La hora del ‘comandante’ Humala

En la presentación del Anuario Iberoamericano 2011, Carlos Malamud decía ayer: «Entre el voto del miedo y el voto del espanto, en Perú ganó el voto del espanto». Lo que espanta a muchos del ex teniente coronel Ollanta Humala, apodado el comandante por sus más fieles, es su nacionalismo decimonónico, su pasado golpista (su hermano Antauro está en la cárcel por seguir su llamamiento contra A. Toledo), sus viejas amenazas de renacionalización («resoberanización» dice ahora), sus coqueteos con Chávez en el pasado y su repentina conversión a la moderación brasileña, línea Lula, cuando comprendió que su imagen chavista le conducía de nuevo a la derrota.

Consciente de ello, preocupado por la desconfianza de los mercados, en su discurso de la victoria prometió «un Gobierno de concertación y de ancha base».

Con algo más de 7 millones de votos -un tercio escaso de los peruanos con derecho a voto- y sin mayoría legislativa, le conviene escuchar el consejo de Vargas Llosa de elegir un gabinete verdaderamente representativo del Perú de hoy y pactar antes del 28 de julio, la fecha de su toma de posesión, un programa de gobierno con Perú Posible (A. Toledo), la Alianza por el Gran Cambio (Pedro Pablo Kuczynski) y los restos más presentables -pocos por desgracia- de Fuerza 2011 (K. Fujimori).

De sus cuatro programas electorales en dos años se salvan los tres compromisos principales de última hora: mantener el crecimiento (más del 6% anual) de los últimos 10 años, repartirlo mejor y reforzar la democracia, que, según los últimos latinobarómetros, sigue siendo una de las más frágiles de Iberoamérica a pesar de la bonanza del último decenio. Aunque el 40% de los peruanos reconoce progresos en la economía, los porcentajes de apoyo, confianza y valoración del Gobierno y del régimen democrático siguen estando entre los más bajos de América Latina, peor incluso que en Guatemala, Nicaragua y Venezuela.

Según las encuestas de la campaña, el 80% de los peruanos quiere cambio, pero sólo el 30% desea cambios radicales. En otras palabras, desean cambiar al capitán del barco, no hundirlo. El problema es que, en la primera vuelta, rechazaron a los candidatos de los principales partidos y votaron para la segunda a los dos candidatos antisistema.

Con la reducción del paro y de la pobreza, las preocupaciones prioritarias de los peruanos en 2011 son, por este orden, la corrupción, la desigualdad y el crimen. De los 178 países incluidos en el último informe sobre corrupción de Transparencia Internacional, Perú aparece en el puesto 78, con una valoración de 3,5: un suspenso en toda regla.

Aunque el número de asesinatos políticos y terroristas se ha reducido de unos 2.000 a unos 40 por año desde mediados de los 90, los restos de Sendero Luminoso siguen activos, ahora confundidos con las principales mafias de la coca, cuyo cultivo ha aumentado en los años de Alan García. El segundo mandato de García, sin embargo, pasará a la historia por haber mantenido la ortodoxia fiscal y uno de los índices de crecimiento más altos del mundo, lo que ha repercutido en una reducción sustancial de la pobreza (entre 20 y 30 puntos) y en una ligera disminución de la desigualdad.

Felipe Sahagún, profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad Complutense y miembro del Consejo Editorial de El Mundo.

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