La hora del verdadero patriotismo

España vive sus horas más difíciles desde la Transición. Para mi generación, la de quienes tuvimos la suerte de nacer ya en democracia, la crisis del coronavirus es la más grave a la que hemos tenido que enfrentarnos. Cada día, desde hace un mes, vivimos una auténtica tragedia nacional, con miles de familias destrozadas por culpa de este virus que tantas vidas ha truncado ya y que ni siquiera permite despedir a los fallecidos como se merecen. No podemos dejar de honrar su memoria ni por un segundo y, desde la política, no podemos dejar de trabajar para paliar esta desgracia ni un solo instante.

Es una crisis inaudita que nos ha puesto a prueba como país y ha hecho aflorar una vez más la enorme valía de nuestra sociedad civil. Podemos estar orgullosos de todos los ciudadanos que están cumpliendo ejemplarmente con las duras normas del confinamiento y de los grandes profesionales que dan la batalla en primera línea contra el Covid-19 o que siguen exponiéndose a diario para que la mayoría de la sociedad pueda quedarse en casa.

A todos ellos hay que brindarles el reconocimiento que merecen por tanta entereza y generosidad, sí; pero desde la política tenemos la obligación de dar un paso más y corresponder con ese mismo espíritu de unidad y grandeza. Por eso, en Ciudadanos hemos tendido la mano desde el primer momento para dar una respuesta de Estado a esta crisis sanitaria, social y económica, con el objetivo de salvar el mayor número de vidas y de empleos posible.

La hora del verdadero patriotismoSe lo debemos a los españoles, en especial a nuestros mayores, y es la única forma de superar esta crisis con garantías. Así se lo transmití ya el pasado 9 de marzo al presidente del Gobierno cuando le telefoneé inquieta por una situación preocupante ante la que el Ejecutivo parecía inmóvil: frente a un problema de Estado como este, había que acordar una solución de Estado. Y así se lo he reiterado desde entonces en numerosas ocasiones, en privado y en público. El 4 de abril dimos un paso más y le hice por escrito a Pedro Sánchez una petición formal: la de impulsar sin demora unos Pactos de Reconstrucción Nacional para asegurar que todas las medidas para salir de esta crisis se toman por consenso, son sensatas y ponen el interés general de España por encima de las ideologías.

Son muchas y muy conocidas las enormes discrepancias que me separan de Sánchez y toda España sabe lo que pienso de su Gobierno. Hice todo lo posible para que en lugar de este Ejecutivo se conformara otro constitucionalista y apoyado por una amplia mayoría parlamentaria de 221 escaños; una oferta sincera que Sánchez despreció. También soy perfectamente consciente de los enormes errores que el Gobierno de España ha cometido al enfrentarse a esta crisis: se debió haber actuado mucho antes, son muchas las medidas erradas, improvisadas y con una clara carga ideológica que se han aprobado sin la transparencia debida ni consenso alguno. Por ello, no es casualidad que en esta crisis España sea el país con mayor número de fallecidos por millón de habitantes de todo el mundo y tenga una tasa tan alta de sanitarios contagiados.

Pero, llegados a este punto, los representantes públicos tenemos dos opciones: ponernos a repartir culpas y a atacarnos en este momento crítico o dedicar todas nuestras energías a encontrar juntos la mejor salida a esta crisis, emulando lo mejor de nuestra sociedad civil. Yo opto por el segundo camino. Nuestra mano tendida no es para tapar o justificar los errores del Gobierno, sino precisamente para ayudar a que no se vuelvan a producir y salvar el mayor número de vidas y empleos posible.

