La inteligencia artificial, en español

El español afronta, en su incorporación al universo digital, el mayor reto de su historia. Del mismo modo que la aparición de la escritura supuso el paso de la Prehistoria a la Edad Antigua y la irrupción de la imprenta marcó el paso de la Edad Media a la Edad Moderna, la consolidación del lenguaje artificial será lo que marque la entrada definitiva de la Humanidad en la era digital.

El desarrollo de la inteligencia artificial va a traer como consecuencia inmediata una globalización de la cultura, un proceso en el que el español no puede quedar relegado. Por otra parte, la calidad cultural del mundo futuro vendrá establecida por la riqueza de que dotemos al lenguaje artificial, por el nivel de exigencia con que llevemos a cabo la conversión del lenguaje natural, el que hablamos en nuestra vida diaria, en lenguaje sintético, el que han de hablar las máquinas y a través del que nosotros nos comunicaremos con ellas. En ese proceso, está en juego también la determinación de cuáles serán los idiomas que se impondrán como vehículo de dicho lenguaje.

La inteligencia artificial, en españolEl desarrollo del lenguaje sintético, el lenguaje de las máquinas, es un proceso imparable que puede verse como un riesgo o como una oportunidad. En general, en el mundo digital, condicionado siempre por la velocidad, el lenguaje corre un evidente peligro de degradación. Los errores, el mal uso, los vicios del lenguaje se extienden y se consolidan a un ritmo vertiginoso. Un ejemplo curioso: si buscamos en Google el uso erróneo del imperativo del verbo decir, decirlo, obtendremos dos millones de resultados. Si, en cambio, buscamos su forma correcta, decidlo, nos mostrará poco más de tres mil. Las abreviaturas, la comunicación acotada a un número limitado de caracteres, la sustitución de las palabras y las frases por emoticonos, todos esos nuevos hábitos en apariencia inocuos van debilitando la riqueza expresiva del lenguaje y, por tanto, van empobreciéndolo. La inteligencia artificial peca, incluso, de intolerables incorrecciones: si escribimos engineer, es seguro que el asistente de traducción nos ofrecerá ingeniero, en masculino; pero si escribimos nurse, la traducción será enfermera, en femenino. A estos ejemplos podrían añadirse muchos otros: son numerosas las palabras de nuestro vocabulario español que los procesadores de texto no reconocen y nos proponen corregir o sustituir, en especial palabras compuestas, esdrújulas, sobreesdrújulas o, simplemente, de uso poco habitual. El lenguaje sintético tiene una tendencia natural a elegir el camino más corto y fácil en su aprendizaje y, por tanto, a la reducción del léxico utilizable. Esto es algo que no debemos aceptar como si fuese un precio inevitable que debemos pagar en el desarrollo tecnológico, porque no es así.

Además, junto a ese riesgo general de pérdida de calidad, en el caso concreto del español está también el riesgo de la pérdida de presencia. El español es la segunda lengua más hablada del mundo después del chino y por encima del inglés. Sin embargo, si nos referimos solo a contenidos digitales, el inglés pasa a ocupar el primer puesto y el español cae a la cuarta posición, superado también por el ruso y el alemán. El riesgo es ya una realidad. La optimización de las herramientas para el reconocimiento de voz y, en general, el desarrollo de la inteligencia artificial se está produciendo ya fundamentalmente en inglés. Hay idiomas que ya no existen en este nuevo escenario. Cloud Speech, Cortana, Siri, Alexa o Echo tienen más vocación angloparlante que políglota.

La inteligencia artificial no buscará por sí sola un lenguaje de calidad ni tampoco un lenguaje alternativo al predominante -es decir, el inglés- si entre todos no le imponemos que lo haga. Así, Aura de Telefónica, en colaboración con terceros, prima el desarrollo de la inteligencia artificial en español. No es concebible que nos resignemos a un futuro en el que no podamos preguntar en nuestra lengua natural a nuestro asistente de voz por las noticias del día, el tiempo o el tráfico o que nuestro lenguaje natural, el español, quede excluido o no sea utilizado en las aplicaciones de mensajería o traducción. Puede sonar exagerado o alarmista si no fuese porque es un riesgo objetivamente comprobable.

Así diagnosticado el riesgo, es indudable que tenemos la capacidad para transformarlo en una oportunidad. La propia fortaleza de nuestro idioma es la mejor herramienta de que disponemos para impulsar ese español sintético como lenguaje protagonista del universo digital. Y ello sin renunciar a que mantenga como lenguaje sintético la misma riqueza que ya tiene como lenguaje natural.

El español digital debe tener una serie de características irrenunciables. En primer lugar, debe preservar la riqueza de su vocabulario, su sintaxis, su ortografía y su capacidad expresiva. La inteligencia artificial aprenderá el lenguaje con el nivel de riqueza que nosotros le queramos enseñar. Es absurdo creer que la comunicación digital es más eficiente si se opta por un uso de la lengua limitado y simplista. En segundo lugar, debe ser un lenguaje en evolución, es decir, debe mantener la misma viveza en el universo digital que ya ha acreditado en el uso oral o literario, con capacidad, bajo la tutela y el impulso de la Real Academia de la Lengua, para combinar la conservación de los términos ya existentes con la incorporación de nuevos conceptos y usos al ritmo que demanda el cambiante universo digital. En tercer lugar, debe ser un lenguaje adaptativo, capaz de competir, integrarse e interactuar con ese complejo microcosmos de abreviaturas, modismos, imágenes y símbolos característicos y exclusivos del lenguaje sintético. Y, por último, ha de ser cotidiano y ello supone que su uso digital no sea un exotismo, sino que se incorpore a las herramientas, aplicaciones e instrumentos más presentes en nuestra vida diaria, con la misma accesibilidad que el inglés, de tal manera que usar el español como lenguaje sintético sea algo cómodo e intuitivo. Sumando estos elementos, lograremos que el español reduzca con éxito la brecha que puede abrirse entre el lenguaje natural y el lenguaje sintético.

En ese compromiso estamos avanzando y debemos unirnos cada vez más lingüistas, académicos, creadores, educadores, gobernantes y las empresas responsables del desarrollo tecnológico, sumando nuestra capacidad de actuación y de esfuerzo y los valores que compartimos. Nuestro reto, nuestra oportunidad y estoy seguro que nuestro éxito será que la inteligencia artificial hable en español.

José María Álvarez-Pallete es presidente de Telefónica.

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