¿La hora de Super Mario 2?

Los politólogos Duncan McDonnell y Marco Valbruzzi han contado 24 gobiernos dirigidos por tecnócratas en Europa desde la Segunda Guerra Mundial hasta 2013. Grecia y Rumanía están empatadas con cinco. Un Ejecutivo Draghi, si obtiene el apoyo necesario en el Parlamento como parece, sería el cuarto de Italia, todos ellos desde el fin de la Primera República, barrida a comienzos de los 90 por el fin de la Guerra Fría, el movimiento Manos Limpias, el populista Silvio Berlusconi con Forza Italia, el hundimiento de los tres grandes partidos (comunista, democracia cristiana y socialista) y el crecimiento espectacular sobre sus escombros de la Liga del Norte en la Italia rica.

Como sus antecesores, otro ilustre economista y banquero ha recibido la misión de salvar Italia en una de sus crisis más graves desde 1945 porque los políticos, una vez más, no han sabido o querido salvarla desde la política, es decir, el diálogo y el compromiso. Si tiene éxito, será el tercer Gobierno de la actual legislatura y el número 70 desde la Segunda Guerra Mundial, con una duración media inferior a 13 meses, el tiempo exacto que ha durado el último de Giuseppe Conte.

En ese tiempo (75 años), España ha tenido 23 gobiernos, Francia 13, el Reino Unido 28 y Alemania 26. El de Draghi será el décimo de Italia que conoce Angela Merkel desde que llegó a la cancillería en 2005. Unos atribuyen esta fragilidad a la cultura política italiana, otros a sus fuertes identidades regionales y a sus sistemas parlamentario y electoral, que dan lugar a demasiados partidos políticos con muchos intereses enfrentados.

Este mapa, nunca fácil, se complicó con el surgimiento, en 2009, del populista y ecologista Movimiento 5 Estrellas (M5E), que rompió el viejo sistema organizado alrededor del centro derecha y del centro izquierda. «La fragilidad política italiana tiene muchas causas, pero la última es la existencia de tres grandes bloques políticos», afirma el historiador Claudio Vercelli.

Si ninguno de los tres primeros rescatadores de naufragios (Carlo A. Ciampi, otro ex gobernador del Banco de Italia, en 1993; Lamberto Dini, ex director general del mismo banco, en 1995-96; y Mario Monti, economista egresado de la neoliberal Bocconi y responsable de 1995 a 2004 de Mercado Interior y de Competencia en la UE, en 2011-2013) salió del Palacio Chigi en olor de multitudes, ¿por qué va a ser distinto con Draghi en caso de ser elegido?

El primer tecnócrata, Ciampi, impulsó la independencia del banco central, presupuestos equilibrados, la primera gran privatización de empresas del Estado, incluidas la eléctrica Enel y y la petrolera Agip, y la austeridad salarial. Todo con el fin de «preparar a Italia para el euro», con resultados desiguales que copiaron otros como Aznar en su primer mandato.

Dini continuó con las privatizaciones y la bandera de la responsabilidad fiscal, sacando adelante una de las principales reforma de pensiones del país. En cuanto al profesor Monti, «dirigió el Gobierno como si siguiera de comisario de la Unión Europea o de gobernador colonial para meter en vereda a una región rebelde del imperio», señalaba la semana pasada en Jacobin el sociólogo Paolo Gerbaudo, profesor del King’s College de Londres. Al final de su mandato, Monti apenas contaba con un 25% de apoyo en las encuestas y su partido centrista, Scelta Civica, sólo consiguió un 8% de voto en las elecciones de 2013. Conte se va con un 55% de apoyo.

En las 15.000 entrevistas diarias que Morning Consult hace en EEUU y en otros 12 países del mundo para conocer cuántos aprueban a sus dirigentes, la semana pasada Conte era el segundo dirigente europeo mejor valorado (17 puntos más a favor que en contra) y Pedro Sánchez, el peor, con 30 puntos más negativos que favorables, sólo superado por el japonés Yoshihide Suda entre los 13 dirigentes examinados.

