La historia secreta de la crisis financiera

La gran novela de Balzac Las ilusiones perdidas termina con una exposición de la diferencia entre “historia oficial”, que son “todas mentiras”, e “historia secreta”, que es la historia real. Antes resultaba posible ocultar las verdades escandalosas de la historia por mucho tiempo -inclusive para siempre-. Ya no.

No hay lugar donde esto resulte más evidente que en los relatos de la crisis financiera global. La historia oficial retrató a la Reserva Federal de Estados Unidos, el Banco Central Europeo y otros bancos centrales importantes como si la suya hubiera sido una acción coordinada para rescatar al sistema financiero global del desastre. Pero transcripciones publicadas recientemente de reuniones en 2008 del Comité Federal de Mercado Abierto, el principal organismo de toma de decisiones de la Fed, revelan que la institución efectivamente emergió de la crisis como el banco central del mundo, mientras que seguía respondiendo principalmente a los intereses norteamericanos.

Las reuniones más significativas se llevaron a cabo el 16 de septiembre y el 28 de octubre -luego del colapso del banco de inversión estadounidense Lehman Brothers- y se centraron en la creación de acuerdos bilaterales de canje de divisas destinados a asegurar una liquidez adecuada. La Fed otorgaría créditos en dólares a un banco extranjero a cambio de su moneda, que el banco extranjero aceptaba volver a comprar después de un período determinado al mismo tipo de cambio, más intereses. Esto les dio a los bancos centrales -especialmente a los de Europa, donde enfrentaban una escasez de dólares ante la huida de los inversores estadounidenses- los dólares que necesitaban para prestarles a instituciones financieras domésticas en problemas.

De hecho, el BCE fue uno de los primeros bancos en llegar a un acuerdo con la Fed, seguido por otros bancos centrales de países avanzados importantes, entre ellos el Swiss National Bank, el Bank of Japan y el Bank of Canada. En la reunión de octubre, cuatro economías emergentes “diplomática y económicamente” importantes -México, Brasil, Singapur y Corea del Sur- se sumaron a la acción, y la Fed se comprometió a establecer líneas de canje por un valor de 30.000 millones de dólares con cada uno de sus bancos centrales.

Aunque la Fed actuó como una especie de banco central global, sus decisiones estuvieron forjadas, principalmente, por los intereses estadounidenses. Para empezar, la Fed rechazó las solicitudes de algunos países -cuyos nombres aparecen en la transcripción publicada- para sumarse al esquema de canje de divisas.

Más importante aún, se fijaron límites para esos canjes. La esencia de la función de prestador de último recurso de un banco central tradicionalmente ha sido la oferta de fondos ilimitados. Como no hay ningún límite respecto de la cantidad de dólares que la Fed puede crear, ningún participante del mercado puede adoptar una posición especulativa en su contra. El Fondo Monetario Internacional, en cambio, tiene recursos limitados que extienden los países que lo conforman.

El creciente papel internacional de la Fed desde 2008 refleja un giro fundamental en la gobernancia monetaria global. El FMI surgió en un momento en que los países eran victimizados permanentemente por conjeturas informales de los banqueros de Nueva York, como la aseveración de J.P. Morgan en los años 1920 de que los alemanes eran “esencialmente un pueblo de segunda categoría”. El FMI fue un actor crítico del orden internacional posterior a la Segunda Guerra Mundial, y su función era la de servir como mecanismo de seguro universal -no que pudiera ser utilizado para promover intereses diplomáticos contemporáneos.

Hoy, como demuestran claramente los documentos de la Fed, el FMI ha quedado marginado -en particular, por su proceso de políticas ineficiente-. De hecho, en el inicio de la crisis, el FMI, en la suposición de que la demanda de sus recursos se mantendría permanentemente baja, ya había comenzado a hacer recortes de personal.

En 2010, el FMI se propuso una resurrección y se presentó como un actor esencial para la resolución de la crisis del euro -empezando por su papel en la refinanciación del rescate griego-. Pero aquí, también, se ha revelado una historia secreta -una historia que destaca cuán sesgada se ha vuelto la gobernancia monetaria global.

El hecho es que sólo Estados Unidos y los países excesivamente representados de la Unión Europea respaldaron el rescate griego. En verdad, las principales economías emergentes se opusieron férreamente. El representante brasileño llegó a decir que era “un rescate de los tenedores de deuda privada de Grecia, principalmente instituciones financieras europeas”. Hasta el representante suizo condenó la medida.

Ahora que los temores de un repentino colapso de la eurozona han cedido paso a un debate prolongado sobre cómo se hará frente a los costos a través de “bail-ins” (quitas sobre depósitos no asegurados) y cancelaciones, la postura del FMI se volverá cada vez más enrevesada. Aunque se supone que el FMI tiene más jerarquía que otros acreedores, habrá pedidos de cancelación de un porcentaje de los préstamos que ha emitido. Los países de mercados emergentes más pobres se opondrían a una medida de estas características, con el argumento de que sus ciudadanos no deberían tener que pagar la cuenta por un despilfarro fiscal en países mucho más adinerados.

Hasta los defensores originales de la participación del FMI se empiezan a pronunciar en contra del Fondo. Los funcionarios de la UE están indignados por el aparente esfuerzo del FMI de ganar respaldo en los países deudores de Europa solicitando cancelaciones de toda la deuda que no emitió. Y el Congreso de Estados Unidos se ha negado a respaldar la ampliación de los recursos del FMI -parte de un acuerdo internacional negociado en la cumbre del G-20 en 2010.

Mientras que la indignación que generó la designación de otro europeo como director del FMI en 2011 probablemente va a garantizar que el próximo director del Fondo no provenga de Europa, el papel cada vez menos transcendente del FMI da a entender que eso no importará demasiado. Como demuestra la historia secreta de 2008, lo que importa es quién tiene acceso a la Fed.

Harold James, a senior fellow at the Center for International Governance Innovation, is Professor of History and International Affairs at Princeton University and Professor of History at the European University Institute, Florence. A specialist on German economic history and on globalization, he is the author of The Creation and Destruction of Value: The Globalization Cycle, Krupp: A History of the Legendary German Firm, and Making the European Monetary Union.

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