La huelga de juguetes de los promotores de hormonar a menores

“¿Muñecas para niñas y juegos de acción para niños? La mayoría de la publicidad de juguetes reproduce estereotipos que limitan el desarrollo personal en la infancia y consolida la desigualdad de género. Escribo sobre esto en El País junto a Irene Montero”.

Esto afirmaba Alberto Garzón en su cuenta de Twitter al tiempo que se lanzaba una campaña desde el Ministerio de Consumo bajo el nombre #HuelgaDeJuguetes.

Como feminista, denuncio la desigualdad entre sexos. Comprendo y trato de explicar cómo se reproduce a través de mandatos sexistas que se interiorizan desde la infancia.

Se interioriza y perpetúa la desigualdad entre sexos cuando a las niñas se les regala únicamente juguetes asociados a los cuidados, cocinitas y bebés desde bien temprano para entender nuestro rol social y nuestra posición subordinada.

Se interioriza y perpetúa la desigualdad entre sexos cuando aceptamos acríticamente, por asumirse como progresista, el discurso del empoderamiento femenino. Ese que le dice a niñas y adolescentes que rentabilicen su capital erótico, que se expongan como objetos sexuales y vendan sus cuerpos en plataformas que sirven de terreno de captación para el proxenetismo, haciendo las delicias de varones que apoyan un empoderamiento femenino que sólo les gratifica a ellos.

Como feminista, no se puede denunciar la cosificación y sexualización de las niñas comprando esta filfa progresista, ni se puede denunciar los roles sexistas asociados a los juguetes comprando el discurso transgenerista de las infancias trans.

Esto último es lo que hacen Garzón y Montero. Escriben artículos sobre el libre desarrollo de la personalidad de la infancia, clamando por la erradicación de los estereotipos sexistas, mientras defienden que un niño que no se ajusta a estereotipos sexistas masculinos tiene una identidad de género femenina, de modo que sería una niña.

Es exactamente esto, hormonar y mutilar a niños y niñas sanos para reconducirlos a su sexo verdadero y alejarlos de un supuesto cuerpo equivocado, lo que se desprende del anteproyecto de Ley Trans, proyecto estrella de Irene Montero, que se está tramitando en el Parlamento.

Este proyecto permite el cambio de sexo registral a menores. También que, en caso de que sus padres o tutores no respeten su “identidad sexual o de género”, la situación sea valorada como de riesgo.

Porque la legítima preocupación de los padres ante la disconformidad de su hijo/a con su propio cuerpo, la misma búsqueda de asistencia psicológica antes que el inicio de unos tratamientos de “reasignación” (hormonación y mutilación) cuyo alcance e implicaciones físicas y emocionales son incapaces de comprender los niños, será calificada por esta nueva ley como situación de riesgo.

Se vulnera, de esta manera, el principio del interés superior del menor, el libre desarrollo de la personalidad que tanto aducen Garzón y Montero y se insta a los padres a acatar, sin reflexión ni alternativa, los deseos de cambio de sexo del niño o niña si no quieren perder la patria potestad.

Basta con echar un vistazo a los protocolos educativos que ya se han puesto en marcha en varias comunidades autónomas (con el desarrollo de las leyes de identidad de género) para caer en la cuenta de que la amenaza a la patria potestad o tutela de menores y la medicalización de niños sanos de por vida no son exageraciones de “malvadas feministas tránsfobas”, sino una fehaciente y certera explicación de las consecuencias de las políticas identitarias que defienden Garzón y Montero.

Los mismos que nos dicen que los juguetes no tienen género y proponen orgullosos la huelga de los juguetes apoyan protocolos educativos que instauran una policía de género en las aulas.

Estas leyes y sus protocolos educativos ordenan al profesorado observar signos de transexualidad en los menores en aras de dispensar el adecuado tratamiento educativo y psicofarmacológico.

Adivinen cuál es uno de los signos de transexualidad. Efectivamente, lo habrán concluido: “Preferencia por los juguetes, juegos o actividades habitualmente utilizados o practicados por el sexo contrario”. Temo que colapsen quienes defienden con tanta alegría y bajo la misma pretendida causa una idea y su contraria.

Por esto decimos las feministas que las infancias trans no existen. Sólo son niños y niñas que no se ajustan a estereotipos sexistas. El libre desarrollo de su personalidad será efectivo erradicando tal normativa social y no mutilando sus cuerpos. El problema es social y empujarlos a creer que el problema está en sus mentes o cuerpos es maltratarlos.

Por esto denunciamos la incoherencia y cinismo en que está instalada la izquierda institucional, especial y particularmente el Ministerio de Igualdad. Porque instrumentalizan y dañan al feminismo. Porque defienden ideas contrapuestas, sexistas e irracionales que únicamente consiguen ridiculizar al feminismo. Porque no los verán haciendo su trabajo.

Mientras escribo estas líneas, vivimos otra jornada con el precio de la luz más caro de la historia. Para esto el Ministerio de Consumo de Garzón ni está ni se le espera.

Mientras escribo estas líneas, miles de mujeres en España son prostituidas. Y hace escasas horas conocimos el asesinato de otra mujer a manos de un hombre que decía amarla. Para esto el Ministerio de Igualdad de Montero sólo tiene tuits de condolencia. Las políticas son para el movimiento transgénero.

Para campañas y articulitos en medios que no se creen ni ellos. Para esto están ambos ministerios.

Paula Fraga es abogada especializada en Derecho penal y de familia.

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