La idea ilusa sobre el comercio

Desde el año 2008, el comercio mundial ha crecido un poco más lentamente que el PIB mundial. La Ronda de Negociaciones de Doha  de la Organización Mundial del Comercio terminó siendo un fracaso. Las negociaciones comerciales trasatlánticas y transpacíficas están progresando lentamente, frenadas por la resistencia que ejercen los intereses especiales. Sin embargo, a pesar de que muchos expertos temen que el proteccionismo menoscabe la globalización, y amenace con obstaculizar el crecimiento económico mundial, puede que la desaceleración del crecimiento del comercio mundial sea un hecho inevitable, y que la liberalización del comercio sea cada vez menos importante.

Sin duda, por un período de 65 años, el rápido crecimiento del comercio ha jugado un papel vital en el desarrollo económico, con el pronunciado descenso de los aranceles industriales promedio en las economías avanzadas desde un nivel superior al 30% a uno por debajo del 5%.

La creación del mercado único europeo facilitó el aumento del comercio intra-europeo. Japón, Corea del Sur y Taiwán alcanzaron una rápida convergencia económica sobre la base de un crecimiento impulsado por las exportaciones. China ha seguido el mismo camino durante los últimos 30 años. En el período comprendido entre los años 1990 al 2008, el comercio creció dos veces más rápido que la producción mundial.

No obstante, no existe ninguna razón por la cual el comercio debería crecer más rápido que el PIB de manera eterna. De hecho, incluso si no existiera ninguna barrera comercial en lo absoluto, pudiese ocurrir que el comercio crezca mucho más lentamente que el PIB durante algunos períodos. Hay varios factores que hacen posible que entremos a un período de este tipo.

Para empezar, hay un cambio de patrón de consumo en las economías avanzadas. Las personas más ricas gastan una mayor proporción de sus ingresos en servicios, que por su naturaleza, es imposible que sean parte de transacciones de comercio (por ejemplo, comidas en restaurantes) o bien es muy difícil que lo sean (como en el caso de los servicios de salud). Los sectores que no son parte de las transacciones de comercio tienden a representar un porcentaje creciente del empleo y la actividad económica.

Durante varias décadas, esa tendencia se ha visto compensada por el permanente y cada vez más intenso comercio de bienes transables, que a menudo cruza muchos países en cadenas de suministro complejas. En el futuro, no obstante, el cambio hacia el consumo de bienes no transables podría dominar.

De hecho, la intensidad del comercio podría disminuir incluso para los productos manufacturados. El comercio se ve impulsado, en parte, por las diferencias en los costos laborales. Hasta hoy en día, el dramático crecimiento del sector manufacturero de China refleja los bajos salarios. Sin embargo, a medida que los salarios reales en China y otras economías emergentes aumenten, los incentivos para el comercio disminuirán. Cuanto más converjan los ingresos a nivel mundial, puede que haya una cantidad menor de comercio

Además, tal como los economistas Erik Brynjolfsson y Andrew McAfee del MIT han argumentado en su libro The Second Machine Age, los rápidos avances en la tecnología de la información podrían permitir que ocurra una automatización cada vez más extendida. Podrían retornar a los países desarrollados algunas actividades de fabricación,  y unos pocos puestos de trabajo, a medida que las ventajas de la proximidad al lugar de ubicación de los clientes y los costos de transporte menores pesen más que las diferencias, cada vez menos importantes, en costos laborales.

El comercio mundial como porcentaje del PIB puede, por lo tanto, bajar, pero sin consecuencias adversas para el crecimiento económico mundial. El aumento de la productividad no requiere, inexorablemente, de una creciente intensidad del comercio.

El planeta Tierra, al fin y al cabo, no comercia con otros planetas, pero aún así su economía sigue creciendo. La intensidad comercial óptima depende de muchos factores – tales como los costos relativos de mano de obra, los costos de transporte, los niveles de productividad, y los efectos de economía de escala. Las tendencias en estos factores podrían hacer que la reducida intensidad del comercio no sólo sea inevitable sino que también sea deseable.

