La guerra total del IS

La matanza de inocentes en París ha traído al primer plano e ilustrado con mucha más claridad que nunca las cambiantes tácticas y metas militares del IS y una reorientación de su estrategia ideológica y ofensiva.

Se había instalado desde hace algún tiempo la creencia de que el IS estaba centrado en conquistar territorios y en establecer un califato en Oriente Próximo antes que en bombardear Occidente o derribar las Torres Gemelas de Nueva York. Atacar al «enemigo lejano» e intentar derrocar el orden capitalista era misión y convicción de Al Qaeda, no del mucho más reciente IS.

Recientemente, el IS o sus filiales han realizado atentados que contradicen tal punto de vista. En octubre, un bomba en Ankara que mató a 102 personas le fue atribuida por Turquía al IS. Ese mismo mes, la filial del IS en el Sinaí reivindicó el derribo de un avión ruso, matando a 224 personas. El 12 de noviembre, el IS reconoció el atentado contra el fortín de Hizbulá en Beirut, con un saldo de 44 muertos. Ha habido atentados con bombas en Bagdad. Y finalmente, lo de París.

Ninguno de ellos son objetivos al azar. Lo que significan es que el IS está en estos momentos decidido a librar una guerra contra los Estados que están librando una guerra contra él. Turquía acaba de ceder algunas de sus bases aéreas para uso de aviones estadounidenses y Hizbulá ayuda al presidente Asad a luchar contra el IS en Siria. Rusia está bombardeando al IS y otros grupos, mientras que Francia es socio clave en la coalición anti IS. Aviones franceses de combate, que han bombardeado desde bases en Estados del Golfo, recibirán refuerzos en breve, pues París ha enviado su único portaaviones a la zona.

El mensaje del IS es, por tanto, claro: harán la guerra total a todos aquellos países que se están alineando contra ellos. No es un intento de derrocar a Occidente como el de Al Qaeda ni una reacción a la maldad de los paganos occidentales, sino una reacción directa a lo que le están haciendo las fuerzas de la coalición. El IS trata de debilitarla dividiéndola entre aquellos países que quizás ahora actúen con más cautela o incluso se retiren de la coalición y los que permanezcan en ella.

El IS también ha aprendido de otros grupos extremistas lecciones militares tácticas muy importantes. En noviembre de 2008, pistoleros paquistaníes de Lashkar-e-Toiba (LET) [literalmente, Ejército de los Puros], un grupo extremista con base en Lahore, llegaron en una embarcación a la costa de Bombay y atacaron lugares civiles clave, una cafetería, dos hoteles, la estación de ferrocarril, un centro judío y otros. Murieron 166 personas y varios centenares más fueron heridas antes de que las fuerzas de seguridad pudieran acabar con los terroristas, especialmente en el Hotel Taj Mahal, de cinco estrellas, donde murieron 52 personas. Toda la ciudad estuvo sitiada durante tres días, en el ataque terrorista de mayor duración continuada de la historia.

El LET, que en los años 80 y 90 fue entrenado por militares paquistaníes como fuerza de choque contra la India, atacó principalmente a su ejército en la Cachemira y otros objetivos de la India, como su embajada en Kabul. Su ideología no les lleva a establecer un califato global o a emprender una yihad global, lo que les hace más ortodoxos, conservadores y limitados en sus objetivos. Ésta es la excusa a la que se ha agarrado el Gobierno de Pakistán para no disolverlos por el momento, aunque el jefe de las Fuerzas Armadas de Pakistán, general Raheel Sharif, estos días de visita en Washington, ha prometido desmantelar todos los grupos terroristas, si bien a lo largo de un periodo amplio de tiempo.

Desde el 11-S, el LET han cambiado de nombre varias veces y ha puesto en marcha organizaciones de ayuda humanitaria y grupos benéficos de carácter religioso, todos ellos incluidos rápidamente en la lista de grupos terroristas de la ONU.

La mayor contribución del LET a la yihad han sido los atentados masivos contra civiles en los que preferiblemente luchan a muerte en lugar de inmolarse. Éste era el sello distintivo de un verdadero mártir musulmán. Mientras que los ataques suicidas son moneda corriente en otros grupos, el LET repudió el suicidio por anti islámico (está condenado específicamente por el Corán).

Si corrían peligro de ser capturados vivos, entonces sí, hacían estallar un chaleco suicida. Los militantes del LET estaban entrenados en tácticas de asedio y captura de rehenes con fines propagandísticos siempre que fuera posible. Fusiles semiautomáticos kalashnikov, granadas, bombas de humo y pistolas eran sus armas preferidas, como se vio en la matanza de Charlie Hebdo y otra vez ahora.

Esto es lo que el IS trató de hacer en París, con la salvedad de que la toma de rehenes en la sala de conciertos fue desbaratada por la policía francesa con demasiada rapidez como para que el IS pudiera sacar partido de ella. Los pistoleros no pudieron entrar en el estadio de fútbol en el que estaba presente el presidente Hollande y por eso se inmolaron a las puertas antes de ser aprehendidos.

El resto del manual de operaciones del IS (la planificación meticulosa, los objetivos fáciles elegidos, los múltiples ataques para crear una sensación de caos en las calles, la confusión que provocaron) son tácticas que imitan lo que el LET realizó en Bombay. En este tipo de ataques no se deja nada al azar.

Funcionarios británicos han revelado que sus Fuerzas Especiales se han reconvertido para afrontar este tipo de ataques. Después de presidir una reunión de urgencia del Comité de Seguridad Cobra tras los atentados de París, el primer ministro, David Cameron, manifestó que «en todo momento desde los ataques de Bombay en 2008, hemos estado trabajando juntos para tener la seguridad de que seríamos capaces de responder a un ataque de este tipo. Está claro que la amenaza de IS está evolucionando».

Nada será más eficaz en la lucha contra el IS que un plan conjunto de paz que se negocie entre las grandes potencias y los grupos sirios, pero sobre todo entre Rusia y EEUU. Esos esfuerzos han comenzado en Viena, pero llegan con cinco años de retraso. Mientras tanto, la crisis de los refugiados en Europa y la amenaza de más ataques a Reino Unido, Alemania y los países de la coalición anti IS son más probables que nunca.

Ahmed Rashid es periodista y escritor. Su último libro publicado es Pakistán ante el abismo. El futuro de EEUU, Pakistán y Afganistán.

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