La intervención adecuada en Ucrania

El actual drama griego puede haber dejado paralizada a Europa y al mundo, pero la gran crisis en el este de Europa no ha desaparecido. Ucrania sigue sometida a una ocupación parcial por separatistas respaldados por Rusia y sigue habiendo combates intermitentes, pese al acuerdo de cese el fuego Minsk II.

Los combates intermitentes en la región ucraniana de Donbas desde que se firmó el acuerdo de Minsk el pasado mes de febrero han dejado clara una cosa. Si Rusia desea en serio buscar una solución para el conflicto, debe estar dispuesta a apoyar el despliegue de una misión y una fuerza internacionales de mantenimiento de la paz. Semejante misión podría iniciar el proceso de rehabilitación de la región, permitir a los desplazados por la violencia regresar y facilitar la reintegración de Donbas en Ucrania con las salvaguardias apropiadas y competencias transferidas.

Tenemos a mano un modelo útil para ese planteamiento. Hace dos decenios, la comunidad internacional estaba entrando en la fase final de las gestiones para lograr la paz en Bosnia, pero aún persistían conflictos en Croacia, sobre todo en la región de Eslavonia Occidental, colindante con Serbia.

Unas ofensivas militares croatas, primero a comienzos de mayo de 1995 y después a comienzos de agosto, habían recuperado tres de los cuatro sectores protegidos por las Naciones Unidas y que controlaban separatistas serbios, pero la zona más importante, el Sector Oriental de Eslavonia Oriental, seguía bajo el firme control serbio, y, de forma muy parecida a la del Presidente de Rusia, Vladimir Putin, en la cuestión de la Ucrania actual, el entonces Presidente de Serbia, Slobodan Milošević, insistía en que sólo se podía resolver el problema mediante negociaciones directas entre los separatistas serbios y el Gobierno croata de Zagrev.

Naturalmente, la realidad era la de que los separatistas serbios dependían totalmente del apoyo político, militar y económico de la Serbia de Milošević y, al final, este último accedió al despliegue de una misión y una fuerza de las NN.UU., a las que se encomendó velar por la desmilitarización y la devolución de la soberanía croata, después de aplicar las salvaguardias necesarias para los serbios que allí vivían.

Actualmente, la misión de la Administración de Transición de las Naciones Unidas en Eslavonia Oriental, Baranja y Srijem Occidental (UNTAES) ha quedado prácticamente olvidada, no porque fracasara, sino porque tuvo éxito. Desde luego, no todos los problemas en Eslavonia Occidental se solucionaron entonces o en años posteriores, pero ya no hay conflicto y ahora Croacia y Serbia disfrutan de relaciones bilaterales constructivas.

Ése podría ser un modelo para las zonas de Donbas controladas por separatistas, si hubiera voluntad política para que semejante arreglo diera resultado, pero, ¿está dispuesto en serio el Kremlin a reconocer la soberanía de Ucrania en Donbas y a reanudar unas relaciones normales con Occidente?

En este momento, tengo poderosas dudas al respecto. Conviene tener presente que Rusia ha dado todos los pasos con miras a la intensificación de ese conflicto, incluido el establecimiento de enclaves separatistas. De hecho, el Kremlin parece estar esperando a que fracase el gobierno del Presidente de Ucrania, Petro Poroshenko, y Occidente se divida respecto de ese problema y deje de interesarse por su resolución. En ese momento tal vez estará dispuesto Putin a actuar contra Ucrania para lograr su resultado deseado desde hace mucho.

Pero, si el Gobierno de Ucrania y Occidente permanecen unidos, el Kremlin podría ver que sus enclaves en Donbas representan una amenaza principalmente para la propia Rusia. Al fin y al cabo, la sombría realidad es la de que los enclaves separatistas están en caída libre económicamente y sus sociedades se están volviendo cada vez más sometidas a la delincuencia. Donbas corre el riesgo de convertirse en un lugar problemático del que nadie quiera hacerse responsable. Al resultar eso claro, los dirigentes de Rusia podrían empezar a pensar en una solución del tipo de la UNTAES para esa región.

A falta de ningún otro arreglo, el Kremlin tendrá que hacer precisamente eso. La doctrina del ex Secretario de Estado Colin Powell –si lo rompes, tienes que arreglarlo– es aplicable a la intervención de Putin en Ucrania tanto como la fracasada aventura de George W. Bush en el Iraq.

Desde luego, hay cuestiones muy difíciles que se deberían resolver antes de que pudiera ir a Donbas una misión de mantenimiento de la paz, en particular la composición y el mandato oficial de la fuerza desplegada, sea la que fuere, pero, si hay voluntad, repito, esos problemas no deberían ser irresolubles.

Semejante misión podría después velar por la aplicación real de las disposiciones políticas del acuerdo Minsk II. Unas elecciones locales verdaderamente libres y justas, con la participación de todos los desplazados y los refugiados, nunca serán posibles sin una presencia internacional importante.

Actualmente no cabe duda de que esa idea está muerta al nacer. Así ocurrió también con la UNTAES en las primeras conversaciones sobre Eslavonia Oriental. La posición del régimen de Milošević era idéntica a la del Kremlin ahora, pero mañana será en verdad otro día y, desde luego, no es demasiado temprano para empezar a explorar las opciones que no sólo prometen gestionar el conflicto, sino también resolverlo.

Semejante intervención podría dar resultado, pero sólo si –y cuando– las dos partes deseen de verdad una solución. Aún no hemos llegado a esa fase, pero, si tanto Ucrania como Occidente se mantienen firmes y actúan para bloquear nuevas medidas de Rusia encaminadas a la desestabilización, ese día podría llegar. Deberíamos estar preparados.

Carl Bildt was Sweden’s foreign minister from 2006 to October 2014, and was Prime Minister from 1991 to 1994, when he negotiated Sweden’s EU accession. A renowned international diplomat, he served as EU Special Envoy to the Former Yugoslavia, High Representative for Bosnia and Herzegovina, UN Special Envoy to the Balkans, and Co-Chairman of the Dayton Peace Conference. He is a member of the World Economic Forum’s Global Agenda Council on Europe. Traducido del inglés por Carlos Manzano.

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