La guerra europea en Ucrania

La guerra está devastando al este europeo, Ucrania es víctima de la agresión militar rusa y, guste o no, su destino básicamente determinará al de Europa, porque la crisis actual definirá las reglas y los principios que regirán a los europeos en el siglo XXI.

¿Será Europa gobernada por los principios de la libertad, la democracia, el imperio de la ley y la inviolabilidad de las fronteras nacionales? ¿O triunfarán el mero poderío y la voluntad de usar la fuerza? ¿Aplastarán la democracia «dirigida» y las esferas de influencia el derecho de los países –grandes o pequeños– a determinar su propio futuro?

Con el fin de la Guerra Fría y el colapso de la Unión Soviética, la independencia y la integridad territorial ucranianas rápidamente se convirtieron en un pilar del orden europeo. Esta situación estratégica es más evidente ahora que nunca, en términos simples, la actual Ucrania democrática está luchando por el futuro de Europa.

El presidente ruso Vladimir Putin desea restaurar un orden internacional basado en esferas de influencia exclusivas controladas por las grandes potencias, el sistema que prevaleció en la Europa devastada por las guerras en los siglos XVIII y XIX. Una Ucrania europea y la Unión Europea se interponen a esta meta, por eso la política rusa actual busca desestabilizar permanentemente a Ucrania, especialmente en lo militar y lo financiero. A Europa le conviene impedir que esta política se imponga.

A pesar de la guerra en el este ucraniano, el país se las ha arreglado para dar pasos importantes en pos de la democracia desde el exilio del presidente Víktor Yanukóvich en febrero pasado. De hecho, desde que el levantamiento «Euromaidán» comenzó en Kiev en noviembre de 2013, ha surgido una nueva Ucrania. Elecciones presidenciales y parlamentarias libres y justas llevaron al poder a líderes que, mediante la implementación de reformas radicales, están decididos a hacer realidad las demandas de los votantes de una economía moderna y el fin de la corrupción. Sin embargo, la meta de la estabilización política interna dista de haber sido alcanzada; además de las tensiones con el gobierno ucraniano, el principal motivo es la desesperada situación financiera del país.

Los Estados Unidos, la Comisión Europea y los estados miembros de la UE coinciden, al menos en principio, en que Ucrania necesita una rápida y sustancial asistencia financiera para poder resistir la agresión rusa, ee igual modo, aceptan apoyar las profundas reformas sociales y económicas que Ucrania debe implementar.

Hasta el momento no se ha creado ningún paquete, algo que resulta problemático, ya que el FMI está autorizado a liberar el dinero prometido solo si se garantiza la estabilidad financiera ucraniana durante 12 meses como mínimo. El país enfrenta una severa escasez de moneda, que podría llevar a una grave crisis financiera, además de la dramática crisis militar en curso.

La dificultad de la UE para diseñar un compromiso financiero concreto deriva de su falta de medios financieros. Una importante debilidad de la política exterior de la UE es su falta de instrumentos versátiles para asignar asistencia financiera a los países vecinos. Sería absurdo que Ucrania se deslizara hacia una crisis financiera porque la UE fuera incapaz de consensuar cómo obtener los fondos para evitarlo.

La manera de impedir ese resultado es ajustar uno de los dos instrumentos de la UE para países no miembros y así atender las necesidades de Ucrania; Estos instrumentos son: el programa de Asistencia Macrofinanciera, un instrumento versátil que puede combinar créditos y subsidios directos, y el mecanismo de ayuda financiera a las balanzas de pagos, que podría complementar un programa del FMI para los países de la UE. Ambos instrumentos podrían verse sujetos a condiciones diseñadas para garantizar que los fondos no sostengan una corrupción desenfrenada, sino que fluyan hacia donde son más necesarios; además, los compromisos deben hacerse en el contexto de un acuerdo con los donantes que prohíba que la ayuda se use para pagos directos a Rusia.

Hoy es más importante dar apoyo financiero adecuado a Ucrania que imponer nuevas sanciones a Rusia. Por eso Rusia también puede estar interesada en una conferencia de donantes y dinero fresco europeo para Ucrania. De hecho, las sanciones económicas no solo exacerban la crisis rusa, también afectan negativamente a otros países europeos; en cambio, la ayuda financiera a Ucrania enviaría claras señales de que la UE no tolerará la desestabilización de ese país y proporcionará un estímulo económico a Ucrania y a toda la región.

Algo que resulta de igual importancia, si la respuesta de Occidente a la agresión rusa hacia Ucrania se limita efectivamente a sanciones económicas, es que Putin podrá culpar más fácilmente a Occidente y su supuesta hostilidad hacia Rusia por el colapso de las condiciones de vida para los ciudadanos rusos comunes, lo que le permitiría redoblar el nacionalismo agresivo.

Hoy, lo único necesario para convertir fondos de la UE en asistencia financiera para Ucrania es la voluntad política. El paso más inmediato debiera ser una iniciativa del presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, para que los fondos fluyan con una demora burocrática mínima. Incluso si eso requiere algo de tiempo, iniciar el proceso enviaría una poderosa señal política sobre la determinación de la UE para apoyar a Ucrania, simplemente anunciarlo ayudaría a Ucrania en su difícil situación financiera.

Muchos de los líderes europeos se reunirán esta semana en la Conferencia de Seguridad de Múnich, deben aprovechar esta oportunidad para exhortar a Juncker a que comience los procedimientos necesarios para adaptar uno de los dos fondos disponibles de la UE. Una crisis financiera, además de las crisis militar y política, sería devastadora para Ucrania… no existe ningún buen motivo para no evitarla.

Joschka Fischer was German Foreign Minister and Vice Chancellor from 1998-2005, a term marked by Germany’s strong support for NATO’s intervention in Kosovo in 1999, followed by its opposition to the war in Iraq. Fischer entered electoral politics after participating in the anti-establishment protests of the 1960’s and 1970’s, and played a key role in founding Germany’s Green Party, which he led for almost two decades.
Henrik Enderlein is a professor at the Hertie School of Governance and Director of the Jacques Delors Institute in Berlin.
Traducción al español por Leopoldo Gurman.

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