La importancia de la Cumbre de Gales para la Alianza Atlántica

LAS cumbres de la OTAN han marcado la historia de la organización. En ellas se adoptan los cambios políticos que señalan el futuro de la Alianza. La de Gales será la cumbre número 26 y se desarrolla en un momento de incertidumbre, tras los conflictos separatistas en el Sur y Este de Ucrania, y la revitalización del terrorismo yihadista en Oriente Medio y en el Sahel.

La Alianza se fundó con 12 países miembros preocupados por un único tema: el expansionismo soviético, frente al que se fueron aplicando estrategias basadas fundamentalmente en los medios militares estadounidenses. Hoy son 28 países con posiciones geopolíticas muy diversas y con percepciones diferentes de los múltiples y cambiantes riesgos y amenazas, en una situación de crisis económica que afecta a todos, incluido al Pentágono.

Una cumbre de presidentes y primeros ministros es una magnífica ocasión para reforzar la cohesión y establecer políticas capaces de afrontar los grandes retos de la Alianza. Esto resulta indispensable, si tenemos en cuenta que todas las decisiones se tienen que tomar por unanimidad, tras procesos de búsqueda de consenso y atendiendo a los criterios establecidos en estas cumbres.

En este aspecto es clave la vigencia del vínculo trasatlántico, es decir el compromiso de Estados Unidos con la seguridad europea, a pesar del desplazamiento de los intereses geopolíticos estadounidenses hacia Asia-Pacífico.

Una vez alcanzados los objetivos establecidos para ISAF en Afganistán, en la cumbre se dará por terminada esta misión, que fue encomendada por Naciones Unidas a la OTAN y en la que han llegado a participar 50 países. La Alianza dará paso a una nueva misión de apoyo, sin implicarse directamente en operaciones militares de combate, que serán responsabilidad exclusiva de las fuerzas afganas. Se trata de una operación de tránsito hasta lograr la autosuficiencia del país en materia de seguridad. Para esto, hubiera sido deseable que el nuevo presidente afgano asistiera a la cumbre, tras su toma de posesión, pero el recuento electoral, a cargo de Naciones Unidas, no terminará antes del 10 de septiembre.

La OTAN necesita estrategias novedosas para hacer frente a amenazas transnacionales en el ámbito de la ciberdefensa, de la seguridad marítima o del espacio. También necesita estrategias específicas para cada región geopolítica. En el Este, la actual actitud agresiva de Rusia, requiere la adopción de políticas consensuadas firmes, capaces de contener las ambiciones rusas que no ha dudado en saltarse el derecho internacional, y contribuir a la resolución del conflicto en Ucrania.

Sin duda el papel de Rusia en el conflicto de Ucrania será ampliamente tratado en la cumbre, pero esto no debe restar atención a las amenazas procedentes de Oriente Medio, Norte de África, Sahel y Golfo de Guinea, que estando interrelacionadas, requieren una estrategia específica para el flanco Sur de la Alianza, teniendo en cuenta que la seguridad del Magreb y la del Sahel afectan directamente a los países mediterráneos europeos.

La OTAN podría desarrollar una estrategia cooperativa para esta región, prevista en el Concepto Estratégico aprobado en la Cumbre de Lisboa en 2010, que no se basa en grandes despliegues militares, si no en la colaboración con los gobiernos de la zona, mediante acuerdos bilaterales para ayudarles a incrementar sus niveles de seguridad. Todo ello en coordinación con la UE, que ha desarrollado numerosas operaciones en la zona, como son las del tipo de formación y entrenamiento de las fuerzas armadas locales.

Los riesgos y amenazas para la seguridad en la zona euroatlántica, que son cada vez más intensos y más cercanos, requieren el desarrollo de nuevas capacidades, especialmente por parte de los europeos, que deben asumir sus responsabilidades, buscando un mayor reequilibrio y una menor dependencia de los EE.UU. Urge el desarrollo de medios para la ciberdefensa, la defensa antimisil, las operaciones especiales, el reabastecimiento en vuelo, la inteligencia, la vigilancia o el reconocimiento, entre otros. Sin olvidar que el entrenamiento y los ejercicios conjuntos son fundamentales para la eficacia de la OTAN.

El camino a seguir está claro. El mayor obstáculo para aprobar nuevas y necesarias capacidades es la crisis económica. No obstante, los planes de dotación son de largo plazo, pero las decisiones es necesario tomarlas hoy.

Miguel Ángel Ballesteros Martín, General Director del Instituto Español de Estudios Estratégicos.

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