La injusticia del poderoso

Por Gunter Grass, escritor y premio Nobel de Literatura (EL PERIODICO, 26/03/03):

Ha comenzado una guerra, una guerra deseada y planificada durante mucho tiempo. Contra todas las consideraciones y advertencias de la ONU, se ha dictado una orden internacionalmente ilegal de ataque preventivo a un aparato militar aplastante. Las objeciones no han servido de nada.

El voto del Consejo de Seguridad fue ignorado y desdeñado como irrelevante. Desde el 20 de marzo, sólo prevalece el derecho del más fuerte. Y basándose en esta injusticia, el más fuerte tiene poder para comprar y recompensar a quienes están a favor de la guerra, y de hacer caso omiso o incluso castigar a los que están en contra.

Las palabras del actual presidente norteamericano, cuando dice los que no están con nosotros, están contra nosotros, pesan como una losa, sobre todo lo que actualmente sucede cual eco de periodos bárbaros. Así pues, no sorprende que las palabras elegidas por el agresor se parezcan cada vez más a las de su enemigo. El fundamentalismo religioso faculta a ambos bandos, pues todas las religiones abusan del término Dios y con su fanática interpretación secuestran a Dios. Ni siquiera ha surtido efecto el apasionado apercibimiento del Papa.

INQUIETOS, impotentes, pero también llenos de rabia, nos vemos obligados a ser meros observadores de la decadencia moral del único poder que rige en el mundo, sospechando que algo resultará de esta locura organizada: motivos para que aumente el terrorismo, para que aumente la violencia y la contraviolencia.

¿Es éste el EEUU que, por muchas razones, ocupa un buen lugar en nuestra memoria? ¿El generoso proveedor del Plan Marshall? ¿El maestro paciente que ha impartido la asignatura de la democracia? ¿El país que un día fue ayudado por el proceso de ilustración europea en la superación del Gobierno colonial, que se dotó de una Constitución ejemplar y para el cual la libertad de expresión era un derecho humano inalienable?

No sólo nosotros estamos experimentando cómo se desvanece esta imagen, que en el transcurso de los años se convierte cada vez más en una ilusión y acaba siendo una distorsión de sí misma. También hay muchos norteamericanos que aman a su país y están horrorizados por la descomposición de sus valores constitucionales y por el orgullo desmedido de su propio poder.

Yo me considero su aliado. Por otra parte, soy declaradamente pronorteamericano. Con ellos protesto contra la injusticia brutalmente ejercida por el poderoso, contra las restricciones a la libertad de opinión, contra una política de información que en la práctica sólo es comparable a la de los estados totalitarios y contra todo cálculo cínico en que la muerte de muchos miles de mujeres y niños sea aceptada cuando se trata de la preservación de intereses económicos y de poder.

No, no es el antinorteamericanismo lo que está dañando la reputación de EEUU, ni el dictador Sadam y su país en gran parte desarmado los que están poniendo en peligro al poder más pujante del mundo; son Bush y su Gobierno los que están estimulando la decadencia de los valores democráticos, los que están infligiendo daños a su propio país, los que ignoran a la ONU y los que ahora, en una guerra internacionalmente ilegal, producen el horror en el mundo.

A los alemanes se nos solía preguntar si estábamos orgullosos de nuestro país. Era difícil de responder. Y había buenas razones para nuestra vacilación. Hoy puedo decir que estoy bastante orgulloso de Alemania por el rechazo mostrado por la mayoría de ciudadanos ante la guerra preventiva. Tras asumir la responsabilidad por dos guerras mundiales con resultados criminales, hemos aprendido de la historia y hemos captado las lecciones que se derivaban de ella. Desde 1990, la República Federal de Alemania es un Estado soberano. Por primera vez el Gobierno ha hecho uso de su soberanía al mostrar coraje para contradecir al poderoso aliado y preservar a Alemania de caer en una posición de secundario. Agradezco a Schröder y a Fischer su decisión; han mantenido su credibilidad a pesar de todos los ataques internos y externos.

EN LA actualidad, mucha gente podría estar desanimada. Hay razones para ello. A pesar de todo, nuestro no a la guerra y el sí a la paz no deberían desvanecerse. ¿Qué ha sucedido? La roca que hemos subido rodando cuesta arriba, ahora vuelve a estar al pie de la montaña. Pero una vez más volvemos a subirla, aunque sospechemos que, en cuanto lleguemos arriba, volveremos a encontrárnosla al pie de la montaña. Esto, en cualquier caso –la protesta y la contraprotesta sin fin–, es y sigue siendo humanamente posible.

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