La guerra de Pakistán consigo mismo

Pakistán es hoy una nación atrapada entre su ejército y los talibanes, combatiendo en una guerra que no es propia. Su población vive temerosa de las bombas y los ataques suicidas.

A pesar de que todas las partes – el ejército y el Gobierno pakistaníes, así como los países occidentales-conocen la escala de las recientes acciones del ejército en Swat y Buner, millones de inocentes fueron dejados a su suerte mientras llovían las bombas desde el cielo. No fueron evacuados. Tuvieron que caminar muchos kilómetros, durante días, para ponerse a salvo.

Mientras tanto, es evidente que Estados Unidos y el ejército pakistaní creen que su única responsabilidad es contener a los talibanes. Sólo cuando la masa de desplazados internos llegó al millón y medio de personas-países extranjeros, incluido Estados Unidos, se decidieron a dar ayuda de emergencia. Si el Gobierno de Pakistán y sus amigos no reconocen que este sufrimiento humano debe remediarse, puede haber una cadena de desastres similares a medida que la acción del ejército aumente en Waziristán y otras áreas del país. La Administración de Estados Unidos está muy preocupada por los avances de los talibanes en Pakistán, al igual que lo está el pueblo pakistaní; pero tienen diferentes tipos de preocupaciones y eso explica sus percepciones inherentemente distintas de la situación.

El Gobierno y los medios de Estados Unidos centran su retórica reciente en la posibilidad de que el arsenal de Pakistán caiga en manos de los talibanes. La otra preocupación occidental evidente es la amenaza de un crisol del terrorismo en las áreas fronterizas de Afganistán y Pakistán susceptible de poner en peligro la seguridad mundial.

Los pakistaníes son la gente que vive en carne propia esa amenaza. Los innumerables ataques y bombazos en todo el país, el asesinato de Benazir Bhutto y las imágenes de charcos de sangre cubiertos de moscas que la televisión muestra habitualmente han terminado por destrozar realmente sus nervios.

Ahora los talibanes atacan escuelas de niñas y flagelan mujeres. Esto no es Pakistán. Si hubiera sido parte del espíritu de Pakistán, los talibanes no habrían necesitado atacar escuelas en Swat. Los hombres y mujeres en Swat creen en la educación, pero los talibanes les aterrorizaban y les impedían ejercer sus derechos legales.

Esta rama ideológica wahabí, analfabeta y armada, fue importada – como admitió recientemente la secretaria de Estado Hillary Clinton-por EE. UU. desde Arabia Saudí y otros países de Oriente Próximo con el fin de minar la ocupación soviética en Afganistán. Cuando los soviéticos se fueron se dejó que el virus wahabí se propagara por las áreas fronterizas de Pakistán.

En los ocho años de la dictadura del general Pervez Musharraf, Estados Unidos y el ejército pakistaní lucharon contra los talibanes en las regiones tribales de Pakistán. Sólo ocasionalmente se informó oficialmente de los combates. Se negó el acceso al área a medios de comunicación independientes. Muchos corresponsales locales fueron asesinados en circunstancias sospechosas.

Había una razón sencilla por la que Musharraf fuera el niño consentido de Occidente: cumplía. Él y el ejército pakistaní entregaron varios de los miembros más buscados por EE. UU. El régimen marcial de Musharraf castró las libertades.

Ocho años y muchos miles de millones de dólares después, los talibanes pakistaníes se apropiaron de la región de Swat, sembrando el terror en el distrito vecino de Buner y creando alarma y consternación en el resto de Pakistán.

El Pakistán post-Musharraf es una democracia más bien frágil. No hay esfuerzos genuinos por dar normalidad política a las áreas afectadas, ni comprensión de lo que implica la democracia. Ni siquiera hay dinero para equipar a los hospitales de Peshawar y el resto de Pakistán con bancos de sangre y unidades de tratamiento de urgencia adecuadas. El ejército pakistaní prefiere ser visto como el salvador del país en lugar de reconocer su propia miopía.

Mientras tanto, siguen en pie muchas preocupaciones e interrogantes: ¿podrán los desplazados internos regresar a casa y continuar sus vidas? ¿Se darán cuenta los partidos políticos de que deben dejar de mirar a Estados Unidos y comenzar a dar más respuestas a su propio pueblo?

Sin embargo, las preguntas más importantes son estas: ¿habrá más claridad sobre cuál es el rostro del enemigo?, ¿quién está dando armas y dinero a los talibanes? y ¿los bombardeos del ejército pondrán fin realmente a la guerra.

Ayesha Haroon, director de The News International, Lahore y miembro asociado de la Asia Society. Traducido del ingléspor David Meléndez Tormen. Copyright: Project Syndicate, 2009.