El señor Sánchez asegura que ha aceptado nuestra propuesta y nos ha convocado a una reunión para dialogar sobre los Pactos de la Reconstrucción (el mismo nombre con el que definimos desde Ciudadanos este Pacto en nuestra carta). Participaré en ella en nombre de Cs con la firme intención de que sea fructífera y de que podamos avanzar hacia un acuerdo. Es evidente que la situación no es comparable a la de finales de los 70, cuando se firmaron los Pactos de la Moncloa. El diálogo no puede servir en ningún caso para abordar ningún cambio de régimen ni para imponer ideologías trasnochadas ni para cuestionar las bases de nuestra democracia, porque lo que necesitamos es todo lo contrario: reforzar este sistema constitucional que nos ha proporcionado los mejores años de nuestra historia. Pero sí urge recuperar aquel espíritu de consenso que hizo posible la Transición y llegar a grandes acuerdos de país.

A mi juicio, este Pacto podría reportar grandes beneficios a España en tres ámbitos muy importantes para afrontar esta crisis.

En primer lugar, serviría para aparcar las improvisaciones que han marcado buena parte de las decisiones del Gobierno y han generado mucha incertidumbre entre los ciudadanos. Hoy mismo muchos españoles han tenido que regresar a sus puestos de trabajo sin saber cómo ni quién les garantizará los materiales y las medidas necesarias para ese retorno a la actividad en condiciones de seguridad. Situaciones así no pueden seguir repitiéndose.

En segundo lugar, unos Pactos de la Reconstrucción serían la garantía de que el sectarismo, las agendas ideológicas caducas y el populismo quedan relegados. De que el interés general de España se pone por delante y las grandes decisiones son moderadas, sensatas y cuentan con el aval de la gran mayoría de los ciudadanos. Solo así podremos ofrecer un horizonte de esperanza a nuestros conciudadanos.

En tercer lugar, sería muy útil para reforzar la posición negociadora de nuestro país en el exterior. Si el Gobierno de España acude a las instituciones europeas con un acuerdo nacional pactado ampliamente con la oposición y los agentes sociales, será más sencillo conseguir la mejor ayuda de nuestros socios comunitarios en esta lucha. Un plan de país sensato, serio y avalado por la mayoría social siempre será mejor carta de presentación fuera de nuestras fronteras que un plan de salida de la crisis diseñado por populistas y nacionalistas que no creen ni en España ni en Europa.

En definitiva, reivindico un pacto de Estado que cohesione a la mayoría de los españoles, un gran acuerdo entre Gobierno, oposición, comunidades autónomas y agentes sociales que garantice que el plan de medidas para la salida sanitaria y socioeconómica de esta crisis es consensuado, sensato, eficaz y alejado de la incertidumbre constante y las medidas populistas que hemos visto en las últimas semanas. Si acordamos un plan entre todos, si trabajamos no solo en el corto sino también en el medio y largo plazo y si evaluamos correctamente el impacto de todas las medidas, seremos más eficaces frente al virus. Y garantizaremos la protección de familias, autónomos, trabajadores y pymes en estos momentos tan difíciles para todos ellos.

La situación es muy grave para nuestro país y es la hora de demostrar verdadero patriotismo. Porque, como escribió Ortega, «solo cabe progresar cuando se piensa en grande, solo es posible avanzar cuando se mira lejos». Hay que responder con un plan a la altura del desafío histórico que vivimos. No será sencillo, pero es imprescindible intentarlo con honestidad, sentido de Estado y lealtad a los españoles porque si no nos unimos ahora, ¿cuándo lo haremos?

El Gobierno tendrá que demostrar si de verdad quiere rectificar y buscar amplios consensos que avalen sus decisiones o si pretende seguir actuando como hasta ahora. De él dependerá que este diálogo dé resultados o no, y todos los españoles serán testigos privilegiados de su predisposición. Por nosotros no va a quedar. Con honestidad y sentido de Estado, desde Ciudadanos seguiremos haciendo todo lo que esté en nuestra mano para ser útiles a los españoles y conseguir que se tomen las mejores decisiones en este trance tan difícil. Es nuestra obligación y cumpliremos con ella. Pido a los demás, y especialmente al Gobierno, que hagan lo mismo.

Inés Arrimadas es presidenta de Ciudadanos.

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