La hora del periodismo honesto

El caso News of the World y la política informativa de la News Corp. de Rupert Murdoch en el Reino Unido ha devuelto a la actualidad el viejo debate sobre los límites de los poderes del canon Montesquieu, por una parte, y el derecho a la información y la libertad de expresión, por otra. De paso, ha dirigido el foco sobre la sombreada zona de intersección de estos dos opuestos, donde se cuecen intereses comunes no siempre confesados ni demasiado visibles para los ciudadanos. Conviene recordar en este sentido que la información –nos guste o no, que este es otro tema– es un concepto con un significado a la vez económico y discursivo.

Por ello, la actividad profesional y empresarial que generan los medios de comunicación abraza objetivos duales entre la obtención de beneficios y la creación de climas de opinión favorables a sus intereses o a los de sus protegidos. La alternancia política suele coincidir, por ejemplo, con determinadas estrategias informativas y el realineamiento de los grupos mediáticos. En este sentido, la intervención sobre las empresas de comunicación es una tentación permanente, como lo es, a su vez, la influencia de determinados grupos empresariales de comunicación sobre parlamentos, gobiernos y magistrados.

En España, la transición subrayó el aspecto ideológico de los medios. Pero en la actualidad prima la función de mercancía de la información, cada vez más monopolizada por grupos empresariales bien posicionados en el mercado, pero que mantienen relaciones de interdependencia con el entorno político.

A escala mundial, otros tantos grupos marcan también la agenda, ya que dominan la información y los contenidos del entretenimiento. Se trata, de hecho, de un auténtico cártel de la comunicación encabezado por AOL-Time Warner (CNN, HBO, Warner Bros, Time, Life, etcétera), Viacom (CBS, Paramount, MTV, etcétera), Disney (ABC, Disney Channel, etcétera) y la misma News Corp., propietaria, entre otros muchos medios, de Fox News, The Times, The Sun, The New York Post, 20th Century Fox y el ahora famosísimo News of the World. Pues bien, en este contexto de concentración empresarial y de escasez de voces disidentes, News Corp. ha mantenido siempre una estrategia flexible de complicidades políticas de acuerdo con sus intereses económicos y las coyunturas políticas.

En Estados Unidos, la cadena televisiva Fox ha sido el brazo armado de las posiciones más rancias del Partido Republicano y de legitimación de las políticas bélicas de George Bush. Pero los grandes tiburones de la economía no ponen nunca todos los huevos en la misma cesta. Por ello, la misma Hillary Clinton se benefició en su carrera de senadora por Nueva York de los favores de Murdoch, lo que coincidió con la moderación de las convicciones intervencionistas en materia de políticas sociales de la hoy secretaria de Estado. Murdoch organizó colectas de dinero para la campaña de Hillary y el mismo New York Post, tan crítico con Bill Clinton, prestó sus páginas a la entonces virtual candidata a la presidencia de Estados Unidos. Ahora como entonces, la Fox no es solamente el peor adversario de Barack Obama, sino que algunos de sus comentaristas convocan directamente actos del Tea Party. Sin salir del eje atlántico, en el Reino Unido, Murdoch actuó como pareja de hecho de Tony Blair, lo que llevó a este a ganar las elecciones con una marca progresista, pero a gobernar con políticas neoliberales en materia económica e imperialistas en la militar. Murdoch, finalmente, nombró a José María Aznar, el tercero del trío de las Azores, miembro de su consejo de administración, aunque este nunca consiguió que News Corp. se posicionara en España ni en Italia, donde los intereses del jefe Rupert Murdoch chocan frontalmente con los de Silvio Berlusconi, amo y señor del grupo Mediaset.

En el plano estrictamente informativo, no nos deberíamos rasgar las vestiduras ante las prácticas abominables de News of the World y otros medios de News Corp. porque tampoco son ninguna novedad. Más bien al contrario, se trata de un auténtico clásico de la perversión periodística ya desde el siglo XIX, aquí en Europa como allá en Estados Unidos, donde William R. Hearst ya inventaba noticias, exageraba informaciones y hundía carreras y reputaciones si convenía a los intereses empresariales de su cadena de periódicos y a su red de emisoras de radio, todo aliñado con influencias en el mundo del sindicalismo y la política, entre otros aspectos.

Mientras no se resuelva la duda metafísica de la jerarquía entre el huevo y la gallina, debemos remarcar que las promiscuidades entre los poderes políticos y los económicos (sin contar, a menudo con los religiosos, que actúan como cortinas de humo) son la peor amenaza de la democracia real tal como la entienden cada vez más ciudadanos. Y el caso News of the World, la política empresarial e informativa de News Corp. y sus ramificaciones en la clase dirigente británica aparecen como una zona de sombra que el periodismo honesto tiene el deber de escrutar.

Toni Mollà, periodista.

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