La incapacidad laboral en su contexto médico: problemas clínicos y de gestión

Por Juan Gérvas, Ángel Ruiz Téllez y Mercedes Pérez Fernández, médicos de atención primaria (FUNDACIÓN ALTERNATIVAS, 22/06/06):

RESUMEN:

La enfermedad supone la incapacidad para llevar a cabo la actividad ordinaria de la vida. Entendemos genéricamente como enfermedad toda situación de enfermedad como tal, lesiones, síntomas, síndromes y enfermedades propiamente dichas que conllevan pérdida de salud y, en consecuencia, una obligada inactividad y, por tanto, una incapacidad llamada laboral, si existe un trabajo remunerado, y una baja laboral. Aquí, como se verá, asumimos las expresiones incapacidad laboral y baja laboral sin hacer distinciones.

No se puede afirmar tajantemente que el dejar de trabajar sea beneficioso, pues varios estudios concluyen demostrando que la ausencia al trabajo por recomendación médica tiene ventajas e inconvenientes. El sistema sanitario registra y avala con legalidad la relación enfermedad e incapacidad-baja con un certificado que firma el médico y que promueve unas prestaciones sociales de atención sanitaria y subvención económica hasta la rehabilitación del enfermo-trabajador.

Pero dentro de esta regla social de “sentido común” se ha advertido que existe un abuso en un tercio de los casos, ya sea porque no exista una verdadera relación enfermedad-incapacidad o porque el reposo determinado por el médico, y su consiguiente baja en el trabajo, se prolongue indebidamente. Aunque las leyes han cambiado, y la situación ha mejorado, nadie niega todavía la existencia de abusos y de fraudes.

La relación enfermedad-incapacidad laboral se complica todavía más con los problemas del llamado “presentismo” (pronta incorporación al trabajo), que es el reverso del abuso al que nos referíamos antes, y con el porcentaje del 16% de las bajas por enfermedad y/o accidente “no laboral” en atención primaria que, según diversos estudios, tiene una causalidad probablemente laboral, aunque no lo sean a primera vista, y no se declaren por ello como tales.

En este terreno incierto se mueve el médico de atención primaria, que siente la necesidad de que se estudie e investigue a fondo el fenómeno sanitario y social de la incapacidad laboral transitoria y que, consecuentemente, se mejore el proceso clínico en torno a la baja laboral. Como médicos de atención primaria, y con esta preocupación del mejor uso de la baja laboral, hemos trabajado en el seguimiento de las investigaciones y estudios que se han realizado sobre el tema, y hemos hecho también un desarrollo analítico de la práctica clínica habitual, con propuestas para su mejora.

Concluimos que es necesario encontrar una solución profesional idónea a una gestión global de la incapacidad temporal. Consideramos que hay que dar, o devolver, al médico de atención primaria el protagonismo y la responsabilidad en el proceso de baja-alta médica –y, por ello, de la baja-alta laboral–, ya que es quien certifica la necesidad del reposo, y emplea éste como parte del plan terapéutico. Desde esta convicción fundamentada, que es el núcleo de nuestro pensamiento, hacemos las propuestas que enunciamos a continuación:

  • La política de separación de la gestión económica y del manejo clínico de las bajas laborales no ha resuelto sus problemas. Además, la baja laboral, connatural al reposo prescrito, necesariamente hay que considerarla como una parte del acto terapéutico.
  • Debiera desaparecer la dicotomía entre gestión económica y clínica y, simultáneamente, la burocracia inútil, de modo que la certificación de baja laboral y los partes de confirmación fueran estrictamente clínicos, puesto que la certificación depende únicamente de la valoración médica.
  • Sin un conocimiento global del paciente, difícil fuera de la atención primaria, parece imposible el control del problema. Por ello, los médicos de atención primaria debieran contar con autoridad y poder para solicitar pruebas diagnósticas y terapéuticas, de forma que los especialistas y los médicos de las mutuas actuaran como consultores. Además, los médicos de primaria deberían tener un presupuesto anual cerrado para el gasto en bajas laborales de su cupo.
  • La aceptación de este cometido y responsabilidad tendría una remuneración compuesta de un fijo mensual y un incentivo variable anual, según cumplimientos de objetivos. El ahorro repercutiría en la mejor dotación material y personal del Centro de Salud.
  • El planteamiento y las propuestas que contiene este Documento implican una nueva cultura, una percepción de que la baja laboral es un instrumento clínico terapéutico, cuya función clave es contribuir a la mejor recuperación de la salud.
  • Es cierto que en España existe abundante investigación sobre bajas laborales, pero se echa en falta un plan estructurado de investigación y de formación que estudie la adecuación de la baja al problema de salud, elabore guías en favor de la eficacia y de la valoración de los efectos adversos de la situación de baja, y que ayude a establecer un plan de formación continuada y a la renovación de conocimientos y prácticas de probada eficacia (sobre todo, en lo que se refiere a los episodios que son con mayor frecuencia causas de abuso y fraude).

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