La India en la mesa máxima de la ONU

La diplomacia india comenzó 2011 con las elecciones a la presidencia del Comité de las Naciones Unidas contra el Terrorismo, un cuerpo de cierta importancia para el país (y uno que muchos pensaron que la India no podría presidir, teniendo en cuenta sus fuertes sentimientos sobre el tema ). Viniendo tras el margen récord de victoria de la India en la carrera por un puesto no permanente en el Consejo de Seguridad, esta noticia confirma la posición de la India en el mundo y la contribución que es capaz de hacer en el Consejo. Sin embargo, con tales apoyos las expectativas son altas y el gobierno de la India tendrá que pensar sobre la mejor manera de cumplirlas.

Este es un año poco común en esta alta instancia de la ONU. Varios estados poderosos, cuyo creciente papel global los ha vuelto aspirantes a puestos permanentes en un Consejo de Seguridad reformado, servirán junto a la India. Alemania y Sudáfrica fueron elegidos como miembros no permanentes al mismo tiempo, mientras que Brasil y Nigeria están a la mitad de sus términos de dos años.

Esto también significa que cuatro agrupaciones internacionales estarán representados en el Consejo en 2011: el triunvirato Rusia-India-China, cuyos ministros de relaciones exteriores se reúnen dos veces al año, los BRIC, que suman a Brasil a la lista, la alianza India-Brasil-Sudáfrica de las tres mayores potencias del hemisferio sur, y BASIC, que reunió a Brasil, Sudáfrica, India y China durante las negociaciones del cambio climático en Copenhague el año pasado. India es el único país que pertenece a los cuatro.

Esto no sólo pone de relieve el grado en que la India se ha convertido en un punto de apoyo en la política global, sino también apunta a la composición excepcional del nuevo Consejo de Seguridad. La mitad de los miembros del G-20, la agrupación que ahora es el principal foro mundial sobre asuntos económicos internacionales, estará en el Consejo, tratando cuestiones relacionadas con la paz y la seguridad mundiales.

Los cinco miembros permanentes del Consejo – EE.UU., Gran Bretaña, Francia, China y Rusia – no podrán tomar a estos miembros por sentado. En los últimos años se han acostumbrado a llegar a acuerdos entre ellos y más o menos imponerlos a los diez miembros no permanentes. Sin embargo, los cinco grandes países que ahora también están en el Consejo esperarán que se les consulte y no se podrá dar por supuesta su aquiescencia sobre temas clave.

Al mismo tiempo, el desempeño en el Consejo de los países que aspiran a ser miembros permanentes será visto como una muestra de su proceder en caso de que lo logren. Esto pone aún más a la India bajo el foco de atención.

Una consecuencia inmediata de servir en el Consejo será la necesidad de adoptar posiciones sobre asuntos que en los últimos años algunos mandarines de la India han preferido eludir; por ejemplo, Sudán del Sur, cuyo referéndum sobre la independencia amenaza con provocar graves actos de violencia en un área donde ya prestan servicio fuerzas de paz indias de las Naciones Unidas.

Además, durante el primer mes de la India como miembro del Consejo, se abordará el futuro de la operación de las Naciones Unidas de mantenimiento de la paz en la vecina Nepal. Y no mucho después, el Consejo deberá considerar las implicaciones del inicio de la probable retirada de las tropas de EE.UU. en Afganistán, otra área de importancia directa para la seguridad nacional de la India.

Es casi seguro que también aparecerán en la agenda del Consejo temas como las sanciones a Irán, el dubitante proceso de paz en Oriente Medio y la respuesta del mundo a un probable cambio de autoridades en Corea del Norte. Todos ellos exigen un pensamiento creativo y valiente que trascienda las posiciones atrincheradas o demuestre una solidaridad reflexiva con los países «no alineados».

La India también tendrá que reconsiderar su tradicional oposición a la tendencia del Consejo a ampliar su injerencia y tratar sobre asuntos que la India considera son competencia de la Asamblea General. El Consejo ha tendido a abordar áreas como el VIH / SIDA, el cambio climático, y el empoderamiento de la mujer, lo que acaba por hacer casi irreconocible el término «paz y la seguridad». Y, sin embargo, como miembro del G-20 y el Consejo de Seguridad, la India podría ver un interés en prestar atención a temas como la seguridad alimentaria o energética, que tocan preocupaciones centrales de ambos grupos.

Asimismo, ser parte del Consejo de Seguridad tiene importantes implicancias en cuanto a formación y personal. La necesidad de adquirir conocimientos especializados sobre diversos temas y participar en la adopción de aproximadamente 60 resoluciones por año (por no hablar de Declaraciones del Presidente sobre los mismos temas, que tienen menos fuerza legal, pero cuya adopción requiere unanimidad) pondrá a prueba la capacidad y las habilidades de negociación de la India.

Varios subcomités y grupos de trabajo del Consejo (entre ellos el Comité contra el Terrorismo), también requerirán atención a tiempo completo. En agosto de 2011, la India presidirá el Consejo por rotación alfabética, y puede encontrarse desempeñando un papel clave en la elección (probablemente la reelección) del Secretario General de las Naciones Unidas, que debe tener lugar antes de que finalice el año.

Con todo, el lugar de la India en el Consejo de Seguridad ofrece una oportunidad extraordinaria, después de dos décadas de ausencia en la mesa de alto nivel mundial, para demostrar al mundo lo que es capaz de hacer. Tras esta experiencia su reputación y credibilidad como actor global deberían experimentar una importante mejora. En cualquier caso, el mundo estará observando.

Por Shashi Tharoor, ex ministro indio de Asuntos Exteriores y Vicesecretario General de la ONU, miembro del parlamento de la India y autor de varios libros, entre los cuales el más reciente es Nehru: la invención de la India (en alemán). Traducido del inglés por David Meléndez Tormen.

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