Incluso si eso es cierto, el comercio internacional seguirá desempeñan un papel vital, y es esencial evitar cualquier reversión de las liberaciones comerciales que se llevaron a cabo en el pasado. Sin embargo, las futuras liberalizaciones comerciales están destinadas a tener una importancia cada vez menor con relación al crecimiento económico.

Debido a que los aranceles industriales se redujeron de manera dramática, ya se captaron la mayoría de los beneficios potenciales de las liberaciones comerciales. Las estimaciones de los beneficios potenciales adicionales que traerían consigo mayores liberalizaciones comerciales son a menudo sorprendentemente bajas – no más de unos pocos puntos porcentuales del PIB mundial.

Ese beneficio es pequeño en comparación con el costo de la crisis financiera del año 2008, que ha dejado a la producción en varias economías avanzadas un 10 a 15% por debajo de los niveles de tendencia pre-crisis. Es pequeño, también, en comparación con la diferencia en el desempeño económico entre los países exitosos que están tras alcanzar a los otros – como por ejemplo China – y otros países que han gozado del mismo acceso a los mercados mundiales, pero que han tenido un desempeño menor por otras razones.

La principal razón para el lento progreso en las negociaciones de comercio no es el proteccionismo que va en aumento; es el hecho de que una mayor liberalización implica complejas compensaciones que ya no se ven compensadas por enormes beneficios potenciales. El fracaso de la Ronda de Doha ha sido condenado públicamente como un revés para los países en desarrollo. Y cierta liberalización – digamos, de las importaciones de algodón de las economías avanzadas – sin duda beneficiaría a algunas economías de bajos ingresos. Pero la liberalización completa del comercio tendría un impacto complejo en las economías menos desarrolladas, algunas de las cuales se beneficiarían solamente si se las compensa por la pérdida del acceso preferencial a los mercados de las economías avanzadas que disfrutan hoy en día.

Esto implica que los futuros avances en la liberalización del comercio serán lentos. Sin embargo, para las perspectivas de crecimiento, dicho avance lento es un reto mucho menos importante en comparación al reto que representa la carga de la deuda en las economías desarrolladas, o las deficiencias educativas y de infraestructura en muchas economías en desarrollo. Esta realidad a menudo no se reconoce. La importancia que revestían las liberalizaciones comerciales del pasado ha dejado a los líderes encargados de las políticas mundiales con un sesgo que los lleva a suponer que una mayor liberalización traería beneficios similares.

Sin embargo, si bien los beneficios mundiales potenciales de la liberalización del comercio han disminuido, la reducida intensidad del comercio aún podría impedir el desarrollo económico de algunos países. Sólo un puñado de economías en los últimos 60 años han alcanzado  los estándares de vida de las economías avanzadas de manera plena, y todo esto fue logrado sobre la base de un crecimiento impulsado por las exportaciones, cuyo fin a su vez es impulsar la productividad y la creación de empleos en la industria manufacturera. Confiar únicamente en dicho modelo se tornará más difícil en el futuro. China es tan grande que debe desarrollar impulsores internos para el crecimiento en una etapa más temprana de su desarrollo en comparación con lo que ocurrió en los casos de Japón, Taiwán o Corea del Sur; como consecuencia de ello, sus exportaciones disminuirán inevitablemente (en relación con el PIB).

Mientras tanto, para algunos países de bajos ingresos, el aumento de la automatización del tipo descrito por  Brynjolfsson y McAfee que ocurre en los sectores de manufactura y servicios, ya sea dentro de las economías avanzadas, o dentro de agrupaciones industriales establecidas en China, hará que la ruta para acceder a una situación de ingresos medios y altos sea más difícil de alcanzar. Esto plantea importantes retos para las políticas de desarrollo, retos que una mayor liberalización comercial podría aliviar sólo marginalmente.

Adair Turner, former Chairman of the United Kingdom’s Financial Services Authority, is a member of the UK’s Financial Policy Committee and the House of Lords. Traducido del inglés por Rocío L. Barrientos.

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