La hora de los jóvenes, pese a la crisis

Qué tienen en común los años 1929, 1973, 2001 y 2008? Seguramente lo habrán adivinado: todos son años de crisis. 1929, el desplome de la Bolsa de Nueva York; 1973, el comienzo de la primera crisis del petróleo; 2001, el estallido de la corriente especulativa que lideraron las empresas basadas en internet, las llamadas puntocom; y, cómo no, 2008, año en el que comenzó la crisis financiera global en la que aún estamos inmersos, provocada por el colapso de la burbuja inmobiliaria y el posterior arrastre de todos los sectores industriales, tecnológicos y de servicios.

Pero todos esos años tienen también en común la transformación que generaron en los modelos empresariales y su impacto social. Las crisis globales provocan altas tasas de desempleo y un empobrecimiento a ritmo acelerado ocasionado por la falta de capacidad adquisitiva de los consumidores que, a su vez, arrastran a las empresas a la recesión. Muchos dibujan hoy un mañana pesimista, entre ellos, algunos jóvenes, que estando en la mejor etapa de su vida, se enfrentan a la incertidumbre que genera un futuro complejo e imprevisible.

Por mi condición de empresario observo diariamente cómo, a pesar de estas adversas condiciones, siempre hay jóvenes que empujan hacia delante y que, sin miedo al fracaso, están aprendiendo y emprendiendo. Asimismo, como presidente de la Fundación Príncipe de Girona, entidad focalizada en el desarrollo de la vocación emprendedora entre los jóvenes, observo impresionado ejemplos de muchos jóvenes que han sabido transformar sueños en proyectos y realidades de éxito.

Es en estos periodos de convulsión cuando nacen también las grandes oportunidades. Esos años que citaba al comienzo, marcados por las dificultades, tuvieron también un efecto inesperado: el de generar una corriente alternativa que transformó la forma de entender la gestión empresarial y provocó cambios profundos y positivos a su vez. En 1973, la crisis del petróleo impulsó el desarrollo de nuevas fuentes de energía alternativa para evitar la dependencia del crudo; en 2001, a pesar del estallido de la burbuja de las puntocom, se inició el boom de internet que ha transformado nuestra forma de comunicarnos y ha contribuido a la construcción de un mundo, en cierta forma, sin fronteras. Estos cambios en positivo han sido liderados en su mayoría por jóvenes emprendedores, personas optimistas que han sabido traducir las dificultades en oportunidades. Permítanme que les haga de nuevo una pregunta: ¿qué tienen en común Bill Gates, Steve Jobs, Richard Branson, Larry Page o Mark Zuckerberg? Todos ellos son sobradamente conocidos por su capacidad emprendedora, modelos del éxito empresarial, han sido pioneros y, sobre todo, lo consiguieron ¡antes de los 25! Han hecho realidad el mito de un país, EEUU, que premia el fracaso, como base para el éxito. Todos movidos por motivaciones diferentes: desde el gusto por la caligrafía que sentía Jobs, que propició que desarrollara un nuevo tipo de ordenador, donde el diseño y la imagen, fueran la clave de su éxito, hasta el supuesto y popularizado desengaño amoroso que hizo que Mark Zuckerberg gestara el embrión de Facebook.

A esa lista me gustaría añadir algunos nombres quizá menos conocidos, como los de Pau Garcia-Milà, Ruth Ruiz, Alba Ventura, Oscar Fernández-Capetillo y Borja Ibáñez. Estos jóvenes recibieron un Premio Impulsa otorgado por la Fundación Príncipe de Girona. Jóvenes sobresalientes en diversos ámbitos bajo el sello made in Spain y que hoy están exportando sus iniciativas.

Modelos a seguir como el de Carlos Barrabés, fundador de la mayor tienda virtual europea de equipamiento y deportes de montaña, que hizo de su pasión una forma de vida; o Inma Shara, una de las más brillantes representantes de la nueva generación de directores de orquesta. Ejemplos para nuestros jóvenes de hoy, en un país en el que contamos con gran talento. Un talento que debemos apoyar, también, desde las empresas e instituciones.

Algunos de estos emprendedores, participarán próximamente en el segundo Fórum Impulsa de la Fundación Príncipe de Girona, que constituye un espacio para el diálogo y, al mismo tiempo, un escaparate y altavoz para aquellas personas extraordinarias en sus respectivas disciplinas. Personas que creemos deben servir como ejemplo a seguir por nuestros, a veces, desanimados jóvenes. Si bien es cierto que vivimos tiempos de crisis, también lo es que siguen existiendo grandes oportunidades.

Me gustaría dirigirme a los jóvenes que tienen en su poder algo intransferible: la mejor parte de su vida, la juventud. A ti, joven que lees esto te invito a que identifiques oportunidades y las aproveches. Otros lo hicieron antes: ¡Ahora es tu momento! ¡Cómete el mundo!

Antoni Esteve, presidente de ESTEVE y de la Fundación Príncipe de Girona.

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