La importancia de la investigación europea en Defensa

La investigación es crucial. Pongamos un ejemplo: Galileo. En 2003, la UE y la Agencia Espacial Europea acordaron iniciar este ambicioso proyecto. Inspirado en la genialidad de uno de los pensadores europeos más brillantes, Galileo no solo pretendía impulsar a Europa hacia lo más alto del mercado mundial de sistemas de navegación por satélite, valorado en 175.000 millones de euros, sino también beneficiar a los servicios y usuarios europeos, impulsar la innovación y crear empleo. Sus aplicaciones son asombrosas: van desde los servicios de búsqueda y rescate a la investigación científica, pasando por los servicios de posicionamiento (GPS), tal y como se utilizan en los coches, pero también en el tráfico aéreo, marítimo, ferroviario e incluso peatonal. Galileo garantiza la independencia de Europa en el acceso a las señales de los satélites. Por supuesto, no ha sido fácil poner en marcha el programa desde un punto de vista político o económico. Pero las ventajas que de él derivan –innovación, competencias, empleos, crecimiento e independencia– han hecho que el esfuerzo merezca la pena. Galileo es un ejemplo de trabajo en equipo: saca el máximo rendimiento de las fortalezas individuales para lograr objetivos comunes. Esta exitosa receta se debe aplicar ahora a la defensa europea.

Actualmente, la UE se enfrenta a un complejo conjunto de retos. El creciente escepticismo respecto a sus objetivos, la incertidumbre financiera y las amenazas a su seguridad exigen un debate fundamental sobre el futuro de una Europa fuerte. El 82 por ciento de los encuestados de un estudio de alcance europeo han confirmado que desean una mayor implicación de la UE en la lucha contra el terrorismo y el 66 por ciento quieren una mayor intervención de la Unión en las políticas de defensa y seguridad. La Estrategia Global de la UE publicada recientemente ha puesto de manifiesto la frontera cada vez más borrosa entre seguridad interna y externa. La defensa no es un factor aislado, sino que está inextricablemente unido a la seguridad y la prosperidad. Por lo tanto, Europa tiene que ser capaz de jugar un papel de proveedor fiable de seguridad para sus socios, al mismo tiempo que protege a sus ciudadanos.

Para lograr este objetivo, la defensa ya no se puede contemplar únicamente desde una perspectiva nacional. La cooperación en materia de defensa no puede ser un concepto abstracto. Al igual que Galileo, la defensa europea es más fuerte que la suma de sus partes. Esto conlleva una mayor cooperación en innovación en materia de defensa, en recursos de vanguardia, en investigación y tecnología. Y esto tenemos que hacerlo ahora.

Tras el llamamiento realizado por los líderes europeos, la Comisión Europea ha propuesto recientemente invertir 90 millones de euros en investigación en materia de defensa en el periodo comprendido entre 2017 y 2019. Esta inversión puede parecer modesta en comparación con la última iniciativa de innovación tecnológica en el sector de la defensa de Estados Unidos, que asciende a unos 18.000 millones de dólares, o incluso con el programa Galileo, que ha exigido una inversión de cerca de 5.000 millones de euros. Pero es un comienzo; y uno muy importante. Para la UE es, además, una revolución. Por primera vez en su historia, la UE, a través de esta denominada Acción Preparatoria, está allanando el camino para un programa sustancial de investigación en materia de defensa en el próximo marco financiero plurianual que irá de 2021 a 2027. Esto supondrá utilizar el presupuesto de la UE para defensa, ¡algo impensable hace tan solo tres años!

Los programas de capacidades confiados a la Agencia Europea de Defensa son un comienzo, pero tenemos que pensar en el desarrollo a largo plazo si queremos conservar la capacidad de Europa para ser un proveedor de seguridad creíble que confía en tecnologías innovadoras y de vanguardia. Y tenemos que hacerlo ahora. El desarrollo de capacidades requiere tiempo. La utilización del presupuesto de la UE para investigación y tecnología en materia de defensa no debe reemplazar de ninguna manera a los esfuerzos nacionales, sino que ayudará a generar masa crítica, a conectar a las entidades europeas de investigación y, lo que es muy importante, a aumentar la interoperabilidad y la estandarización. Además, está demostrado que la investigación en materia de defensa tiene unos productos colaterales concretos y rentables en la vida diaria, como internet o el GPS.

La investigación y la tecnología no son un capricho deseable. Son un requisito previo indispensable para desarrollar las capacidades del futuro y, por tanto, para ofrecer la seguridad que necesitan nuestros ciudadanos. Asimismo, subraya la autonomía estratégica de Europa, impulsa su industria, crea empleo y estimula el crecimiento. Para lograrlo se necesita el compromiso de las instituciones europeas, los estados miembros y la industria. No obstante, una Acción Preparatoria plenamente activada y dotada de los recursos apropiados es una oportunidad que no podemos dejar pasar. El Parlamento Europeo y el Consejo de la UE tendrán que adoptar esta decisión crucial en el presente proceso presupuestario, y espero sinceramente que así lo hagan.

Jorge Domecq, director ejecutivo de la Agencia Europea de Deefensa.

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