Tras las elecciones de 2018, Italia tardó cinco meses en formar el primer Gobierno de Conte, una coalición del M5E y la Liga. Tras las de 2013, cuatro meses. ¿Puede permitirse hoy, en plena pandemia –con unos 500 muertos diarios todavía, 2.6 millones de infectados y más de 90.000 fallecidos en un año–, embarcarse en otra transición de meses? «De ningún modo», declaró el presidente Sergio Mattarella tras encargar la formación de nuevo Ejecutivo a Draghi, célebre ex presidente del Banco Central Europeo por su «haré lo que sea necesario» para salvar la Eurozona en julio de 2012, metáfora de una apuesta firme por Europa en la crisis de la deuda soberana que le convirtió en el hombre del año del Financial Times.

Educado en un instituto romano de los jesuitas, licenciado en economía en La Sapienza, doctorado en el MIT, seis años en el Banco Mundial (1984-1990), director general del Tesoro italiano en los 11 años siguientes, director ejecutivo de Goldman Sachs entre 2001 y 2005, primer presidente del Financial Stability Board (2008-2011), católico devoto y, a sus 73 años, todavía practicando footing, tenis y golf… ¿quién mejor para el rescate del siglo con miles de millones europeos en ayudas por más del doble del dinero que recibió Italia del Plan Marshall?

La Bolsa de Milán lo festejó subiendo casi tres puntos y el precio del bono italiano se redujo un 8%, a poco más de 100 puntos, frente al alemán sin conocer el resultado de las complejas consultas necesarias todavía para que el Super Mario de Europa se convierta en el Super Mario de una nueva Italia.

Sin filiación partidista, ¿se corresponde su biografía con el socialismo liberal de Justicia y Libertad, movimiento antifascista fundado hace 90 años por Ferruccio Parri y Sandro Pertini, con el que Draghi se ha identificado? ¿Le dejarán los políticos que hoy pueblan los palacios de Montecitorio (Congreso) y Madama (Senado) más libertad de acción que la que han permitido a Conte, Monti, Dini y Ciampi?

A su favor, a diferencia de los tecnócratas que le han precedido, Mario Draghi llega para gastar, no para recortar. En Rimini, el año pasado, hizo suyo ese mandato. «Los inversores extranjeros aceptarán un aumento de la deuda italiana si se invierte en capital humano, infrastructuras críticas e investigación», afirmó.

Desde entonces, por la pandemia, esa deuda ha pasado del 135% del PIB al 162%, unos dos billones y medio de euros, que supone el pago de unos 90.000 millones de euros cada año en intereses.

Renzi salvó a Conte hace un año y Renzi le ha hundido quince meses después. Próximo a los grillistas, jurista especializado en mediaciones, Conte ganó con el apoyo de los socialdemócratas del Partido Democrático (PD) y del M5E el primer pulso por la jefatura del Gobierno que le echó en 2019 el ambicioso líder de la Liga, Matteo Salvini, a quien Interior y la vicepresidencia nunca le parecieron suficiente. Renzi, todavía en el PD, engañó a Salvini y en horas Conte cambió, como el mejor Groucho Marx, la Liga por el PD para mantenerse, siempre arropado por el M5E, al frente del Gobierno. Quince meses después, ha caído en la batalla por el reparto del supuesto maná comunitario, con más ataduras que las reconocidas en Roma o Madrid, y quién mejor para gestionarlo que el italiano que mejor sabe cómo desatarlas.

Con sólo dos carteras en la coalición, Agricultura y Familia, pero senadores suficientes (18) para negarle la mayoría absoluta de 161 en la Cámara Alta tras romper con el PD en 2019, Renzi exigió un nuevo ministro de Finanzas y un peso en el reparto de los fondos de la UE que ni el M5E ni el PD estaban dispuestos a aceptar.

Conte buscó trásfugas desde el 13 de enero, pero fracasó y el día 26 presentó la dimisión. A pesar de su prestigio y de su probada capacidad, a Draghi tampoco le será fácil encontrar la mayoría necesaria entre Salvini, Berlusconi, el M5E, Renzi y la sopa de partidos menores, pero Italia ya tiene el candidato ideal, «el hombre de prestigio» que, según el presidente Mattarella, necesitaba. En días sabremos si le dan la oportunidad de demostrarlo.

Felipe Sahagún es profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad Complutense de Madrid.

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