras de Depsang, en la región de Ladakh del estado de Jammu y Cachemira, una patrulla compuesta por unos 15 soldados del Ejército Popular de Liberación entró al territorio ocupado por India y plantó campamento como para una estadía larga.

La línea de control efectivo nace en el norte, en el estratégico paso de Karakórum, cerca de Pakistán, y desde allí se extiende en dirección sur siguiendo las cumbres de los Himalayas orientales, hasta llegar al antiguo pueblo de Tawang, sede de un famoso monasterio budista. A partir de allí, su recorrido sigue la vieja línea McMahon, que se trazó en 1914 para separar la India Británica de lo que entonces era Tíbet (y que China rechaza por considerarla una imposición imperial). Luego, la LAC serpentea hasta el punto donde se encuentran India, China y Birmania.

El interés estratégico de China en esta línea, que separa a la India del inquieto Tíbet y de la problemática provincia de Xinjiang, es fácil de entender. India, por su parte, mantiene un importante destacamento en Daulat Beg Oldi, cerca de la entrada del paso de Karakórum y de la región del glaciar Siachen. Entonces, ¿fue la incursión china en territorio indio un error de un comandante del EPL? ¿O tal vez obedece a un cálculo más complejo?

El imponente paso de Karakórum es parte de lo que fue la antigua ruta de la seda, que conectaba Ladakh y Cachemira con Xinjiang (provincia esta última que, como Tíbet, ahora es una “región autónoma” de China). Según una descripción reciente de dos observadores, Daulat Beg Oldi era una especie de punto de transferencia, en el que los bienes comerciados se pasaban a ponis de carga “para el cruel viaje a través del paso de Saser La hacia el más hospitalario valle del río Shyok” en dirección a “Leh, Turtok o Srinagar [en Cachemira]”.

Como era de esperarse, el parlamento de la India denunció la incursión china con la máxima dureza posible. El gobierno primero se mostró confundido y luego hizo un vano intento de restar importancia a la presencia de tropas del EPL. A esto le siguió una competencia de tendido de carpas; como China había emplazado cuatro, India respondió plantando ocho. El Financial Timescitó palabras de Sun Hongnian, especialista en temas de fronteras de China: “Para India, cada metro de ruta y cada refugio del área es una ganancia estratégica de territorio” que la lleva “más cerca de la ruta principal de nuestro lado”.

El duelo entre ambos países terminó el 6 de mayo, tan súbitamente como había comenzado. El ministro de asuntos exteriores de la India, que antes había dicho que la incursión era un “incidente local”, tuvo que cambiar de discurso bajo presión del parlamento y advirtió a China de que India podía verse forzada a reconsiderar la visita que tiene planeada a Beijing.

¿Fue nada más un intento de los chinos de obtener lo que Henry Kissinger llamaba “poder de disuasión estratégica”? ¿O un embate deliberado para poner en práctica la propuesta que el presidente chino Xi Jinping le hizo al primer ministro de la India, Manmohan Singh, en un aparte durante la reunión de los BRICS celebrada en Sudáfrica en marzo? En aquella ocasión, Xi dijo a Singh que buscaba un “acuerdo justo, razonable y aceptable para ambas partes, basado en un entendimiento y una adecuación mutuos”, tras lo que agregó un comentario elocuente: “Resolvamos rápidamente el acuerdo marco de fronteras”. ¿Acaso la incursión china habrá sido una especie de acelerador diplomático?

India no debería tomarse a la ligera la premonitoria observación que hizo el primer ministro australiano, Kevin Rudd, cuando declaró que “China es una nación de realistas en materia de política de seguridad y asuntos exteriores, que respeta el poder estratégico y desprecia la vacilación y la debilidad”. Después de todo, una de las lecciones de la guerra de 1962 fue que una respuesta vacilante a una agresión china está condenada al fracaso, especialmente en situaciones como las que planteó la incursión en Daulat Beg Oldi.

El incidente de días pasados parece emitir una señal clara: hay un orden nuevo en China, y ese orden seguirá guiando las políticas chinas a lo largo de la próxima década, bajo el liderazgo de Xi. La incursión de tropas del EPL en Daulat Beg Oldi es un recordatorio de que China no dejará que ninguna cuestión fronteriza irresuelta caiga en el olvido. De hecho, casi en simultáneo con la incursión del EPL, un grupo de académicos de un centro de estudios oficial de China cuestionó la soberanía japonesa sobre Okinawa.

Tanto si el pedido de Xi a la India de “resolver rápidamente el acuerdo marco de fronteras” fue una exhortación como si fue una advertencia, los otros países asiáticos ya no pueden darse el lujo de ignorar sus propias disputas fronterizas con China. Como demuestra lo sucedido en Daulat Beg Oldi, los nuevos líderes de China no están interesados en preservar el statu quo.

Jaswant Singh is the only person to have served as India’s finance minister (1996, 2002-2004), foreign minister (1998-2004), and defense minister (2000-2001). While in office, he launched the first free-trade agreement (with Sri Lanka) in South Asia’s history, initiated India’s most daring diplomatic opening to Pakistan, revitalized relations with the US, and reoriented the Indian military, abandoning its Soviet-inspired doctrines and weaponry for close ties with the West. His most recent book is Jinnah: India – Partition – Independence. Traducción: Esteban Flamini.

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